Evelyn Matthei volvió a incomodar a La Moneda. Esta vez no fue por una diferencia puntual ni por una política específica del Gobierno, sino por un cuestionamiento que apunta directamente a la forma en que José Antonio Kast está ejerciendo el poder.
“Le falta equipo y le sobra soberbia”, lanzó la excandidata presidencial, junto con advertir sobre una suerte de doble estructura dentro del Ejecutivo: una institucional, compuesta por ministros y autoridades, y otra donde —según su diagnóstico— se concentra realmente la confianza y las decisiones del mandatario.
El tema es que no es la primera vez, porque desde que Kast llegó a La Moneda, la “gringa” -como le dicen sus cercanos- ha ido acumulando diferencias con la administración que encabeza su propio sector. Ha cuestionado decisiones económicas, la conducción política y, recientemente, los recortes contenidos en el Presupuesto 2027, particularmente el término de “Yo elijo mi PC”.
Pero detrás de esa seguidilla comienza a instalarse una pregunta más política: qué espacio busca ocupar Matthei en una derecha que llegó al Gobierno bajo el liderazgo de Republicanos.
Una “derecha de reserva”
Para Marco Moreno, decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central de Chile, sería un error interpretar las intervenciones de Matthei únicamente como una revancha después de la elección presidencial.
“Yo no leería a Matthei simplemente como una excandidata pasando cuentas. Está tratando de construir una derecha de reserva: comparte buena parte del diagnóstico del Gobierno, pero comienza a marcar distancia respecto de cómo Kast gobierna”, plantea.
La distinción no es menor, ya que Matthei no ha levantado una oposición programática al Ejecutivo ni se ha situado fuera del oficialismo. Sus diferencias apuntan principalmente a la ejecución, al estilo de conducción y a la relación que Republicanos mantiene con las otras fuerzas que sostienen al Gobierno.
Es justamente ahí donde Moreno observa un problema que supera a la exalcaldesa.
A su juicio, las críticas terminan tocando una dificultad estructural para La Moneda: “El Gobierno tiene partidos que lo apoyan, pero todavía no está claro que tenga una verdadera coalición de gobierno”.
“Una coalición no es solamente tener ministros de distintos partidos; significa compartir decisiones, información y también costos”, agrega.
Bajo esa lógica, Matthei busca una posición difícil de equilibrar: mantenerse dentro del mismo mundo político de Kast, pero evitando quedar completamente amarrada a los costos que vaya acumulando su administración.
“Mi impresión es que Matthei está tratando de construir una derecha de reserva: apoyar el rumbo general del Gobierno sin quedar atrapada en sus costos de gestión”, resume Moreno.
Marcar diferencias sin abandonar la vereda
Por su parte, la académica de la Escuela de Gobierno y Administración Pública de la Universidad Mayor, María Pía Méndez, pone el foco precisamente en esa diferenciación.
Según explica, las críticas de Matthei suelen concentrarse en lo que ella identifica como falta de experiencia del Gobierno y en las dificultades para desarrollar un trabajo colaborativo con otros partidos y figuras relevantes de la derecha.
Pero esos cuestionamientos producen también un efecto político para la propia Matthei.
“Este tipo de comentarios le permiten, al mismo tiempo, mantenerse vigente como figura, y marcar distancia y diferencias de criterio con Republicanos”, sostiene Méndez.
La posición tiene una particularidad: Matthei puede cuestionar a Kast sin necesariamente cuestionar todo el proyecto que lo llevó a La Moneda.
Puede coincidir con el Gobierno en seguridad, crecimiento económico, control migratorio o reducción del aparato estatal y, simultáneamente, disputar la manera en que esas prioridades se llevan adelante.
Y es esa frontera la que explica parte de la incomodidad que generan sus intervenciones.
Una crítica de la oposición puede ser respondida como parte de la disputa tradicional entre Gobierno y oposición. La de Matthei nace desde la misma vereda y golpea sobre una pregunta mucho más difícil de despejar: cuánto participan realmente Chile Vamos y las otras fuerzas oficialistas de las decisiones del Ejecutivo.
El fuego amigo de Matthei y la respuesta de Carter
No obstante, las declaraciones también han abierto una disputa personal.
El exalcalde de La Florida y actual senador por La Araucanía, Rodolfo Carter, acusó que detrás de las intervenciones de Matthei existe “rencor”, trasladando la discusión desde el contenido de sus cuestionamientos hacia las motivaciones de la excandidata.
Sin embargo, Méndez toma distancia de esa interpretación del parlamentario oficialista.
“En este sentido, la acusación de ‘rencor’ de Carter revela más de su propia postura respecto de la figura de la excandidata que de lo que puede leerse detrás de los comentarios de Matthei”, sostiene.
La controversia refleja, además, una tensión que viene incubándose desde el comienzo de la administración: cómo conviven bajo un mismo Gobierno las distintas derechas que compitieron entre sí por conducir el sector.
Kast ganó esa disputa en las urnas. Pero llegar a La Moneda no hizo desaparecer esas diferencias.
El incómodo lugar de Matthei
Ahí está probablemente la principal particularidad de la posición que ha escogido Matthei.
No está fuera del oficialismo, pero tampoco depende del Gobierno. No necesita defender cada decisión de La Moneda y tampoco carga con la responsabilidad cotidiana de administrar. Al mismo tiempo, sigue perteneciendo a una UDI que forma parte de la administración Kast.
Es una libertad que pocos dirigentes oficialistas tienen, y que le permite aparecer cada vez que el Gobierno enfrenta una controversia para marcar una diferencia, recordar sus propias advertencias o cuestionar la manera en que se tomaron determinadas decisiones.
El riesgo para La Moneda no está necesariamente en una frase particularmente dura de Matthei. Está en que sus críticas encuentren eco entre quienes comparten el rumbo general del Gobierno, pero tienen reparos sobre su conducción.
Porque la discusión que está instalando la exalcaldesa finalmente supera su propia figura.
La pregunta es si Kast encabeza un gobierno republicano apoyado por otros partidos o una coalición donde Republicanos, la UDI, RN y las demás fuerzas que lo respaldan efectivamente comparten decisiones, información y costos.
Matthei decidió instalarse precisamente en ese espacio.
Sin cruzar hacia la oposición, pero tampoco guardando silencio frente a La Moneda, la excandidata comienza a ensayar el papel que Moreno define como una “derecha de reserva”: acompañar el rumbo sin confundirse con el Gobierno y mantenerse suficientemente cerca para seguir perteneciendo, pero suficientemente lejos para que sus costos no sean necesariamente los propios.