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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Se acerca el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, fecha que conmemora la lucha histórica de las mujeres por igualdad. En tiempos de guerra, recordamos el empoderamiento femenino, pero la reciente tragedia en Irán donde 180 niñas murieron en un ataque escolar nos obliga a reflexionar. Detrás de cada niña había un futuro prometedor.

Esta fecha conmemora la lucha histórica de las mujeres por su participación en la sociedad y por su desarrollo pleno en igualdad de derechos y oportunidades. Es también una invitación a reflexionar sobre cuánto hemos avanzado y cuánto queda aún por hacer.

Se acerca el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y, en nuestros entornos, somos muchas las mujeres que día a día entregamos lo mejor de nosotras por el bien de la sociedad y, en muchos casos, por la justicia social.

Esta fecha conmemora la lucha histórica de las mujeres por su participación en la sociedad y por su desarrollo pleno en igualdad de derechos y oportunidades. Es también una invitación a reflexionar sobre cuánto hemos avanzado y cuánto queda aún por hacer.

Vivimos tiempos de guerra. A lo largo de la historia, las mujeres han debido sostener a sus comunidades en medio de conflictos que muchas veces no han decidido. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando miles de hombres estadounidenses murieron en el frente, las mujeres comenzaron a ocupar trabajos que antes les estaban vedados. Una de esas labores fue la fabricación de armamento y municiones. De ese momento histórico surgió el famoso afiche de la mujer empoderada que proclama: We can do it.

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Ese símbolo se convirtió en un emblema de la capacidad y la resiliencia femenina que nos acompaña y recuerda nuestro valor y fuerza.

Pero hoy esa imagen se vuelve dolorosamente irónica.

Mientras celebramos el empoderamiento de las mujeres y promovemos que las niñas estudien, aprendan y sueñen con su futuro, la guerra vuelve a recordarnos su rostro más cruel. Hace pocos días, una escuela fue atacada y 180 niñas murieron en Irán dejando tras ello el dolor desconsolado de una familia y una sociedad que no puede decidir por sí misma.

Y entonces surge una pregunta que atraviesa el corazón.

¿Qué le digo a esas madres cuando intento convencer a las niñas de que estudien matemática, ciencia o ingeniería, si en algún lugar del mundo las niñas están siendo asesinadas en guerras que ni siquiera logramos comprender cuándo empiezan ni cuándo terminan?

Duele pensarlo. Porque detrás de cada niña había una historia que recién comenzaba a escribirse. Había una ilusión que se dibujaba. Quizás una futura profesora, una médica, una ingeniera, una científica. Había una vida que podía transformar el mundo. Quizás una de ellas podría venir a Chile y se un gran aporte para nuestras vidas.

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Cuando hablamos de igualdad, de educación o de oportunidades, solemos pensar en el acceso a la escuela, en las brechas salariales, las oportunidades y promociones laborales o en la participación en profesiones científicas. Pero hay una condición aún más básica que todo ello: el derecho a vivir.

Sin las niñas no hay futuro. Sin las niñas no hay ciencia. Sin las niñas no hay profesoras ni médicas ni ingenieras.

En un día que busca celebrar los avances de las mujeres, no podemos olvidar a aquellas niñas cuyas vidas fueron truncadas.

El verdadero empoderamiento comienza cuando cada niña del mundo puede ir a la escuela, puede aprender, equivocarse, soñar y crecer en paz.

Por un futuro con niñas y el derecho de vivir en paz.

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