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Nuevas investigaciones cuestionan la necesidad de repetir ciertos exámenes y tratamientos médicos en adultos mayores, como la extirpación de lesiones en la piel, el uso prolongado de levotiroxina en hipotiroidismo subclínico y la repetición de colonoscopias. Estudios sugieren que en la vejez, cada decisión debe ser personalizada y basada en beneficios reales, siempre bajo supervisión médica. Por ejemplo, la eliminación de queratosis actínicas podría ser innecesaria en muchos casos, y la levotiroxina podría no ser vital de por vida. Respecto a colonoscopias después de los 75 años, el beneficio puede ser mínimo y los riesgos mayores.
Durante años, muchas personas asumieron que ciertos exámenes, tratamientos o procedimientos médicos debían repetirse casi por costumbre, especialmente al llegar a la vejez. Sin embargo, nuevas investigaciones han empezado a instalar una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿todos esos controles siguen entregando beneficios reales en personas mayores o, en algunos casos, pueden traer más riesgos que ventajas?
Ese debate ganó fuerza a partir de estudios recientes que revisaron tres prácticas habituales en adultos mayores: la extirpación de ciertas lesiones en la piel, el uso prolongado de levotiroxina en algunos pacientes con hipotiroidismo subclínico y la repetición de colonoscopias después de cierta edad.
La idea no apunta a suspender controles médicos sin orientación profesional ni a minimizar enfermedades que requieren seguimiento. Más bien, los especialistas plantean que, en la vejez, cada decisión necesita una mirada más personalizada. Lo que resulta útil a los 50 o 60 años no siempre entrega el mismo beneficio a los 80 o 85, recogió The New York Times.
Un ejemplo aparece en el caso del Dr. Steven Itzkowitz, gastroenterólogo de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, en Nueva York. Según relató, una paciente de 85 años cumplía con los criterios para repetir una colonoscopia. Su salud general se mantenía razonablemente bien y los riesgos del procedimiento parecían bajos. Sin embargo, ella tomaba anticoagulantes por stents cardíacos, por lo que tendría que suspenderlos temporalmente antes del examen.
Hace cinco años, reconoció el especialista, probablemente habría programado la colonoscopia “sin siquiera pensarlo”. Pero las investigaciones recientes lo hicieron mirar el caso de otra manera. “Me pregunto: ‘¿Qué estamos logrando aquí?’”, comentó.
Esa frase resume el nuevo enfoque que algunos médicos proponen para ciertas rutinas en personas mayores: evaluar caso a caso, medir el beneficio real y no actuar solo por costumbre.
Lesiones en la piel: feas, molestas, pero muchas veces inofensivas para adultos mayores
Una de las prácticas bajo revisión tiene relación con las queratosis actínicas, esas manchas rojizas o ásperas que suelen aparecer por la exposición prolongada al sol. Normalmente se ven en la cara, el cuero cabelludo, los antebrazos y el dorso de las manos, y aparecen con más frecuencia en personas mayores.
Un amplio estudio realizado con beneficiarios del programa tradicional de Medicare mostró que, durante un período de cinco años, casi el 30% recibió un diagnóstico de queratosis actínica. La pregunta que surge después es clave: ¿siempre hay que eliminarlas?
Según la Dra. Allison Billi, dermatóloga de la Universidad de Michigan y autora de un reciente artículo de opinión publicado en JAMA Internal Medicine, “en la gran mayoría de los casos, se eliminan”. Eso puede implicar criocirugía, es decir, congelación con nitrógeno líquido, cremas tópicas o terapia láser.
La razón habitual para tratarlas apunta al riesgo de que esas manchas evolucionen a cáncer de piel. Sin embargo, la especialista matizó esa idea. “Para el paciente promedio sin antecedentes de cáncer de piel, la probabilidad de que progrese a cáncer de piel es inferior a 1 entre 1000”, afirmó la Dra. Billi, citando un metaanálisis de 2013.
De hecho, explicó que muchas de esas lesiones tienen más probabilidades de desaparecer solas que de transformarse en cáncer. Por eso, en algunos pacientes, el tratamiento puede terminar resultando más incómodo que la lesión misma.
¿Inofensivas?
“El tratamiento puede ser más engorroso que la propia enfermedad”, sostuvo. Además, advirtió que la extracción “es extremadamente dolorosa, tanto durante como después”. También puede causar hinchazón, irritación y decoloración permanente.
A eso se suma otro punto: aunque una lesión se elimine, pueden aparecer nuevas. “Se trata de una afección crónica”, explicó la dermatóloga.
Por eso, la especialista planteó una alternativa menos invasiva: la vigilancia activa. En la práctica, eso significa que los médicos de atención primaria observen las lesiones una vez al año y presten atención a señales de alerta, como sangrado, dolor o crecimiento rápido. En esos casos, sí podría justificarse una extirpación.
“En muchos casos no es necesario. No siempre debemos hacer todo lo posible”, afirmó la Dra. Billi. Eso sí, entregó una recomendación que se mantiene intacta: usar protector solar.
Levotiroxina: el medicamento que algunos podrían dejar bajo supervisión
Otra rutina que los investigadores pusieron bajo la lupa tiene relación con la levotiroxina, uno de los medicamentos más recetados en el mundo. Los médicos la indican cuando la glándula tiroides no produce suficiente hormona tiroidea, una condición conocida como hipotiroidismo.
“Las personas aumentan de peso. Tienen menos energía. Su cabello y su piel se resecan”, explicó el Dr. Jacobijn Gussekloo, médico de atención primaria e investigador del Centro Médico de la Universidad de Leiden, en Países Bajos. “Todo se ralentiza”.
Sin embargo, los médicos también recetan cada vez más este fármaco a pacientes con hipotiroidismo subclínico, una condición límite que por lo general no genera síntomas, aunque puede progresar a hipotiroidismo.
El punto es que muchas personas empiezan el tratamiento y lo mantienen de por vida. Según el equipo del Dr. Gussekloo, eso no siempre sería necesario en adultos mayores. Sus investigaciones mostraron que, en muchos pacientes con hipotiroidismo subclínico, los niveles hormonales pueden normalizarse por sí solos.
El tratamiento en adultos mayores
Además, los investigadores informaron que, entre las personas mayores con esta afección, la levotiroxina no mostró efecto sobre los síntomas ni “ningún beneficio aparente”.
El medicamento, como cualquier tratamiento, también puede traer efectos adversos. Puede interactuar con otros fármacos frecuentes en adultos mayores y exige controles periódicos. “Requiere análisis de laboratorio y seguimientos frecuentes, más visitas y gastos”, afirmó la Dra. Maria Papaleontou, endocrinóloga de la Universidad de Michigan y autora de un editorial en JAMA que acompañó el último estudio holandés.
La especialista también advirtió un riesgo relevante: “En dosis altas, puede provocar hipertiroidismo, lo que puede derivar en arritmias cardíacas y pérdida ósea”. Además, quienes toman levotiroxina deben ajustar su dieta y los horarios de sus comidas.
Para evaluar si algunos pacientes podían dejar el medicamento, los investigadores holandeses diseñaron un protocolo de reducción gradual durante 30 semanas, con exámenes de laboratorio constantes y consultas médicas. Después de un año, una cuarta parte de los 370 participantes, todos mayores de 60 años, dejó la levotiroxina y mantuvo una función tiroidea saludable.
La mayoría de ellos tomaba dosis más bajas desde el inicio. Aun así, la advertencia resulta fundamental: nadie debe suspender el medicamento por su cuenta. La reducción necesita control médico, exámenes y seguimiento. Algunos pacientes siempre necesitarán levotiroxina.
Pero, según la Dra. Papaleontou, los datos sugieren que “un grupo selecto de adultos mayores de 60 años podría no necesitar este tratamiento de por vida”.
Colonoscopias después de los 75: el beneficio puede ser menor
La tercera rutina apunta a las colonoscopias como prueba de detección del cáncer de colon. Durante años, especialistas y pacientes debatieron cuándo resulta seguro dejar de hacer este examen en personas mayores.
El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos, conocido como USPSTF, entrega a estas pruebas una calificación C después de los 76 años y considera que el beneficio resulta “escaso”.
El caso del Dr. Itzkowitz que mencionamos al principio permite entender el dilema. Aunque una colonoscopia puede detectar lesiones importantes, el procedimiento no está libre de riesgos. Puede provocar hemorragia, reacción a la anestesia o perforación del colon. En pacientes de edad avanzada, esos riesgos pueden tener mayor peso, sobre todo si la persona toma medicamentos como anticoagulantes o convive con otras enfermedades.
Las investigaciones recientes también han mostrado que los beneficios de repetir una colonoscopia después de los 75 años son mínimos en algunos pacientes. Por eso, la decisión ya no debería depender solo de la fecha del último examen, sino también del estado general de salud, los antecedentes, los medicamentos y las preferencias de cada persona.
En otras palabras, no se trata de eliminar la prevención, sino de hacerla más inteligente. Para algunos adultos mayores, una colonoscopia todavía puede tener sentido. Para otros, en cambio, el beneficio puede resultar tan pequeño que no compense los riesgos.
El mensaje de fondo de estos estudios apunta a una medicina menos automática y más conversada. En la adultez mayor, muchas decisiones requieren una pregunta simple, pero poderosa: ¿esto realmente ayudará a esta persona en este momento de su vida?
Y aunque la respuesta solo puede entregarla un médico junto al paciente, la evidencia reciente deja una idea clara: hacer más no siempre significa cuidar mejor.
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