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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Christa Pike, una condenada a pena de muerte en Tennessee, sobrevivió a dos dosis letales de pentobarbital durante su ejecución, lo que generó sorpresa y conmoción. A pesar de seguir respirando, fue trasladada a un hospital con posibles daños cerebrales. Esta ejecución fallida reaviva el debate sobre la inyección letal como método de pena de muerte en EE.

La primera inyección debería haberla matado, pero cuando los verdugos vieron que Christa Pike, de 50 años, seguía respirando, decidieron darle otra dosis de pentobarbital, un fármaco ampliamente utilizado en Estados Unidos para matar a los condenados a pena de muerte.

Para sorpresa de todos los presentes, esa segunda dosis tampoco sirvió. Su respiración se tornó más fuerte, con ronquidos, movimientos de cabeza y cuello. Periodistas presentes en ese momento aseguran que en un momento la mujer incluso levantó la cabeza mientras permanecía sobre la camilla. Se cerró la cortina a las 20:05, pero su respiración se seguía escuchando. A las 20:53, obligaron a los reporteros a retirarse. La condenada a muerte seguía agonizando.

Testigos vieron posteriormente salir una ambulancia de la prisión con las sirenas encendidas, pero no hubo confirmación de que fuera ella quien viajaba en el vehículo. Lo que sí se sabe es que Pike ahora está internada en un hospital, y se habla de un posible daño cerebral.

El Departamento Correccional de Tennessee aseguró que siguió cada paso del protocolo de ejecución legal y establecido del estado, aprobado por la Fiscalía General. “La sustancia química utilizada en la inyección letal prevista en el protocolo ha demostrado ser eficaz en todo momento, y el protocolo no permite procedimientos adicionales más allá de los que se llevaron a cabo esta noche. Christa Pike ha sido trasladada a un centro médico fuera de las instalaciones”, señalaba el comunicado.

La inyección letal de pentobarbital

A fines de 2024, el estado de Tennessee cambió su protocolo de aplicación de la inyección letal, basándose ahora exclusivamente en el pentobarbital para provocar un paro respiratorio y cardíaco, en lugar de la anterior combinación de tres fármacos. El primero era un anestésico o sedante, destinado a provocar inconsciencia; el segundo, un paralizante muscular; y el tercero, un medicamento que detenía el corazón.

El pentobarbital es un barbitúrico, un tipo de fármaco que inhibe la actividad del sistema nervioso central y que se ha utilizado durante décadas en medicina, incluso para tratar crisis epilépticas y convulsiones graves. No obstante, en dosis elevadas, pueden provocar sedación profunda, insuficiencia respiratoria y, finalmente, la muerte.

Aunque la supervivencia de Christa Pike pareciera ser algo extraordinario, no es el primer ni único caso que sobrevive a la inyección letal en Estados Unidos. Eso sí, aún no se determinan las causas exactas por las que la mujer pudo sobrevivir a ambas dosis de fármacos. Previamente, sus abogados habían advertido que sus venas podían haber presentado un problema para administrar correctamente el fármaco. Otras teorías apuntan incluso a que el pentobarbital utilizado podría haber estado en mal estado, aunque aquello deberá ser determinado por la investigación.

Inyecciones fallidas

La inyección letal a menudo se presenta como un procedimiento destinado a producir una muerte rápida y sin dolor; no obstante, su aplicación ha generado numerosas controversias, precisamente debido a la posibilidad de que una ejecución falle o provoque sufrimiento. A menudo, porque los ejecutores tienen dificultad para encontrar una vena adecuada para encontrar el fármaco, recoge el Death Penlaty Information Center.

“Tras la primera inyección, el Sr. Díaz continuó moviéndose, entrecerrando los ojos y haciendo muecas mientras intentaba articular palabras. Se le administró una segunda dosis y transcurrieron 34 minutos antes de que se le declarara muerto”, es un caso que ocurrió el 13 de diciembre de 2006 en Florida.

Otro conocido es el del 15 de septiembre de 2009, en Ohio, el intento de ejecución de Romell Broom fue suspendido después de más de dos horas, luego de que los encargados no lograran encontrar una vena adecuada en sus brazos o piernas. Durante el procedimiento, Broom manifestó dolor y, en algunos momentos, intentó ayudar a los ejecutores a encontrar una vena. En un punto, se cubrió el rostro con ambas manos y pareció sollozar. Finalmente, el gobernador de Ohio, Ted Strickland, ordenó detener la ejecución y anunció que se intentaría nuevamente, tras consultar a médicos sobre cómo llevarla a cabo. Los ejecutores atribuyeron las dificultades al historial de consumo de drogas intravenosas de Broom.

Broom murió en diciembre de 2020 por COVID-19 mientras permanecía en el corredor de la muerte de Ohio.

Otro caso de sufrimiento prolongado con la inyección letal es el que tuvo lugar el 16 de enero de 2014, en Ohio: “McGuire jadeó en busca de aire durante unos 25 minutos mientras los fármacos utilizados en la ejecución, hidromorfona y midazolam, comenzaban a hacer efecto lentamente. Testigos informaron que, después de que le inyectaran los medicamentos, McGuire tenía dificultades para respirar: su abdomen se agitaba y mantenía los puños apretados, mientras emitía sonidos de jadeo y ahogo descritos como horribles”.

Probablemente, la ejecución fallida de Christa Pike reavive el debate sobre el uso del pentobarbital, o la inyección letal en general, como método para la ejecución de la pena de muerte en Estados Unidos.