Las imágenes dieron la vuelta al mundo: el cielo se tiñe de color rojo sangre en un escenario que parece apocalíptico o que recuerda a la superficie del planeta Marte.
Pero no se trata ni de inteligencia artificial ni de filtros: el impactante fenómeno se registró el pasado viernes 27 de marzo en la localidad de Denham, en la región de Shark Bay, en la costa occidental de Australia, durante el paso del ciclón tropical Narelle.
Por qué el cielo se volvió rojo en Australia
El intenso tono rojizo del evento fue provocado por el levantamiento de partículas de polvo, generado por las fuertes ráfagas de viento del ciclón. Eventos tan espectaculares como este no son frecuentes en la zona.
Steve Turton, experto en Geografía Ambiental de la Universidad Central de Queensland, en un artículo publicado en The Conversation explicó que estos fenómenos “ocurren bajo condiciones ambientales muy específicas. La mayoría de los ciclones tropicales que azotan esta región árida no causan cielos rojos”.
En esta ocasión se combinaron factores excepcionales: “Un paisaje muy seco y expuesto con suelos rojos, la ausencia de lluvias previas, vientos muy fuertes que precedían a las bandas de lluvia del ciclón y una dirección del viento concreta“, detalla.
Pues, resulta que los suelos de Australia Occidental son ricos en óxidos de hierro, lo que le da a la región su característica apariencia rojiza.
Además, en las seis semanas previas al ciclón Narelle, la zona había acumulado entre apenas 10 y 50 mm de lluvia, por lo que “el paisaje estéril estaba sumamente seco, un factor crucial detrás del tamaño y magnitud de la tormenta de polvo de tinte rojizo”, señala Turton.
A medida que Narelle se aproximaba a Australia, sus vientos intensos azotaron el paisaje plano de la región de Pilbara y trasladaron partículas finas de polvo rojo hacia el oeste.
“Era rojo por todas partes”
Kerrie Shepherd, del parque de caravanas de Shark Bay, fue testigo del momento: “Los cielos se ponían cada vez más naranjas a medida que avanzaba la tarde y luego, alrededor de las 3:30 p. m., salimos y tenía ese color. Era rojo por todas partes, hacia donde miráramos”, relata a la cadena australiana ABC.
La población local describió sentir el polvo en la garganta y en los ojos, aunque no se registraron personas heridas o con algún malestar.
“Fue extraño. Tenía ese color, luego el viento del ciclón empezó a soplar con fuerza, llegó la lluvia y se despejó en media hora. “Luego volvió a haber luz”, agrega Shepherd.
Además, un factor adicional intensificó el efecto visual. Angus Hines, pronosticador principal de la Oficina de Meteorología australiana, señaló que la nubosidad bloqueó la luz solar directa y generó una iluminación más uniforme que acentuó el tono rojizo.
“Cuando tienes una capa de nubes gruesa, la luz no parece provenir de una sola fuente. Se siente como si la luz iluminara el suelo de forma uniforme, como un panel de iluminación en lugar de un foco brillante”, describe Hines.
Para Turton, esa mezcla de condiciones fue determinante: “La tormenta de polvo de Narelle implicó una concentración de polvo muy alta, lo suficientemente espesa como para filtrar y teñir significativamente toda la luz solar entrante”. Esos factores le dieron ese aspecto “apocalíptico” que recordaba a Marte.