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Opa-locka: La ciudad “árabe” en EEUU que lucha por renovarse

Diego URDANETA / AFP
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Ideada hace 90 años como una estampa del libro “Las mil y una noches” o el set de la película “El Ladrón de Bagdad”, Opa-locka es hoy una empobrecida localidad de Florida que lucha por renovarse a través del arte.

Minaretes y cúpulas se alzan en edificios ubicados en calles y avenidas con nombres como Sherezade, Ali Baba, Aladino, Bagdad o Simbad, en esta ciudad que alguna vez llegó a ser la de mayor concentración de arquitectura islámica en Estados Unidos.

Nació en 1926 durante un boom de la construcción en el sureste de Florida, cuando brotaron también otras comunidades con peculiares arquitecturas, como Coral Gables, con edificios mediterráneos, o Miami Springs, con elementos de las misiones españolas en el suroeste estadounidense.

“Mucha gente se mudó a Florida, y las personas querían obtener ganancias. Una de los recursos que tenían para diferenciar los proyectos era la arquitectura”, explica a la AFP el profesor de Arquitectura del Miami Dade College, José Vásquez.

DIEGO URDANETA / AFP

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La idea de lo exótico que la cultura oriental despertaba en Estados Unidos inspiró a Glenn Curtiss, el empresario millonario detrás de Opa-locka. “Estamos en la década de 1920, hablamos del descubrimiento de la tumba de Tutankamón, de éxitos de taquilla como ‘El Ladrón de Bagdad’”, dice Vásquez.

En plena construcción, la explosión de la burbuja inmobiliaria y el potente huracán de 1926 fueron catastróficos para el proyecto. La muerte de Curtiss en 1930 terminó por disipar cualquier esperanza de finalizarlo.

De los 100 edificios de arquitectura islámica planificados, se construyeron 70, aunque en la actualidad no quedan más de medio centenar con diferentes grados de conservación, lamenta Vásquez.

Veinte edificios están incluidos en el registro nacional estadounidense de lugares históricos, entre ellos el ayuntamiento, edificio central del proyecto actualmente en reparación, que resalta por sus altos minaretes, sus seis cúpulas y extensos jardines.

Bares e iglesias

El “oasis” planeado por Curtiss se secó y Opa-locka entró en un franco proceso de declive, que tuvo su punto más bajo a finales del siglo XX, cuando el crimen se propagó y la ciudad ganó una fama de zona violenta que aún perdura.

Hoy, el 40% de sus 16.000 habitantes, 65% de ellos negros y 30% latinos, vive bajo la línea de pobreza.

“Esto es nada más que bares e iglesias, bares e iglesias es lo único que hay”, se queja un residente de la zona, Fernando Campos, de 65 años.

La organización civil Corporación de Desarrollo Comunitario de Opa-locka (OLCDC, en inglés) ha liderado los esfuerzos por lavarle la cara a la zona, sobre todo con iniciativas artísticas, pero también con proyectos habitacionales y de recuperación de áreas verdes, gracias a subvenciones públicas y privadas.

La idea es convertir a Opa-locka en una zona turística que atraiga a una parte de los millones de turistas que anualmente visitan la aledaña ciudad de Miami, explica a la AFP Willie Logan, presidente de la OLCDC.

“La ciudad es única, en el sentido de que tiene su aeropuerto, su estación de tren, la arquitectura morisca. Es una ciudad que tiene el potencial de ser estupenda”, dice Logan.

Color en las calles

La OLCDC ha invertido 2,5 millones en sus proyectos artísticos y ya se empiezan a notar los resultados: murales y zonas urbanas renovadas y un centro comunitario con una cada vez más nutrida agenda de eventos culturales.

El estilo islámico es el hilo conductor de los proyectos. En una reciente jornada con decenas de voluntarios, varias cuadras de la avenida Ali Baba fueron pintadas y embellecidas con motivos en base a líneas y patrones geométricos de la arquitectura oriental.

Algunos artistas, en vez de radicarse en zonas “hipster” de Miami como Wynwood, se han establecido en Opa-locka.

“Cuando me mudé para acá, nadie creía que lograríamos generar cambios. (…) Nadie creía que realmente me estaba mudando a este barrio”, dice Germane Barnes, arquitecto y diseñador que llegó de Los Angeles. Los vecinos notan que el color está volviendo a las calles, afirma.

“Es un sitio singular, te transporta a un lugar inesperado. Eso es lo que hace de Opa-locka un lugar único que deba preservarse”, agrega el profesor Vásquez

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