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Película sobre los olvidados de Chile conmueve en el festival de Venecia

El Cristo ciego
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El filme “El Cristo ciego” del debutante chileno Christopher Murray, que compite este viernes en la sección oficial de la Mostra de Venecia, conmovió al público con sus parábolas con y sobre los olvidados del desierto chileno.

La dura realidad de la gente de la Pampa de Tamarugal, su inquietante necesidad de obtener un milagro, inspira al joven cineasta chileno, de 31 años, quien debuta en Venecia con su primer largometraje.

Aplaudido en su primer pase a la prensa, “El Cristo ciego” es un grito de dolor por ese Chile pobre y abandonado, fruto de una economía que ha alimentado las desigualdades, que espera un salvador para seguir adelante.

“Creo que detrás de la idea de Chile como país desarrollado, con un sistema económico estable, hay cifras, hay desigualdades. Y detrás de esas cifras hay vidas, hay personas”, aseguró el realizador en una charla con la AFP-TV.

“No se trata de hacer una denuncia explícita. A través de la pequeña parábola del Tamarugal quería narrar ese sufrir, esas carencias sociales, esas carencias de políticas públicas, esa carencia de un sistema de apoyo más generoso”, dice.

“La película circula por esos lugares donde ese desarrollo no ha llegado. En el patio trasero del desarrollo”, resume.

El árbol seco en mitad del desierto, la mano de un niño clavada como la de Cristo, introducen al espectador en un viaje místico y social por el árido desierto, entre los olvidados del norte de Chile.

Entre documental y ficción, mezclando parábolas y denuncias sociales, el filme describe con imágenes fuertes y crudas y un ritmo constante el peregrinar de Michael, interpretado por el actor Michael Silva, el profeta, porque se siente un elegido, un salvador, capaz de hacer milagros, pese a que algunos lo desprecian por loco.

“En ese lugar la fe tiene un sentido distinto, se convierte en un bastión de supervivencia, el rol que juega me parecía interesante tratarlo”, explica Murray.

Película chilena sorprende en Venecia
El Cristo ciego

Vagabundos, sicarios, drogadictos

Como Jesús, Michael recorre caminos polvorientos donde conocerá vagabundos, sicarios, drogadictos, mujeres abandonadas, contará historias emblemáticas, lo seguirán creyentes, niños y ancianos, y hasta celebrará bautizos en el río como en la Biblia.

La película, de 87 minutos, coproducida con Francia, es también un curioso experimento de cine y antropología, ya que es el fruto de largas conversaciones y encuentros con habitantes de la región, de pueblos como La Tirana y Pisagua, quienes además actúan en la cinta, interpretan sus propias historias, con sus propios trajes, en sus casas, en sus vidas.

Actor chileno Michael Silva | Tiziana Fabi | AFP
Actor chileno Michael Silva | Tiziana Fabi | AFP

“Recreamos por ejemplo la historia del sicario, que conocí en un centro de rehabilitación. Las cicatrices que se ven son los balazos que recibió. Esa es una verdad irrepetible. La experiencia creativa de poner a alguien a vivir la propia vida contada como en un cuento es una experiencia única y muy sugerente”, cuenta el realizador.

Con la angustiante música del compositor ruso Alexander Zekke y la bella fotografía de Inti Briones, “El Cristo ciego” forma parte de ese cine experimental, de autor, que se sumerge en las problemáticas sociales desde adentro, porque convive con los enfermos por la contaminación minera, con los desempleados de las grandes multinacionales y con el salvador que espera un señal del cielo.

La cinta, que se rodó durante cinco semanas, escrita y dirigida por Murray, además de un viaje místico, marca el inicio de una nueva experiencia para el joven director latinoamericano que compite junto con otras 19 cintas, entre ellas varias dirigidas por veteranos maestros del cine.

“Me voy luego a estudiar antropología visual a Manchester, en Inglaterra, con la idea de adquirir más herramientas para que el cine sirva para conocer realidades, analizarlas, entrar en ellas”, confiesa.

El realizador, que compite por el León de Oro y es candidato también al León del Futuro por su opera prima, reconoce que le interesa ante todo “ser mediador entre la realidad y la audiencia y no imponer una historia, sino dejarse empapar por ellas”.

“Estar aquí en Venecia es ya un reconocimiento para mí, no tengo expectativas”, afirma con algo de emoción.

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