La modificación a la legislación que estableció la inscripción automática y el voto voluntario fue el punto de partida para un drástico cambio en el comportamiento electoral de la ciudadanía: el aumento de la abstención en los procesos de elección popular.

Ya antes del 2000 se discutía en Chile la tendencia al alza respecto a la indiferencia en la política. En ese tiempo, se apuntaba principalmente al desinterés de los jóvenes en inscribirse en el padrón electoral. Producto de esto, en enero de 2012 se promulgó la ley que modificó el antiguo sistema de inscripción voluntaria y voto obligatorio.

“Pero esta reforma también constituye un hecho histórico. Yo diría que el hecho de incorporar a casi 5 millones de electores a nuestros padrones electorales, la incorporación más masiva de electores en la historia de nuestro país”, enfatizaba el expresidente, Sebastián Piñera, en el discurso de promulgación de la ley.

Esta importante modificación tuvo su debut en las elecciones municipales de 2012. Para este proceso, se encontraban habilitados para sufragar 13.404.708 personas. Sin embargo, solo participaron 5.495.000. De esta forma, un 59% se abstuvo.

Pese a que con la modificación aumentó significativamente el padrón electoral, y considerando que en las elecciones municipales del 2008 -bajo el antiguo sistema- votaron casi 7 millones de personas, en 2012 hubo un descenso de 1,5 millones de personas.

¿Por qué aumentaron los “no votantes”?

Medios de comunicación y analistas políticos reiteraban un mismo mensaje: El gran ganador, la abstención.

Debido a la sorpresa que causó este fenómeno, muchos comenzaron a debatir sobre las causas que ocasionaron esta baja participación. Una investigación (pdf) del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (Cesop) de la Universidad Central, agrupó una muestra de 500 “no votantes” y les consultó sobre sus causas.

Las respuestas sugeridas se agrupaban en tres grupos de abstención: involuntaria (obstáculos prácticos, ajenos a la voluntad de la persona), racional (distancia de la política sin tener una postura de confrontación) y rebelde (no votar como expresión de rechazo al sistema).

De este grupo, entre quienes votaron en elecciones anteriores se advirtió una mayor presencia de razones prácticas y de motivación, mientras que quienes nunca habían votado, decidieron marginarse del proceso debido al rechazo al sistema político y por desinterés en general.

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Y en estas elecciones, ¿Cuántos votarán?

De acuerdo a la última encuesta (pdf) entregada por el Centro de Estudios Públicos (CEP) -con una muestra de 1.416 personas-, ante la pregunta sobre si irá a votar en las elecciones municipales del 23 de octubre, un 27% “con toda seguridad” lo hará, un 24% “probablemente” asista, el 25% dijo que con toda seguridad no votará, un 16% “probablemente” no vaya y un 9% no sabe o no contestó.

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Pese a que esta cifra es “auspiciosa” frente a otras proyecciones de participación, que calculan que solo votará un 40%, todos coinciden que en la abstención volverá a ser alta, temiendo incluso que pueda alcanzar cifras récord desde el retorno a la democracia.

¿Cómo revertir la baja participación?

Preocupados por una posible baja participación en los próximos comicios, el Gobierno lanzó un spot en el que llama a ser parte del proceso, con el mensaje “porque votar te hace grande”.

Por otra parte, políticos de diversos sectores han anunciado propuestas en caso que aumente aún más el porcentaje de abstención para revertir este escenario. Entre estas ideas, se encuentra la incorporación del voto electrónico y por correspondencia.

Sin duda, la idea que genera más polémica es la reincorporación del voto obligatorio, pero solo después de estas elecciones municipales se sabrá si la discusión, hasta ahora de pasillo, vuelve al parlamento.