De estrategias basadas en ciencia se pasa a acciones basadas en ideología. Las consecuencias para el mundo de estos cambios serán significativas y de largo plazo.

Como se reconoce internacionalmente, Chile cuenta con uno de los mejores sistemas de salud de América. La validez de ese reconocimiento se desconoce sistemáticamente al interior de las fronteras, donde problemas de gestión en la atención de pacientes con enfermedades diagnosticadas se acumulan en listas de espera.

Esta deficiencia, que se debe mucho más a una resistencia para incorporar mecanismos de ingeniería de sistemas para la gestión, podría mejorar significativamente con una sólida cooperación de público-privada, sin aumentar los costos, siempre que se permitiera que quienes tienen capacidades para hacerlo se dediquen a gestionar una industria tan compleja.

En el mundo, los sistemas de salud pasan por una grave encrucijada. En un reportaje reciente de The New York Times, se describe una amenaza regresiva en los esfuerzos que durante décadas se ha hecho por tratar y prevenir las enfermedades.

Se ha despedido al 18% del personal del Centro de Control de Enfermedades y la comisión encargada de definir cuál es el programa de vacunación adecuado para los niños en Estados Unidos ha sido reemplazada completamente por una mayoría que no tiene bases sólidas para el trabajo y que está actuando sin evidencia científica.

Se han reducido las vacunas recomendadas para niños de 17 a 11 enfermedades e incluso se ha llegado a sugerir que la vacuna contra la polio podría ser opcional. Asimismo, del sitio web del CDC se han quitado expresiones como “equidad en salud”.

Como resultado, Estados Unidos ha experimentado el peor brote de Sarampión desde que la enfermedad fue declarada eliminada en el año 2000 y el 70% de los casos ha sido reportado en niños, la inmensa mayoría de ellos sin vacunación.

Además, se ha cerrado la oficina para el combate del tabaquismo y, asimismo, la Oficina de Protección de Enfermedades Laborales. A mayor abundancia se ha designado a escépticos de vacuna, sin licencia médica, Incluso sancionados por algún estado por asociar sin base a las vacunas con el autismo.

Así, el Centro de Control de Enfermedades, corazón de la Salud Pública en dicho país representa mucho más que un cambio circunstancial. De estrategias basadas en ciencia se pasa a acciones basadas en ideología. Las consecuencias para el mundo de estos cambios serán significativas y de largo plazo.

Nuestro país, que mantiene un liderazgo latinoamericano, es mirado con atención por todo el continente. Tenemos la responsabilidad histórica de mantener una política seria para el evitar y controlar enfermedades.

Es probable que se lleguen a necesitar gestos verdaderamente heroicos para mantener el rumbo que tanto ha costado. Sin duda, el siglo XXI está representando una era de enormes desafíos que solo comienzan. Es imprescindible mantener la mano firme en el timón y cuidar políticas de equidad y cuidado de nuestra población, que a la fecha se ha mostrado como ejemplares.