Notas
Los ricos también sufren
Publicado por: Oscar Vega
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Aunque millones de cesantes o semi cesantes, afectados y da√Īados por la llamada crisis econ√≥mica, la fea crisis que desataron grandes bancos y opulentos hombres de negocios del planeta, aunque tantos ciudadanos europeos de a pi√©, nunca mejor dicho, de a pi√©, lamen sus heridas en la calle, los fastos navide√Īos no aflojan.

Sobre todo convoca al solaz espiritual de los escasos creyentes que van quedando y a esa alegría gastronómica y viajera de los más, o sea de los afortunados. Por ejemplo, un distinguido sujeto del Viejo Mundo, un actor llamado Gerard Depardieu, (Gégé, para sus íntimos), aunque francés de nacimiento, celebra este suceso pascuero en una flamante y nueva residencia cita en un pueblillo de fronterizo, en Bélgica.

La aldea se llama Néchin, se encuentra a media hora de Paris (en automóvil) y ha sido elegida por el actor y por incontables compatriotas suyos como un paraíso o exilio fiscal. Gégé compró esa nueva mansión, una ganga, soltando al contado 800.000 euros.

La cuestión principal para Depardieu y muchos de sus compatriotas es no pagar impuestos. Escapar a como dé lugar del fisco francés que, para los adinerados de ese país, es una guillotina. Que paguen impuestos los pobres, que esos sí cumplen con las leyes y temen al Poder.

N√©chin, pueblucho aburrido hasta decir basta, est√° hoy plagado de mansiones de hormig√≥n. All√≠ viven los escapados de las arcas fiscales francesas y no desde ahora sino desde hace m√°s de 15 a√Īos. Lo que ocurre es que la poblaci√≥n salt√≥ s√ļbitamente a la fama internacional con la llegada, hace poco, del actor galo, amigo del ex mandatario derrotado en las √ļltimas elecciones, Sarkozy. El divo es, tambi√©n cabe recordarlo, enemigo del actual presidente Hollande, ese pol√≠tico tan abusador que intenta reflotar un impuesto de solidaridad, un gesto que las grandes fortunas se niegan a pagar.

El para√≠so fiscal por excelencia de los franceses platudos es, desde luego, Suiza. Es conocido el slogan: Suiza lava m√°s blanco. Pero √ļltimamente se ha puesto de moda B√©lgica donde hay mano blanda y oportunista. Adem√°s el pa√≠s queda cerca de la tierra madre, la dulce Francia como cantaba Charles Trenet.

Los franceses comunes y corrientes no han ahorrado palabras para censurar a su √≠dolo, tanto por ser un gordo in solidario como avispado. Pero tambi√©n ha salido gente al baile que lo defiende. La a√Īosa Brigitte Bardot por ejemplo, convertida hoy en furiosa y ajada abuela derechista, no se ha ahorrado elogios para G√©g√©. Era de esperar. Lo raro es que tambi√©n sali√≥ al camino la Catherine Deneuve ‚Äďotro mito, otro monstruo galo- apoyando al fugitivo.

Entretanto en el El√≠seo, el primer ministro Jean Marc Ayrault, no se mordi√≥ la lengua. La determinaci√≥n de Depardieu de arrinconarse en B√©lgica por motivos fiscales, dijo, era ‚Äúdespreciable‚ÄĚ. Pero el Jefe del Estado, Hollande, no quiso entrar directamente en dimes y diretes. Solamente vino a decir que el presidente de Francia no puede estigmatizar a ning√ļn ciudadano.

Eso s√≠, lanz√≥ una frase que a G√©g√© le ha dolido no solamente en el alma, sino en el bolsillo: ‚Äúcuando se es franc√©s, cuando se quiere a Francia, hay que servirla‚ÄĚ.

Hay otros p√°jaros de cuentas (de cuentas bancarias, claro) que acompa√Īan al actor en ese noble gesto de huir del perverso Fisco a la tierra belga.Uno de los m√°s connotados, Bernard Arnault, primera fortuna de Francia y cuarta del mundo, 41.000 millones de d√≥lares.

De modo que en estas emotivas noches y d√≠as de luces, pavos bien condimentados, champa√Īa y vinos regios, piadosos deseos y oraciones navide√Īas, todos juntos, ricos y pobres, cesantes y opulentos, famosos y an√≥nimos, todos fervorosos, pillos tontos, podremos unirnos al comp√°s de la emoci√≥n.

Ilusionarnos de nuevo con la tierna historia que, seg√ļn se cuenta, comenz√≥ en Bel√©n y que hoy se sigue derramando al mundo desde el coraz√≥n alfombrado de la Roma Vaticana. El Papa, luciendo zapatillas de tafilete rojo marca Vuiton, (o Prada) con sus mantos airosos de p√ļrpura o de blanco, bordados de oro, sombreros dorados, entre mirra e incienso nos habla de paz y de conciencia, de resignaci√≥n y de amor al pobre. ¬°Qu√© maravilla! Y como la Iglesia siempre se pone al d√≠a ya nosotros mortales de todos los sexos (todos) podemos darnos por enterado de las √ļltimas y regaladas nuevas oficiales vaticanas: 1) que la estrella de Bel√©n no fue una estrella sino la huella de la explosi√≥n de una supernova, tal como lo aseguraban los cient√≠ficos ayer condenados al infierno o a la hoguera y hoy reivindicados. 2) La otra novedad, que nunca hubo vaca ni buey en el portal de Bel√©n. Era mucho animal y un hacinamiento con malos efluvios.

As√≠ las cosas cual m√°s cual menos hemos sido convidados a gozar la fiesta: purpurados, exiliados fiscales, cesantes, desterrados y sobrevivientes. Y como hemos hablado de Francia y en medio de tanto alborozo y ch√°charas oficiales (y aburridas) me despido con una frase del tremendo y amado gabacho, el de pluma exquisita, V√≠ctor Hugo: Dijo: ‚ÄúEn todo pueblo hay una antorcha ‚Äďel maestro- y un extintor ‚Äďel sacerdote.‚ÄĚ

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