Los países con más gatos por habitante tienden a mostrar mayores índices de felicidad. Pero esas mismas naciones tienen menos exposición al parásito Toxoplasma gondii, que habita en los felinos, que mostró una relación negativa con el bienestar.
Es la paradoja que describe un estudio que cruzó datos de 93 países, publicado este 2026 en la revista científica PLOS One, que comparó felicidad, gatos, parásito y riqueza a escala nacional.
Gatos, felicidad y un parásito en el medio
La lógica parecía clara. Tener mascotas se asocia con menos soledad, menos estrés y mejor ánimo. Pero los gatos son también el hospedero final de Toxoplasma gondii, un parásito microscópico que puede infectar a casi cualquier animal de sangre caliente, incluidos los humanos.
Se estima que entre 10% y 30% de los adultos de una población lo tiene, a menudo sin saberlo. Se contagia por las heces de gato, por carne mal cocida o, posiblemente, por contacto sexual.
Investigaciones previas han vinculado al T. gondii con depresión, ansiedad y esquizofrenia. De ahí la pregunta: ¿los países con más gatos serían más felices por la compañía o más tristes por el parásito?
Cómo lo midieron y qué encontraron
El equipo reunió datos públicos de 93 países: puntajes de felicidad (promedio 2022-2024, basados en encuestas Gallup), gatos cada 10.000 habitantes, producto interno bruto por persona, gasto en salud y nivel de ingresos.
Para medir el parásito, usaron como referencia a mujeres embarazadas, a quienes se les hace examen de rutina. Midieron dos tipos de anticuerpos: IgM, que indica una infección reciente, e IgG, que señala una infección antigua o crónica.
El resultado fue que la felicidad nacional se relacionó con más gatos (r= 0,62, donde 1 sería una relación perfecta). También con más riqueza: 0,80 con el PIB per cápita.
En cambio, la cifra bajó donde había más infección reciente (r= −0,54) y, algo menos, más infección crónica (−0,33).
Lo más llamativo es que la densidad de gatos se relacionó con menos parásitos, no con más.
Los autores dicen que la riqueza podría explicarlo. En países ricos, los gatos suelen vivir en casa, comer alimento industrial e ir al veterinario. En los de ingresos bajos o medios abundan los gatos callejeros, que favorecen el contagio.
Ojo con las conclusiones
Los datos, además, tienen otras rarezas. Y es que algunos países podrían haber pesado de forma desproporcionada en los resultados. China es uno de estos, que obtuvo 5,97 puntos de felicidad frente a una media de 5,72, pese a contar con solo 376 gatos por cada 10.000 habitantes frente a los 989 de media.
Finlandia, por otro lado, ofrece otra fotografía. Fue el país más feliz de la muestra y tenía más gatos por habitante que la media.
Precisamente por esto, conviene no sacar conclusiones tan rápidamente. Los datos muestran una relación entre la densidad de gatos, el parásito y los niveles de felicidad, pero no prueban que una cosa sea responsable de la otra. En otras palabras, el estudio es correlacional.
Además, advierten que los resultados describen países, no personas, y no deben usarse para estimar riesgos individuales de tener un gato.
Y finalmente, reconocen otras limitaciones: los datos de parásito vienen de embarazadas, el conteo de gatos mezcla mascotas y callejeros, y no se midieron factores como clima o saneamiento.
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