En la ciudad de Al Bab, en manos de los rebeldes sirios, los tribunales del régimen laico del presidente Bashar al Asad han sido remplazadas por un tribunal islámico, en el que el juez Mahmud Aqid recibe a los demandantes.
Abdalá, un inquilino de 54 años, es el primero en ser atendido. La puerta de entrada de su casa salió volando debido a la explosión de un obus. El propietario no la reparó y ahora le reclama el pago de cuatro meses de alquiler.
“Aunque me mate, no me moveré de casa”, jura Abdalá, vestido con una larga toga tradicional y que luce una imponente barba.
El juez Aqid, 30 años, trata de evaluar rápidamente la suma que el inquilino puede aportar y la compara el precio de una nueva puerta. Ahí se inicia la larga búsqueda para encontrar un compromiso justo.
“Por la mañana, escucho a los demandantes y por la noche nos reunimos para examinar los casos”, explica el hombre que forma parte de un Comité jurídico electo de 13 jueces y dos abogados experimentados en ley islámica.
Los combatientes insurgentes de Al Bab, a 30 km de Alepo, que sufre los combates entre soldados e insurgentes, sacaron las tropas del régimen del presidente Bashar al Asad al término de una dura batalla a finales de julio.
RESPETO DE LA LEY PARA LOS REBELDES
En el primer mes de esta nueva libertad, esta ciudad de 80.000 habitantes antes del conflicto ha elegido a un Consejo Civil, un Consejo militar y un tribunal islámico “para gestionar los casos hasta que pase el caos”, explica el jefe del Consejo Civil, el ingeniero Abu Omar, de 52 años.
Detalla que “el tribunal ha sido bien acogido porque en Al Bab, todo el mundo es sunita”, lo cual no es el caso en toda Siria, dirigida por un presidente alauita -una rama del chiismo- y en la que cohabitan numerosas confesiones.
Además de las desacuerdos de la vida cotidiana, el tribunal también tiene como misión hacer respetar la ley a los combatientes rebeldes.
Es de hecho el objeto de la segunda audiencia del día: la de un insurgente perseguido por insultos y la falta de respecto cuando trataba de hacer reinar el orden en una cola formada ante una panadería.
Según Fawzi Sayeh, a la cabeza del Comité Jurídico, una decena de casos serán tratados a diario.
“Antes, los tribunales estaban corruptos y los juicios determinados por la suma que cada uno estaba dispuesto a desembolsar”, dice.
El antiguo tribunal de Al Bab contaba con ocho jueces que se basaban en una legislación de inspiración francesa heredada de un mandato sobre Siria.
Solo uno de ellos estaba especializado en derecho islámico, afirma el juez Aqid, y no gestionaba más que las cuestiones matrimoniales y de guardia de los niños.
El tribunal islámico dispone ahora de competencias mucho más amplia.
“ARMONIZAR” LAS LEGISLACIONES
Uno de sus abogados, Abu al Najjar, se dedica actualmente a tratar de “armonizar la ley islámica con la legislación en vigor”.
No ve contradicciones mayores entre las dos fuentes de derecho, pero considera que la sharia es más clemente.
Avanza como prueba la historia de este hombre condenado por homicidio involuntario, y liberado gracias al perdón de los padres de su víctima.
Como sus compañeros, insiste en el carácter provisional de su tribunal hasta que los sirios tengan la posibilidad de escoger su gobierno y su sistema judicial.
“Queremos convertirnos en un modelo”, añade, afirmando con orgullo haber puesto fin con su nuevo Comité a asuntos que arrastraban en justicia desde hace años.
En el piso de abajo, en una célula, seis prisioneros rezan. Uno de ellos es el comandante de una brigada del Ejército Sirio Libre (ESL, rebeldes) castigado después de que sus hombres robaran relojes de oro en los registros en casa de un habitante sospechoso de formar parte de las “chabihhas”, los matones del régimen.
Estos relojes eran en realidad un dote y al robarlas “hemos hecho un error y hemos violada la sharia”, la ley islámica, afirma el comandante Abu Mohamed, detenido desde hace dos semanas.
Para excusar a sus combatientes, dice, este reloj era una tentación demasiada elevado para hombres que pagan con su propio dinero las municiones.
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