Las revelaciones que van a empezar a fluir de Venezuela van a seguir sacudiendo en forma despiadada a los partidos de izquierda que fueron cómplices declarados del chavismo y sobre todo del madurismo.

No seré yo el que le agregue problemas urgentes al programa de emergencia que se ha propuesto José Antonio Kast, pero eso no me exime de plantearlos ahora para tener en cuenta que se trata de asuntos muy graves que afectan pesadamente el futuro de Chile. Y la razón de esta necesidad de ponerlos hoy sobre la mesa no es otra que el poco tiempo que tengo para ello.

De esos problemas fundamentales que habrá que ocuparse en el momento que sea posible, los más urgentes son una reforma educacional que resuelva el desastre que existe en lo que científicamente debemos llamar “el traspaso de los códigos sociales”. Otro problema de igual envergadura de urgencia es responder exitosamente a la trascendental pregunta de ¿qué hacer con los delincuentes?

El tercer problema de esa importancia y de mayor dificultad aún, es el de cómo defender nuestra democracia de los partidos y organizaciones que incluyen la subversión como mandato doctrinario y parte constante de su quehacer político.

En cuarto lugar está el arduo problema de sacar al Estado de las consecuencias de su intromisión en los temas valóricos. En quinto lugar, está la ineludible tarea de crear un sistema educacional de acuerdo con las realidades de la sociedad universal contemporánea.

Sin embargo, la evolución de los acontecimientos mundiales ya le ha creado a nuestro nuevo gobierno un problema en un campo en que parecía posible una vida tranquila, y ese no es otro que el de la política exterior.

Estados Unidos acaba de desmantelar al régimen chavista de Venezuela y, muy inteligentemente, está edificando un gobierno indirecto de ese desdichado país. El propósito de ese gobierno, cuyo símil más cercano es el rol de MacArthur en Japón, consiste en forzar una situación en que el propio reo es forzado a airear y barrer su basura.

Entre lo que van a “cantar” los que pretendan salvar el “pellejo” y el mágico efecto de las recompensas ofrecidas por denuncias, será el propio chavismo el que se destroce a sí mismo mediante una serie de revelaciones que van a causar espanto y escándalo en todas partes.

Mediante ese sistema de activar a distancia traiciones y renuncios, Estados Unidos va a hacer tan difícil cargar con la complicidad en esas revelaciones tremendas, que finalmente el apoyo de países como China, Corea del Norte, Rusia e Irán se tendrá que limitar a refugiarse en el hipócrita criterio de no intervención en los asuntos internos de otro Estado.

En lo que respecta a Chile, las consecuencias de esta política de Estados Unidos en Venezuela van a tener, probablemente, efectos largos y profundos, obligando a mantener una Cancillería muy activa y muy preparada.

Ello porque las revelaciones que van a empezar a fluir de Venezuela van a seguir sacudiendo en forma despiadada a los partidos de izquierda que fueron cómplices declarados del chavismo y sobre todo del madurismo.

Vamos a empezar a recibir revelaciones verdaderas sobre los compromisos financieros, sobre la infiltración de sicarios organizados, sobre el adiestramiento de agitadores y subversivos cubanos y venezolanos, y sobre la ayuda al narcotráfico, que es una verdadera agresión declarada contra el pueblo chileno.

Todo eso, y mucho más, ira goteando las semanas y meses que siguen, y robándole a José Antonio Kast tiempo que probablemente tenía pensado destinar a fines más constructivos.

Como este flujo de revelaciones va a afectar, más que nada al Frente Amplio y al Partido Comunista, toda ilusión de una oposición unida de los llamados eufemísticamente Partidos Progresistas, va a hacerse imposible y el gobierno de Kast deberá enfrentar una oposición con dos cabezas.

Otra consecuencia de lo que ha ocurrido y está ocurriendo en Venezuela, afectará muy negativamente a la candidatura de Michelle Bachelet para alcanzar la Secretaría General de Naciones Unidas.

Y ello por varias razones concomitantes: Estados Unidos, con la invasión a Venezuela, se ha erigido como el activo campeón anti izquierdista y ha dejado muy en claro que se acabó el tiempo de los Maduros en América Latina, lo que hace muy improbable un apoyo a la candidatura de la exmandataria.

Pero, todavía peor, la crisis venezolana es la crisis tal vez final del multilateralismo que desnuda la total ineficacia de organismos tales como la ONU (Organización de Naciones Unidas) y la OEA (Organización de los Estados Americanos). Con cómodo cobijo en el propio Washington, esta última organización ni siquiera fue capaz de advertir que las actividades en el gobierno chavista implicaban una agresión hacia sus vecinos, porque no es otra cosa que la exportación de parte sustancial de su población.

El recargo de trabajo de la administración Kast por los efectos de largo plazo de lo ocurrido en Venezuela es algo que se puede lamentar, pero no ignorar puesto que tendrá relevantes efectos en Chile.

Los otros temas trascendentales que he señalado son para otra época, pero muy próxima. Es así como lo dejo en claro en los ensayos sobre un plan de gobierno para doce años que pretendo susurrar en algunos oídos atentos.