Newman ya advertía, a mediados del siglo XIX, que este enfoque pragmático de la educación universitaria no favorecía la formación integral de los estudiantes, pues restringía el desarrollo del conocimiento y del ejercicio reflexivo, sobre aquellos temas que evidencian lo puramente utilitario.

El Papa León XIV ha declarado recientemente Doctor de la Iglesia Universal al santo inglés John Henry Newman, el gran pensador oxoniense, converso al catolicismo, que pasó gran parte de su vida como líder intelectual y religioso en la universidad de Oxford, y luego como católico, siendo el fundador de la primera Universidad católica de Dublín.

Su vínculo a la universidad lo llevó a reflexionar críticamente su naturaleza y proponer un modelo que interpela hoy a la esencia de la educación superior, exhortando a repensar la universidad más allá de un fin utilitario y pragmático que se orienta preferentemente al trabajo.

Los rankings, que previo a la rendición de la PAES publicitan las universidades con las carreras mejor remuneradas, con mayor campo ocupacional y mayor demanda estudiantil, son solo una pequeña muestra de un modelo utilitario cercano a la instrucción, y lejano a la búsqueda de un conocimiento más universal.

En efecto, si se quiere provocar a una sociedad y a una cultura para avanzar en un ethos transformador, esta concepción de universidad resulta insuficiente.

Newman ya advertía, a mediados del siglo XIX, que este enfoque pragmático de la educación universitaria no favorecía la formación integral de los estudiantes, pues restringía el desarrollo del conocimiento y del ejercicio reflexivo, sobre aquellos temas que evidencian lo puramente utilitario.

Esto provoca que muchos estudiantes frecuenten la universidad sin encontrar en ella una formación humana, capaz de ayudarles en el necesario discernimiento acerca del sentido de la vida, los fundamentos y la consecución de los valores y principios, la búsqueda afanosa de ideales, o la sensibilidad por aportar a una sociedad desde la perspectiva del servicio.

Por el contrario, aparece en ellos una incertidumbre grávida de angustia respecto al futuro, y no pocas veces centrada en sus propios beneficios, alcances y logros.

Para Newman, la clave estaba en desarrollar una educación liberal, concepto heredado de la tradición filosófica griega, que concebía la formación del intelecto como el modo más elevado de educación. En su obra The Idea of a University, plasma con asertiva claridad la razón de ser y el objetivo último de una universidad, logrando equilibrar aspectos de la educación tradicional, con aquella que busca su impacto práctico.

El objetivo principal de una universidad, dice Newman, consiste en el cultivo de la mente, en enseñar a pensar y a formar juicios serios sobre las cosas, para así llegar a la verdad y comprenderla, formar el hábito filosófico de la mente como él le llama, buscando desarrollar la capacidad de pensar íntegramente la realidad, logrando un modo de comprenderla que se haga duradero y transformador. Pues, quien ha aprendido a pensar y a razonar, recuerda Newman, estará en condiciones de dedicarse con éxito a cualquiera de las ciencias y profesiones.

Su propuesta versa, sobre una forma de conocimiento universal que es la perfección del intelecto individual, que no consiste en saber sobre todas las ramas del conocimiento, sino simplemente, en la capacidad de ver muchas cosas y a la vez como si fueran una sola realidad, de saber colocar a cada una de ellas en su espacio, en el lugar que le corresponde dentro del sistema universal, de comprender sus valores respectivos, y determinar sus mutuas dependencias.

Se trata del valor absoluto del conocimiento en sí mismo y la equivalente y firme convicción de que el conocimiento no basta para hacer feliz al ser humano.

Por lo mismo, la educación universitaria no es, ni puede ser instrucción, sino que tiene que responder a algo más profundo, que incluye el conocimiento y buen juicio, pero también la elocuencia, la preparación para afrontar distintos trabajos, la forma de comportarse ante los demás, y un modo de enfrentar las dificultades y desafíos. En este sentido, la educación universitaria, es pues, una herramienta de transformación social.

Dentro del restringido marco de acción que nos ofrece el actual sistema universitario, Newman nos interpela hoy a generar condiciones para impulsar una verdadera formación íntegramente humana, que no se reduzca a la sola incorporación forzosa de un par de materias de filosofía, ética o moral, en las mallas curriculares, sino que todo al interior de la universidad permita desarrollar en los jóvenes un pensamiento crítico en todo lo que constituya lo inequívocamente humano.

Dr. Mauricio Albornoz Olivares
Decano Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas

Dr. Alfredo García Luarte
Director General de Vinculación con el Medio
Universidad Católica del Maule

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