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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Una casa con valor histórico en Lo Gallardo, adquirida en 2019 por Óscar Yunge y posteriormente expropiada por utilidad pública, genera controversia. Aunque la línea de expropiación no afecta la estructura, se proyecta su demolición, lo que Yunge considera injusto. La vivienda perteneció a Inés del Río de Balmaceda, conocida como la Momo, y fue punto de encuentro de artistas.

Un conflicto por expropiación mantiene en disputa a un vecino de San Antonio con el Ministerio de Obras Públicas (MOP), luego de que el Estado indemnizara y tomara posesión de una vivienda que —según sostiene el propietario— no interfiere con la franja destinada a mejoras viales en la ruta G-904.

El inmueble corresponde al lote 18 y fue considerado dentro del plan asociado a la ampliación y mejoramiento de la vía que conecta con la Ruta 78, trabajos ejecutados por la empresa Sacyr. El propietario, Óscar Yunge, adquirió la vivienda en 2019 y posteriormente fue notificado de su expropiación por utilidad pública.

Si bien aceptó la intervención de la franja destinada al ensanche del camino, impugnó la tasación realizada por el Estado. Tras un proceso judicial que no prosperó, recibió la indemnización fijada.

Según el afectado, con el avance de las obras y la instalación de un nuevo cerco fiscal, se constató que la línea definitiva de expropiación no atraviesa la estructura de la casa, la cual quedaría dentro del terreno privado. Pese a ello, se concretó la toma de posesión material del inmueble y se mantiene proyectada su demolición.

Yunge sostiene que la situación constituye una irregularidad, ya que la ley de expropiaciones contempla la demolición cuando la afectación compromete elementos estructurales, lo que —asegura— no ocurre en este caso. “Se pagó por una casa que no era necesario expropiar y ahora se pretende gastar recursos públicos en demolerla”, afirmó.

Valor histórico

La vivienda en cuestión pertenecía a Inés del Río de Balmaceda, conocida como la Momo, una referente en la cultura del sector, pues su casa era un punto de encuentro de intelectuales, escritores y artistas, entre los que se encontraban Pablo Neruda, José Donoso y muchos más.

El terreno que adquirió la Momo a inicios del siglo XX constaba de dos infraestructuras: una de ellas era la casona principal, donde vivía junto a su familia, y luego, un poco más alejada, otra casa más pequeña, pero que coincidía en el estilo arquitectónico.

Casona principal de la Momo

La segunda propiedad era utilizada para recibir personas en largas estadías; es por ello que actualmente se le conoce como la casa de Efraín Barquero, poeta y Premio Nacional de Literatura en 2008. Él vivió un largo período allí, por lo que el recinto adquirió un sentido cultural para los vecinos.

Actualmente ambas propiedades tienen dueños distintos; sin embargo, han conservado por completo su fachada e infraestructura.

¿Qué opina la comunidad?

La casa de Inés del Río tenía varias particularidades: una fachada llena de murales y colores, además de senderos que se escondían entre los cerros y que contribuían a esa atmósfera asociada a la llamada “zona de brujas”.

En ese espacio se reunieron destacadas figuras de la cultura chilena y, a su vez, los habitantes del sector tuvieron un rol activo. Parte de los murales y de los trabajos tallados en piedra, que hasta el día de hoy se encuentran en el lugar, fueron realizados por vecinos, algunos de los cuales aún mantienen vivo el recuerdo de la Momo.

Una las historias que representan la conexión de la casa con la comunidad es la de José Miguel Ruiz, él nació y creció en Lo Gallardo. A los 17 años se acercó a un grupo de poetas, entre los que se encontraba Roberto Humeres. A él le entregó un texto, que tiempo después llegaría a las manos de la Momo. Al leerlo, ella invitó a Ruiz a visitarla; fue así como generaron una relación cercana. Tiempo después vivió en la casa de Barquero, donde escribió un poema que hasta hoy recuerda con cariño.

Respecto a la situación actual, comentó: “Si me preguntan a mí si en Lo Gallardo alguien está de acuerdo con que se eche abajo esta casa por ensanchar el camino, yo creo que no hay nadie”. Además, añadió: “Siempre ha sido un lugar para mí muy querido, entrañable, aun cuando el pueblo ha cambiado bastante”.