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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Neurocirujano advierte sobre siete hábitos cotidianos que dañan la salud cerebral con los años, incluyendo sedentarismo, falta de sueño, mala alimentación, descuido de presión alta, colesterol y diabetes, exceso de estimulación digital, aislamiento social y dependencia de sustancias como tabaco y alcohol.

Cuidar el cerebro no debería esperar a que aparezca un problema. Así lo plantea un neurocirujano que detalló cuáles son los siete hábitos cotidianos que, sin que lo notemos, van dañando la salud cerebral con los años.

Se trata de Randy D’Amico, quien dirige el programa de metástasis cerebral y de columna de neurocirugía en el hospital Northwell Lenox Hill, en Estados Unidos. Su mensaje es directo: “Básicamente, cada cosa que hacemos ahora está moldeando la salud de nuestro cerebro a futuro”-

Según sus palabras el New York Times, la genética influye, pero no lo explica todo. Muchos de los factores que determinan la salud cognitiva, es decir, la capacidad de pensar, recordar y concentrarse, sí dependen de cada persona.

Cuerpo quieto y sueño escaso

El primer hábito dañino es el sedentarismo, según el experto. La inactividad física afecta la salud vascular, o sea, el estado de los vasos sanguíneos, y eso también repercute en el cerebro.

“No tienes que ser un gran atleta, solo tienes que moverte”, dijo el especialista. En ese sentido, la Asociación Americana del Corazón recomienda 150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 minutos de actividad intensa.

El segundo es dormir poco o mal. Eso perjudica la atención, la memoria y el ánimo, además de la salud metabólica y vascular.

Por eso, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. aconsejan al menos siete horas por noche, aunque varía entre personas. Lo clave, según D’Amico, es ser regular.

El cerebro no se apaga al dormir: en ese tiempo hace mantención y consolida lo aprendido y los recuerdos.

Comida y números que se ignoran

                    . D’Amico aclara que no se trata de un alimento puntual, sino de patrones. Una alimentación llena de productos refinados y ultraprocesados, y escasa en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, grasas saludables y proteína de calidad, altera el peso, el colesterol, la glucosa y la presión arterial.

Su regla simple: “lo que es bueno para tus arterias es bueno para tu cerebro”.

El cuarto punto es descuidar la presión alta, el colesterol alto y la diabetes. Pueden dañar los vasos que llevan oxígeno y nutrientes al cerebro. El problema, advierte, es que no duelen: “Te sientes bien, entonces la gente lo ignora”, pero pueden avanzar en silencio por años. “Lo vemos todos los días”, afirmó.

Pantallas, soledad y sustancias

El quinto hábito es la sobreestimulación digital. Celulares, notificaciones y redes fragmentan la atención, interfieren con el sueño y desplazan actividades que desafían la mente.

“Todos somos culpables de hacer doomscrolling” (navegar sin parar por contenido, a menudo negativo), admitió. Su receta es recuperar el aburrimiento. Él mismo lee cada noche, sin distracciones, aunque le cuesta. “Tienes que enseñarte a tolerar el aburrimiento otra vez”, dijo.

El sexto es el aislamiento social, identificado como un factor de riesgo modificable de deterioro cognitivo y demencia. Conversar exige atención, lenguaje, memoria y emociones. Tener 20.000 seguidores, aclaró, “no es compromiso social”.

El séptimo es depender de sustancias. El tabaco daña la salud vascular y cerebral, y el alto consumo de alcohol se asocia a daño neurológico y cognitivo.

Al respecto, el médico recomienda revisar si se necesita nicotina para concentrarse o alcohol para relajarse o dormir, y buscar formas de regular esos estados sin sustancias.

¿Cómo hicimos esta nota?

Esta nota fue redactada con la inteligencia artificial de Claude (Anthropic). El periodista investigó preliminarmente, seleccionó las fuentes y las entregó a Claude para su redacción usando como referencia el estilo de escritura del autor. Luego el periodista revisó la nota, realizó ediciones y verificó sus fuentes.