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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Gonzalo Muñoz Tapia, un kinesiólogo de Valparaíso, conoció a su esposa belga en una velada de cueca en 2015 y se mudó a Bélgica por amor. A pesar de las dificultades iniciales con los papeles, logró establecerse en Bruselas gracias al apoyo de su pareja. Actualmente, disfruta de la tranquilidad y la seguridad del país europeo, donde planea difundir la cueca.

Una velada de cueca en 2015, en los cerros de Valparaíso, cambió el destino de Gonzalo Muñoz Tapia (39), que sin proponérselo en ese momento, lo llevaría a viajar hasta Bélgica, por amor.

Al vivir en el país europeo, “uno pierde capas de inocencia”, declara al inicio de la entrevista, Gonzalo Muñoz, que habla por videollamada con BioBioChile. El chileno, que vive desde 2018, en Bruselas, la capital de Bélgica, fue criado en Playa Ancha, el popular barrio de Valparaíso, aunque él señala que nunca pensó en inmigrar, ya que mantenía varios trabajos como kinesiólogo en la ciudad puerto, hasta que conoció a la ciudadana belga Manon Mossakowski, su mujer.

“Ella se fue a hacer un intercambio de medicina, que aquí lo incentivan harto. Aunque ella primero se quería ir a Costa Rica, pero en el último minuto se lo cancelaron y le dijeron: ‘ya, mira, en Chile hay una posibilidad"”. Si bien su estadía en Chile, fue en Viña del Mar, Mossakowski, quería conocer los coloridos cerros de la “Joya del Pacífico”.

Hasta los cerros de Valparaíso, se trasladó la belga, para conocer el puerto, que resulta atractivo para el turista europeo, sostiene el porteño. De este modo, un amigo en común, la invitó a ella y a Gonzalo, para mostrarle la ciudad. Así lo recuerda Muñoz, que menciona que su amigo, le dijo: “Oye, voy a salir con una gringa. ¿Vamos? Yo le digo, “Ya, po”.”En ese tiempo andábamos así, pase y gol”, recuerda el chileno, en un tono risueño, mientras no se le pasaba por la cabeza, que iba a conocer a la futura madre de sus hijas.

Después del tour —cuenta— terminaron la jornada en un bar en que se tocaba cueca, donde Gonzalo cantó y bailó. “Ahí la saqué a bailar, además de que me vio cantar un par de cuecas y fue un flechazo”, recuerda con alegría.

De Bélgica con amor

Se conocieron de manera fulminante en 2015, y en los dos años que siguieron, Manon y Gonzalo, afianzaron su relación, que luego del “flechazo” en Valparaíso, creció con los viajes esporádicos que realizaba la pareja para verse.

Incluso, el romance vivió algunos reparos, como la geografía y las dudas de los propios compañeros de trabajo de Gonzalo, que lo interrogaban constantemente sobre el futuro de la relación. Sin embargo, el amor que surgió en un “carrete cuequero”, solamente se fortaleció con el tiempo. Así las cosas, ellos, estando seguros del amor que se tenían, decidieron formar su proyecto de vida.

Sin ir más lejos, Gonzalo ha creído que mantienen un equilibrio, donde él ha sido más espontáneo y “porteño” para la vida conyugal, mientras su mujer se caracteriza por ser práctica y ordenada. “Yo entre más loco me fui poniendo, más gente estructurada fui encontrando”, menciona alegremente, recalcando que ser auténtico y locuaz, le ha permitido estar en sintonía con la propia vida.

Bélgica: el destino impensado para los chilenos

“Poca gente tiene a Bélgica como primera opción”, reflexiona el chileno, sobre el país que se transformó en su nuevo hogar. “Yo vendí todo y dejé mis trabajos, al final, me vine con la plata en el bolsillo, pero cuando me vine aquí, no tenía papeles”, puntualiza Gonzalo Muñoz a BBCL.

Después de todo, al llegar a Bélgica, Gonzalo pudo solicitar, por vía administrativa, la residencia, gracias al apoyo de su pareja, e iniciar el trámite definitivo para radicarse en el país, que está ubicado en el noroeste de Europa. “Para el chileno que se viene a trabajar puede ser superduro, [al principio] no puedes salir ni viajar y no te alcanza la plata para nada”, complementa Gonzalo para BBCL. En concreto, el oriundo de Valparaíso, recalca que por la gestión de su mujer, pudo viajar con tranquilidad, sabiendo que podía regularizar su situación en pocos meses.

“No es un lugar de preferencia para los inmigrantes que vienen sin papeles, a excepción de que tú conozcas a alguien, pero por lo general, Bruselas es un lugar por donde pasan los que van a Inglaterra o Francia, el país es un destino de paso”, agrega Gonzalo Muñoz.

En ese sentido, el compatriota resalta que Bélgica, tiene ciertas diferencias con el resto de países del mundo, ya que se divide administrativamente en la comunidad flamenca, ubicada al norte, en la región de Flandes, donde sus habitantes son de habla neerlandesa y la comunidad francesa, ubicada al sur, específicamente, en la región valona. También se halla la comunidad germanófona, que ha exigido históricamente la separación con Valonia.

Por otra parte, desde 1993, Bélgica se divide en tres regiones federales —Flandes, Valonia y Bruselas—, siendo la capital, el nexo entre flamencos y valones. Además, de ser la capital de facto de la Unión Europea (UE), lo que ha influido en que sea una metrópoli cosmopolita.

También, aunque los belgas paguen cerca del 50% de su sueldo en impuestos, según la Tax Foundation, el dinero recaudado es utilizado para invertir en educación y salud. Por lo mismo, las cotizaciones mensuales a la seguridad social, se consideran una inversión para que todos, tengan acceso a una atención digna.

Según los datos de Eurostat, el PIB per cápita en el año 2024, fue de 44.300 euros (el sexto más alto de la UE sobre una media de 37.600 euros). No obstante, el pago de los impuestos, afecta de diferente forma a la población, por ejemplo, “las personas solteras sin hijos soportan los impuestos más elevados, mientras que los matrimonios con hijos tienen una carga algo menor”, informa una publicación de Euro News, sobre la calidad de los belgas.

Por esta razón, Gonzalo cree que, viviendo en Bélgica, se encuentra en una posición en que puede respirar tranquilo, sin miedo a que le pase algo a él o a su familia. “Yo ya no tengo la paranoia de que si me enfermo o si tengo un accidente, mi vida se arruinaría. Aquí voy al hospital y primero me atienden y después me hacen preguntas. Nunca tu acceso a la salud, va a estar frenado”, reconoce el chileno.

Un porteño suelto en Bruselas

Con una familia conformada, por la pequeña Alba, de cuatro años, y la bebé Celeste, de 7 meses, hoy Gonzalo y su esposa, se encuentran arreglando su futura casa, que pudieron comprar con esfuerzo para poder criar a sus hijas.

Después de todo, también el compatriota, mantiene un interés por la cueca, al estar a cargo de la dirección de Trino Colectivo, un grupo que busca mostrar la raíz folclórica de Chile. De hecho, el sueño de Gonzalo, es llevar la cueca a cada rincón de Bélgica y Europa. “Quiero abrir la cueca más allá de la música, del baile y del canto”, afirma con mucha decisión. “La gente que menos sabe de cueca, es la más motivada, para nutrir el proyecto”, puntualiza.

Finalmente, después de ocho años viviendo afuera, Gonzalo expresa que se siente más porteño que nunca, al echar de menos el océano Pacífico, aunque señala que mantiene intacto en el corazón, los recovecos de los cerros de Valparaíso. “Yo creo que la esencia sigue estando ahí, la mezcla a veces absurda de su patrimonio, con edificios que están a punto de caerse, incluso echo de menos los perros vagos, para llevarles un pan”, expresa con nostalgia.