En el último debate presidencial, el actual presidente declaró públicamente que prefería proteger los cielos de Chile en vez de apoyar al proyecto INNA. Es de esperar, entonces, que las promesas de campaña no se diluyan en declaraciones y se materialicen en decisiones firmes.

El pasado viernes 20 de marzo se publicó en el Diario Oficial la resolución que deja sin efecto los criterios de evaluación para determinar la susceptibilidad de afectar áreas astronómicas definidas en el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) del Ministerio del Medio Ambiente (MMA).

Si bien se produjo una confusión asociada al retiro de Contraloría de los decretos medioambientales por parte de las actuales autoridades, lo cierto es que la eliminación de estos criterios constituye, al mismo tiempo, una buena noticia y una gran oportunidad.

Pareciera ser contradictorio. Sin embargo, los criterios antes vigentes tenían un error de proporciones: la susceptibilidad de afectar un observatorio astronómico estaba sujeta a la potencia instalada de un proyecto, no por la cantidad de luz contaminante emitida.

Hoy en día, las luminarias han incrementado significativamente su eficiencia, así que con muy poca potencia se puede generar altos niveles de contaminación lumínica. Al dejar sin vigencia los criterios anteriores, implica un retorno a la discrecionalidad del caso a caso por cada proyecto, dependiendo de dónde se emplaza, por lo tanto ahora será posible usar como argumentación recomendaciones nuevas atendiendo a criterios actualizados en la materia.

Categórico fue el estudio publicado por la Fundación Cielos de Chile, que revisó todos los proyectos industriales en áreas astronómicas que pasaron por el SEIA entre octubre de 2023 (fecha de publicación de la Nueva Norma Lumínica del MMA) y junio de 2025. De los 118 proyectos revisados, ninguno de ellos fue declarado susceptible a tener impacto lumínico. Incluso 15% de ellos estaban a una distancia menor o igual a 50 km de un observatorio astronómico. En la práctica, los criterios anteriormente usados eran demasiado laxos y simplemente no estaban protegiendo.

Ya en 1979 la Unión Astronómica Internacional (IAU por su sigla en inglés) indicaba un cielo contaminado para fines de observación astronómica como aquel que tiene un brillo de un 10% sobre su brillo natural (el brillo de una noche sin Luna).

Esa antigua referencia ha sido actualizada por la IAU, principalmente porque antiguamente no existían telescopios gigantes como los que albergamos en Chile. Hoy en día, los telescopios son mucho más sensibles a la luz, por lo tanto ese 10% es básicamente inviable con el funcionamiento de un observatorio.

En este contexto, se conformó una Comisión Asesora Ministerial sobre Áreas con Valor Científico y de Investigación para la Observación Astronómica. Esta emitió el 28 de octubre de 2025 una “Propuesta de Actualización de las Áreas de Interés Científico para la Observación Astronómica”, que utilizó nuevos estándares apropiados para la protección de los cielos oscuros de Chile y propone criterios técnicos que permitan resguardar las condiciones necesarias para el desarrollo de la astronomía.

Se sugiere que la contaminación sea sustancialmente menor, con un nivel de saturación del 1%. Por lo tanto, teniendo en cuenta un aumento acumulativo hacia el futuro, se propone ahora entonces un umbral de contaminación lumínica, por proyecto, de a lo más un 0.1% del brillo del cielo.

A partir de estos antecedentes, el gobierno anterior propuso dejar sin efecto los criterios del SEIA, abriendo así la posibilidad de reemplazarlos por otros acordes a los desafíos actuales.

La comunidad astronómica sigue expectante. El reciente caso emblemático del mega proyecto INNA de AES Andes, el cual no prosperó, hubiera afectado de manera irreparable los cielos más prístinos del mundo: los Observatorios de Cerro Paranal y Armazones. Es imperativo fortalecer las herramientas del estado para proteger nuestros cielos, ya que la amenaza de otro proyecto similar sigue latente.

Vale la pena recordar que, en el último debate presidencial, el actual presidente declaró públicamente que prefería proteger los cielos de Chile en vez de apoyar al proyecto INNA. Es de esperar, entonces, que las promesas de campaña no se diluyan en declaraciones y se materialicen en decisiones firmes: nuevos criterios con estándares actualizados que garanticen una protección real de los cielos de Chile.

De lo contrario, el país arriesga comprometer irreversiblemente su liderazgo astronómico y un patrimonio científico único a nivel mundial.