La posibilidad de perder la vida o ver afectada gravemente su integridad física y psicológica es una realidad constante y concreta para sus miembros.

Hace ya cerca de un mes, el Sargento 2° Javier Figueroa (Q.E.P.D.), de la Primera Comisaría de Puerto Varas, resultó gravemente herido al concurrir a verificar una denuncia por consumo de alcohol en la vía pública. Pocos días después falleció.

Lo sucedido, en medio de las noticias propias de un cambio de mando presidencial, puso de manifiesto con la fuerza de los hechos la principal emergencia que afecta a los chilenos: la seguridad pública.

Al mismo tiempo, logró enfocar la atención de la ciudadanía en Carabineros de Chile y en que durante el cumplimiento de su vasta misión, la posibilidad de perder la vida o ver afectada gravemente su integridad física y psicológica es una realidad constante y concreta para sus miembros.

El delincuente armado que dispara contra carabineros, el evasor de un control vehicular que no duda en atropellar a quien lo fiscaliza, o el portador de una bomba molotov que no vacila al arrojarla hacia quienes cumplen labores de Orden Público, son solo algunos ejemplos.

Ante ello, las fuerzas policiales -Carabineros y Policía de Investigaciones- necesitan apoyos también concretos: respaldo legal a sus actuaciones, severas sanciones a quienes atenten contra sus miembros, presupuestos suficientes para el desempeño de su labor con los estándares que hoy Chile necesita, y particularmente, una justa retribución económica a sus esfuerzos.

Confío en que durante el periodo presidencial y la legislatura que comienzan podamos avanzar mucho en los distintos puntos mencionados, como también en penas realmente efectivas para quienes delinquen.

Que así sea resulta clave para que los actuales carabineros deseen seguir siéndolo y no abandonen su uniforme en busca de legítimas mejores expectativas en el mundo civil.

Como, también, para que cada año surjan nuevas jóvenes vocaciones dispuestas a enfrentar duras y desafiantes realidades, y de esta manera la institución pueda avanzar en la disminución de sus déficits de personal.

Contar con una dotación coherente con las necesidades de seguridad pública que hoy el país presenta -que por sus dimensiones y características son también de seguridad nacional- es el desafío de base al que nuestra nación debe hacer frente para alcanzar el objetivo de vivir con mayor seguridad y tranquilidad.

Dar pasos en esta dirección expresamente, desde una visión que asuma que ser carabinero o miembro de la PDI no es igual a cualquier trabajo -como, por ejemplo, los chilenos lo hacemos respecto a quienes se desempeñan en otras exigentes y necesarias labores- es imprescindible.