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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un estudio de la Universidad de Oxford revela que beber té o café a temperaturas muy altas aumenta el riesgo de cáncer de esófago, especialmente el carcinoma de células escamosas. Consumir bebidas "muy calientes" triplica el riesgo, mientras que seis o más tazas al día incrementan un 71% la probabilidad. El tipo de cáncer afectado se debe a la exposición repetida al calor en la parte superior del esófago. Reducir la temperatura de las bebidas podría prevenir hasta un 14% de los casos. Aunque algunos científicos cuestionan los resultados, se aconseja esperar a que las bebidas estén a una temperatura cómoda para beberlas.

¿Puede la temperatura de lo que bebemos todos los días cambiar nuestro riesgo de cáncer? La respuesta es sí, según un equipo de la Universidad de Oxford, que siguió durante más de una década la vida y los registros médicos de casi un millón de adultos en Reino Unido.

La sospecha no era nueva. Desde hace años, estudios realizados en Irán, Sudamérica y otras regiones mostraban que beber té o mate a temperaturas muy altas —cercanas a los 70°C— se asociaba a un mayor riesgo de cáncer de esófago, el tubo que conecta la garganta con el estómago.

Por eso, en 2016 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, dependiente de la Organización Mundial de la Salud) clasificó a las bebidas “muy calientes” (sobre 65°C) como “probablemente cancerígenas” para el ser humano.

Pero había un problema: esa evidencia venía de culturas donde el mate o el té se consumen abrasando, muy por sobre lo que es habitual en países occidentales, donde una taza de té o café ronda los 60°C. ¿Aplicaba también esa alerta a algo tan inofensivo como un café matutino?

Té y café calientes bajo la lupa

Para resolverlo, el equipo de Oxford combinó datos de dos enormes estudios británicos, según detalla el International Journal of Cancer. A los participantes se les preguntó, simplemente, cómo preferían tomar sus bebidas calientes: “muy caliente”, “caliente” o “tibia”. Luego los investigadores esperaron.

Y entonces, con los años, llegaron los diagnósticos: 2.348 casos de cáncer de esófago, divididos en dos tipos biológicamente distintos. Uno es el carcinoma de células escamosas (un tumor que nace en las células planas que recubren el esófago, como una piel interior). El otro es el adenocarcinoma, que se origina en las glándulas del tejido.

Pero entonces apareció el dato que cambió el sentido de todo el estudio.

Quienes preferían sus bebidas “muy calientes” tuvieron el triple de riesgo de desarrollar el carcinoma de células escamosas, comparado con quienes las tomaban tibias. En tanto, quienes las preferían simplemente “calientes” también vieron su riesgo casi duplicado.

Pero ojo, porque también concluyeron que quienes bebían seis o más tazas calientes al día tuvieron un 71% más de riesgo que quienes bebían menos, independiente de la temperatura.

El adenocarcinoma, en cambio, no mostró ninguna relación con la temperatura. Solo uno de los dos tipos de cáncer parecía reaccionar al calor.

El porqué detrás del hallazgo

¿Por qué solo uno de los dos tipos de cáncer se vio afectado? Los investigadores creen que la explicación está en la anatomía. El carcinoma de células escamosas nace justamente en la parte superior del esófago, la zona que recibe de lleno el líquido hirviendo apenas entra por la boca —la más expuesta a una quemadura repetida—.

Estudios en animales respaldan esta idea: el agua muy caliente provoca lesiones y daño celular en el esófago, mientras que el agua tibia no.

El equipo también descartó otras explicaciones posibles. No importaba si la gente le agregaba leche a su té o café, ni si fumaba o bebía alcohol: el riesgo asociado a la temperatura se mantuvo.

¿Cómo o a qué temperatura tomarlo?

Según cálculos de los propios investigadores, si todas las personas que hoy beben “muy caliente” bajaran simplemente a “caliente”, se evitaría un 14% de los casos de este cáncer.

Al respecto, The Guardian recogió declaraciones de Fiona Osgun, jefa de información de salud de Cancer Research UK, la organización que financió el estudio: “Es difícil decir un tiempo exacto, pero si te preocupa, te sugerimos simplemente esperar hasta que esté cómodo de beber, en vez de tomarlo muy caliente”.

No todos los científicos están completamente convencidos, sin embargo. Muy-Teck Teh, profesor de oncología oral molecular de la Universidad Queen Mary de Londres, advirtió que el estudio se basa en percepciones subjetivas de temperatura, no en mediciones reales:

“Esta posibilidad no puede excluirse y complica la interpretación de causalidad”, afirmó.

Pese a lo alarmante, Cancer Research UK no recomienda que cafeterías y restaurantes bajen la temperatura de sus bebidas, sino que cada persona decida esperar un poco antes de beber.

¿Cómo hicimos esta nota?

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