En Chile, el 34,6% de los adultos declaró haber consumido alcohol en el último mes, según el Estudio Nacional de Drogas de SENDA 2024, y casi la mitad reconoció haber tenido al menos un episodio de embriaguez en ese período.
De acuerdo con los últimos antecedentes del Ministerio de Salud, cerca del 2% de la población adulta presenta un trastorno por consumo de alcohol, lo que mantiene a esta adicción como un problema prioritario de salud pública.
En este contexto, se presentaron los resultados de un estudio nacional sobre implantes subcutáneos de disulfiram, publicado en la Revista Salud Mental, que ofrece una alternativa médica frente a los enfoques tradicionales de tratamiento del alcoholismo.
Implantes subcutáneos de pellet de disulfiram y el tratamiento por consumo de alcohol
La investigación de la que hizo eco Clínica Pellet Chile revisó los registros de 5.244 pacientes tratados entre enero de 2022 y junio de 2024, confirmando que solo 2,89% presentó recaídas registradas antes de los seis meses, tras el uso de disulfiram en formato de pellet, el que permite una liberación controlada y prolongada del fármaco, fortaleciendo la adherencia y reduciendo los abandonos del tratamiento.
“El pellet no reemplaza el compromiso personal, pero ofrece una herramienta clínica que refuerza la adherencia, sobre todo en pacientes que han tenido múltiples intentos fallidos con tratamientos orales”, explica Matías Ibáñez, coautor del estudio y médico responsable de las evaluaciones preoperatorias en Clínica Pellet.
La liberación sostenida del medicamento permite mantener su efecto terapéutico durante varios meses, disminuyendo los riesgos de abandono y facilitando el acompañamiento médico.
Entre quienes recayeron antes del semestre, un 38% presentaba policonsumo de sustancias, lo que refuerza la necesidad de un abordaje integral. Las complicaciones más comunes fueron inflamación o infección del sitio de implante (47,9%), dolor o malestar (31,9%) y encapsulamiento (23,4%), todas manejables mediante monitoreo clínico.
“El estudio demuestra que, con seguimiento médico y apoyo psicológico, los implantes pueden ser un punto de inflexión para sostener la abstinencia y prevenir recaídas”, agrega Ibáñez.
Los autores destacan que los resultados respaldan la incorporación de este método dentro de estrategias multidisciplinarias que integren intervención médica, acompañamiento psicológico y seguimiento continuo.