En las últimas dos semanas Estados Unidos celebró las convenciones de los partidos que comparten el poder, el Republicano y el Demócrata, pero el impacto real de estas cumbres apoteósicas sobre el electorado que deberá optar entre Mitt Romney y Barack Obama, es tema de debate.
Los dos partidos realizaron dos convenciones con marcadas diferencias en sus mensajes y en el tipo de militancia a la que se dirigían: los republicanos en Tampa (Florida, sureste) del 28 al 30 de agosto invistieron a Mitt Romney en una cumbre que les costó 120 millones de dólares para hablarle al electorado en términos generales de oportunidades y del papel clave de la empresa en la recuperación económica del país.
Mientras, los demócratas en Charlotte (Carolina del Norte, sureste), entre el 4 y 6 de septiembre, invirtieron también cerca de 100 millones de dólares para tratar de llegar a nichos de votantes clave -latinos, negros, mujeres- resaltando políticas específicas como la aprobación de la histórica reforma de salud, el retiro de las tropas de Irak y sus intentos por aprobar una ley favorable a los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país.
Los republicanos, seguidos por 15 mil periodistas -al igual que los demócratas- convocaron a sus 4.600 delegados en una convención que tomó medidas de seguridad draconianas en Tampa, lo cual espantó a los transeúntes del centro de la ciudad, donde las barreras policiales evitaron protestas y dejaron a los comerciantes lamentando una de sus peores semanas del año.
En Charlotte la militancia demócrata -con 6 mil delgados- se adueñó de las calles para nominar al presidente Obama como candidato a la reelección y la ciudad vibró al ritmo del proselitismo toda la semana con cientos de vendedores que hicieron ‘su agosto’ comercializando cuanto producto pudieron identificar con la palabra Obama.
“Los partidos están mucho más cohesionados ideológicamente que en el pasado. Esencialmente, los viejos republicanos liberales del nordeste y los demócratas conservadores del sur están en vías de extinción, lo que ha llevado a que ambos partidos muestren divisiones más marcadas”, explicó a la AFP Kyle Kondik, analista político de la Universidad de Virginia.
Para Kondik, “la convención republicana se concentró más en los temas económicos, con orientación específica sobre las pequeñas empresas. Mientras que la convención demócrata parecía tener temas más amplios, con un mayor énfasis en los aspectos militares y sociales”, dijo.
Las diferencias de forma fueron obvias: la cumbre republicana, más solemne, dirigiéndose a una militancia cuyo patriotismo exhacerbado se hizo con sentir con seguidores vistiendo de pie a cabeza la bandera estadounidense, la mayoría blancos, muy conservadores en temas como el aborto, el matrimonio homosexual y posturas neoliberales en cuanto a la economía.
La convención demócrata reflejó la demografía del Estados Unidos actual, con militantes de todos los orígenes étnicos, diferentes religiones, afroestadounidenses en grandes números e hispanos que tuvieron un papel protagónico entre los oradores de los tres días que defendieron la reelección de Obama como “el presidente de la inclusión”.
Estas cumbres partidarias cada cuatro años sirven para nominar entre una gran fanfarria a los candidatos a la presidencia y vicepresidencia del país, lanzando una gran maquinaria de publicidad política.
Uno de sus objetivos “es llamar la atención sobre la elección, que la gente que no esté prestando mucha atención se sienta más atraída, y las convenciones marcan el inicio de las últimas ocho semanas de campaña para la elección general” que se celebrará el 6 de noviembre, dijo Robert Shapiro, politólogo de la Universidad de Columbia.
Pero los expertos coinciden en el hecho de que las convenciones no significan un repunte o retroceso importante en los índices de popularidad de los candidatos.
Las grandes cadenas de televisión abierta las cubren durante una hora seguida en horario estelar y este año hubo mucha más repercusión de estas cumbres en las redes sociales.
Además, la presentación de estrellas políticas como Bill Clinton el miércoles, logran el cometido de atraer una audiencia masiva: más de 25 millones de telespectadores escucharon al ex mandatario, según la firma Nielsen.
Pero los analistas relativizan el beneficio electoral que los candidatos obtienen de estos eventos.
“No creo que las convenciones tengan un impacto (en los sondeos). Vamos a volver más bien al escenario anterior, el presidente se ubicará con una ligera ventaja” en las encuestas después de estas dos semanas; estimó Larry Sabato, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Virginia.
Para este politólogo, las convenciones “son dinosaurios que no han desaparecido” que bien podrían “algún día ser reemplazadas por un sistema de nominación electrónica”.
“Es sobre todo una operación de relaciones públicas para los dos partidos”, sostuvo por su lado Thomas Mann, del Brookings Institution, al considerarlas todavía importantes.
Otro cometido es dar a conocer nuevos talentos políticos, como fue el caso de los líderes latinos Marco Rubio en la cumbre republicana y Julián Castro en la demócrata: dos rostros que tuvieron su cuarto de hora estas semanas ante una audiencia nacional y con miras a atraer al creciente electorado hispano, que tendrá cada vez más peso en las elecciones en Estados Unidos.
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