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Karin Cuyul presenta su nuevo documental "La vida que vendrá", donde fusiona su historia familiar con temas identitarios nacionales, utilizando archivos amateurs para mostrar realidades no convencionales. La directora, de origen mapuche, busca mirar desde los márgenes, cuestionando cómo se vivieron momentos históricos como el Plebiscito de 1988. La película se estrena el 7 de mayo y refleja la capacidad de resistencia del país.
“Quería saber cómo se observaba nuestra historia desde los bordes”.
Karin Cuyul (Historia de mi nombre, 2019) conversa sobre su nuevo documental, La vida que vendrá.
Con una mirada aguda y sensible, Karin Cuyul logra enhebrar sus vivencias e historia familiar con grandes temas identitarios nacionales. Conjuga hechos sociales y políticos con lo íntimo, como algo integrado, interrelacionado.
La directora, originaria de Chiloé y origen mapuche, busca mirar desde los márgenes. Por ello, recurre a archivos amateurs, donde están registradas otras realidades y la opinión de los que, generalmente, no son vistos ni escuchados.
La vida que vendrá se estrena el 7 de mayo en salas. Más información en miradoc.cl
Historia de mi nombre está disponible en ondamedia.cl
¿Qué hecho puntual impulsó o decidió que hicieras la película?
“A fines del 2020, estaba la ilusión del cambio constitucional, además todavía estábamos medio en pandemia. Creo que partí con esa pregunta, de estar viviendo una ilusión propia, de mi generación o de mi época.
“Habíamos vivido otros procesos en Chile, pero que no habían sido vividos por mí. Por ejemplo, había crecido en el retorno a la democracia. Sentía que este era el gran momento de ilusión de que algo podía cambiar.
“También eran preguntas que se desprendían de Historia de mi nombre. Que quedaron como lanzadas, pero que terminaron de responderse, tal vez, en esta película.
“En resumen, creo que es como estar viviendo un momento que, probablemente, era la ilusión de esta época.”¿Pero hubo algún hecho, alguna escena, alguna foto, algo que te llevara a hacerla?
“No, creo que fue esta sensación. Pero lo primero que busqué o lo primero a lo que llegué, como estábamos en pandemia, fue preguntarme cómo podrían haber vivido el momento del plebiscito de 1988 los exiliados.
“Esa fue mi primera búsqueda en YouTube. Así llegué a los primeros personajes, que después cedieron archivos. Quería saber cómo se había vivido, pero no lo que uno había visto, cómo se organizó el Plebiscito, sino más bien cómo se vivió internamente.
“Así llegué a un archivo, que no está en la película, porque no pude dar con el autor o dueño de éste. En Bruselas, en una plaza, estaba un grupo de exiliados chilenos, el mismo día del Plebiscito. Estaban votando simbólicamente, niños y adultos.
“Entonces, había un señor que hacía de presentador, con un micrófono, y le preguntaba a los niños y a los señores “¿qué opinan ustedes?”, “¿quién va a ganar?” Iba como haciendo un reporteo, imitando a la televisión, pero era algo muy íntimo. Eso me pareció muy bonito. Esa fue la primera imagen, pero no quedó en la película.”
¿Qué hay en común entre tus dos documentales, en Historia de mi nombre y La vida que vendrá?
“Lo que hay en común es hablar desde los márgenes, desde los bordes que no siempre están representados. Y eso fue, en Historia de mi nombre, un descubrimiento, porque la película no iba por ahí. Pero terminó, hacia el final, preguntando ¿Qué lugar nos pertenece? Bueno, en ese momento, qué lugar les pertenecía a mis papás.
“Me acuerdo de una frase que es como “este es el país que soñaron, pero se desvaneció”. Creo que recojo un poco de eso para empezar esta película.
“También, hacia el final de Historia de mi nombre, hay una pregunta con la que descubro o me hago consciente de que ellos no habían votado para el Plebiscito. Y eso me parecía… en mi estructura mental todos votaron Sí o No, o sea, de una o de otra. Hasta ese momento.
“Entonces, quiénes no pudieron votar, quiénes son esas personas. Ahí quedé con esa inquietud de quiénes son las personas que están en los márgenes.
“Por eso llegué, en esta película, a los archivos amateurs. Quería saber cómo se observaba nuestra historia desde los bordes. Ahí, por ejemplo, encontré el archivo de la mujer que dice: ‘Tenemos un No ganador, y un Sí mandador’.”¿Qué te mueve en tu trabajo? El futuro esplendor, reivindicar a tu familia, la conciencia de clase, el resentimiento, la justicia…
“Varias cosas. A través de mi papá y mamá, esa generación, reivindicar ese lugar. Muchos archivos que encontré para esta película son como de esa misma hermandad. Que justo eran estos cineastas amateurs, que habían sido exiliados, que tuvieron que ingresar clandestinamente o no regresaron. Gente que quedó fuera.
“Ahora, mi familia no quedó fuera, por algo hice Historia de mi nombre, porque nos logramos insertar bien. Pero esas preguntas están ahí. Creo que también hay algo en la historia política de Chile que no permite darle espacio a la gente que tuvo que defender la democracia por otras vías. Eso es una preocupación que tengo.
“¿Cómo darles espacio? ¿Cómo darles un lugar? En el fondo, todo eso lo hablo a través de los archivos, están los vestigios ahí. Solamente que estoy abriendo una puerta para que se observe, vea y lea hoy día. Eso me va a mover siempre, porque elijo estar más fuera que en el centro.
“Crecí en una isla, ahora no vivo en Chile, pero hice esta película súper de Chile, lejos de Chile. Creo que elegí estar en un lugar para mirar más de lejos.”
¿Hay alguna escena o algún momento de La vida que vendrá que todavía te remueve? ¿Que todavía te emociona?
“La escena de los niños que viajaron a Estocolmo, esa escena en que estos niños están haciendo una obra de teatro, representando, con encapuchados, el día a día en su población.
“Ese archivo es más largo de lo que sale en la policía, es un archivo de una hora Se puede ver la obra completa y después más testimonios. Algo que me impresionó del testimonio de esos niños es que, siendo de 9, 10 años, como máximo 11, la realidad o lo que estaba pasando en ese momento afectó tanto su infancia.
“Por eso, en la película me pregunto cómo, dónde podrían estar ellos hoy, o qué podrían pensar ellos hoy. Y los encontré, los conocí ahora siendo adultos.
“Esos son, tanto en Historia de mi nombre como en La vida que vendrá, los regalos que me ofrecen las películas. Encontrar las personas hoy, en otro estado, con otra fortaleza, esta idea de resistencia manifestada en una forma actual.
“Sí, no es solamente ese momento de sufrimiento. Esas personas están súper felices con la película y eso es algo lindo de la vida.
“Algo que también me enseñó La vida que vendrá, a través de sus archivos, de las imágenes de Chile, es que hay algo que nos decimos muy poco: Chile sí tiene una capacidad de resistencia súper fuerte, es un país que resiste. Tal vez es por nuestra propia forma geográfica, geológica, pero nos lo decimos muy poco.
“Tanto Historia de mi nombre como La vida que vendrá las enfrenté pensando que éramos un país que se dejaba derrotar o con esta idea de justicia inconclusa. Pero es un país que reclama, más que México. Y eso fue bueno haberlo descubierto.”

¿Qué fue lo más difícil de hacer La vida que vendrá en términos prácticos, intelectuales y emocional?
“En términos prácticos, trabajar a distancia, porque teníamos una parte del equipo en Colombia, la otra parte en Santiago y yo estaba en México. Entonces, tuvimos que lograr un método de trabajo online que funcionara para todas las personas involucradas.
“Lo que hice, en esta idea de clasificación y de la revisión de los archivos, fue trabajar mucho con Excel. Y que, esa planilla, funcionara tanto para la elección, para la edición y para pasar a producción, cuando tuviésemos que buscar los archivos.
“Pero más que qué me costó, fue un desafío. Y fue interesante el trabajo de catalogación. Es un trabajo muy bonito de catalogar, observar, describir y seleccionar, que son las cuatro etapas.
“Fue un método interesante de trabajo que no había experimentado y se logró muy bien. Logró dar mucho orden para una película tan difícil. Siendo una película de archivos de multiformato, con material de distintos años, distintas calidades de la imagen, íbamos avanzando en la medida que veíamos el material, organizando toda esa información más específica que es técnica, para ir decidiendo la película que se iba haciendo.
“En términos emocionales, había escenas muy dolorosas de Chile. Y verlas, como revivirlas, sí fue pesado, más difícil el 2023, que fueron los cincuenta años del Golpe de Estado, estando en México.
“Fui ordenando el material para revisarlo, por época. Una de las líneas de clasificación eran los años. Justo me tocó en septiembre de 2023 revisar los 70. Partimos en desorden, en agosto había hecho los 80, que había muchos materiales. Y en septiembre hice los 70, que había bastante, pero menos que de los 80.
“Fue difícil, había escenas muy dolorosas. Yo pensé, bueno, estoy lejos, va a ser mejor. Y no.
“Aquí hay algo que tiene que ver con México, mis amigos mexicanos se dieron cuenta de eso. Justo el día del Golpe me acompañaron, otros me ofrecieron dar una función de Historia de mi nombre en México, que se llenó de chileno que estaban allá. Hay un sentido de tejido solidario que solito se organizó.
“Las escenas de dolorosa de Chile, que intenté no dejarlas en la película por recomendación de una amiga, fue lo más difícil. Fue una buena decisión porque no solo somos el dolor que llevamos, somos un país mucho más que eso.
“Hay algo que pasa con el duelo que quedamos pegados en ese estado. Cuando entendí eso, que no fue en ese momento sino después, cuando ya empecé a escribir, me di cuenta de que hay una cosa chilena, que es una forma de enfrentar la adversidad, que es súper innata. La tenemos, y siento que no la vemos tanto, no estamos tan convencidos de que eso existe en nuestra forma de ser.”
¿Y qué te costó en términos intelectuales?
“La escritura, el texto. Ya había trabajado voz en off en Historia de mi nombre y en un corto que hice justo después, y ya no quería hacer voz en off. Había hecho un primer montaje de la película que era sin voz en off, solo archivo. Era una película muy difícil.
“Ahí, justo llega una amiga directora chilena que había editado el corto anterior que había hecho. Se la mostré y, en un momento, me dice ‘Karin, por qué quieres someternos a que veamos esta como montaña rusa de emociones tan desolada. ¿Por qué quisiera entrar al cine y salir así como… no hay nada?’
“Eso fue como un clic. Empecé a sacar imágenes, las escenas más dolorosas, y a pensar en ese texto que iba a escribir.
“Bueno, me puse a estudiar un par de autores, a darle vuelta a la derrota, a lo del duelo y cómo salir de ese estado. Siento que también yo estaba en ese estado, obviamente, haciendo esa película. Con una sensación como de muralla, que ya había tocado con la muralla y pensé que ella era lo único que quedaba. Y no.
“Siento que algo que aprendí es que no es lo único. Hay gente que lo pasó mal, gente que sacó adelante el país de las distintas formas en que se organizaron. Ese es un aprendizaje y eso es algo que mucha gente tiene. Por sus historias de vida, por sus historias de vecinos y es una historia muy reciente, que pasó los 80, mayormente. Y, claro, una vez llegada la democracia, se instala muy fuerte esta idea como súper individualista.
“Pero hay que mirar un poquito hacia allá, y reconocernos más bien. No sé si es posible organizarse de esa manera, porque no es el contexto en el que estamos. Pero sí reconocer y reconocernos en esa organización y solidaridad.”La vida que vendrá
Dirección y guion: Karin Cuyul
Producción: Joséphine Schroeder (Chile)
Co-producción: Jerónimo Atehortúa (Colombia)
Producción ejecutiva: Joséphine Schroeder, Miguel Yilales, Jerónimo Atehortúa, Juan Sebastián Mora Baquero, María José Alarcón Ardila
Compañías productoras: Pequén Producciones (Chile), Invasión Cine (Colombia)
Sonido: Diana Martínez Muñoz
Montaje: Federico Atehortúa
Postproducción de sonido: Guateque Cine
Post de color: Darío Órdenes (Albatros Post-Chile)
Diseño sonoro: Diana Martínez Muñoz, José Delgadillo Gaviria
Año: 2025
País: Chile, Colombia
Duración: 92 min
Archivos de Luis Costa, Enzo Villanueva, la Universidad de Santiago (ex Universidad Técnica del Estado) entre otros.
Estreno Mundial: Competencia Largometraje Nacional FICValdivia 2025
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