¿Cómo alguien que hizo campaña desde el extranjero logró un tercer lugar que nadie anticipó? La respuesta está en cómo sostiene sus creencias: con una convicción tan absoluta que las hace parecer verdades universales.

Franco Parisi hace cuatro años, logró un tercer lugar histórico sin pisar el país, sorprendiendo a encuestas y analistas. Ahora vuelve, y su forma de comunicar me resulta un caso interesante para observar cómo funcionan las creencias personales en el discurso público.

Todos construimos explicaciones personales para darle sentido al mundo: “el éxito viene del esfuerzo”, “el sistema está contra los que trabajan”, “la fe salva”. Como psicólogo, me interesa no si son verdaderas o falsas, sino cómo se expresan y comunican. Parisi las expresa con una característica particular: con absoluta convicción, como si fueran verdades probadas por su propia vida.

“Yo luché en el Nacional, yo luché en mi doctorado”

Cada vez que Parisi cuenta una anécdota personal, usa su biografía como evidencia de que sus ideas funcionan. “Si yo lo logré con esfuerzo, cualquiera puede”. La experiencia personal valida la creencia. Así operan las teorías subjetivas: esas explicaciones que construimos desde nuestra propia experiencia para interpretar cómo funciona el mundo.

Lo potente es que ofrece una explicación simple para problemas complejos: el éxito depende del esfuerzo individual, no del sistema. Para quien siente que el sistema no lo reconoce, esta explicación resuena. No importa si es empíricamente correcta; lo que importa es que conecta con una experiencia emocional.

“Yo compito con todo; me gusta ser protagonista de la vida”

Parisi no presenta sus ideas como opiniones discutibles. Las presenta como certezas. Cuando afirma “Chile necesita acercarse un poquito más a Dios” o describe a su votante como alguien que “no contesta encuestas porque está trabajando”, no hay matiz.

Las personas sostenemos nuestras creencias con distintos niveles de convicción. Algunas las expresamos con cautela (“creo que tal vez…”), otras con total certeza (“así funciona el mundo”). Parisi está en el segundo extremo. Sus reflexiones sobre el dinero (“Yo no respeto el dinero, es un instrumento”) no son análisis económicos; son declaraciones de valores expresadas con total convicción.

Esa convicción tiene efecto. Cuando alguien habla con esa certeza sobre sus creencias, invita a otros a adoptarlas. No por la lógica de los argumentos, sino por la fuerza emocional con que se expresan.

Cuando la convicción reemplaza al argumento

Lo relevante no es evaluar si tiene razón o si su estrategia funcionará electoralmente. Lo relevante es entender cómo se estructuran y comunican estas creencias. Estamos viendo algo que trasciende a Parisi: personas que convierten sus explicaciones personales en mensajes públicos, sosteniéndolas con tal convicción que eso mismo se vuelve central en la comunicación.

Mientras más convicción tengamos sobre nuestras creencias, más las presentamos como hechos universales en lugar de interpretaciones personales. Parisi habla de sus creencias como verdades probadas por su experiencia, con una intensidad que no deja espacio para la duda.

Es un mecanismo que opera en nivel emocional. La biografía personal reemplaza al argumento abstracto. La convicción reemplaza a la discusión. El “yo que lo logró” se convierte en promesa implícita: “tú también puedes”.

Lo que esto nos dice

Parisi construye todo su discurso alrededor de un “yo” meritocrático que luchó y ganó. Y funciona porque ese “yo” no es decoración: es el argumento completo. Sus creencias sobre el esfuerzo, Dios, el dinero, el sistema, se validan por su propia experiencia de vida.

Esto revela algo incómodo: a veces la intensidad con que alguien cree algo importa más que qué tan sólidos sean sus argumentos. La convicción vende. La certeza persuade. Y la biografía personal puede tener más peso que cualquier propuesta técnica.

Entender cómo operan estas creencias no es un ejercicio académico. Es entender cómo funciona la comunicación hoy, cuando las explicaciones personales expresadas con absoluta convicción pueden construir fenómenos políticos completos.

Franco Parisi volverá a competir. Y más allá de los resultados, su discurso seguirá siendo un caso de estudio perfecto sobre cómo las personas convertimos nuestras explicaciones personales del mundo en narrativas que buscan resonar en otros. Con éxito o sin él, eso ya está pasando.

Pablo Castro
Profesor titular, Departamento de psicología de la Universidad de La Serena

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