Desde su natal Perú, la hermana de Anthony Morán Eche relata la vida de esfuerzo del hombre de mar y las gestiones que están realizando para la repatriación de sus restos.

Un amplio operativo de búsqueda y rescate se mantiene activo frente a las costas de Coquimbo, tras el hundimiento de la embarcación “Catalina II”, ocurrido la mañana de este martes en las cercanías de El Panul.

La emergencia, reportada cerca de las 08:20 horas, movilizó a unidades de la Autoridad Marítima, incluyendo personal de la Gobernación Marítima y de la Capitanía de Puerto, con apoyo de medios aeronavales, equipos municipales y pescadores de la zona que se han sumado voluntariamente a las labores.

Hasta ahora, se han recuperado dos de los tres cuerpos de los tripulantes, todos de nacionalidad peruana, mientras continúa la búsqueda del último desaparecido, operativo que podría extenderse por al menos una semana, según estimaciones preliminares.

Los pescadores han sido identificados como José Carlos Chávez Urbina, cuyo cuerpo fue el primero en ser encontrado; Alexander David Taboada Sirlupú, quien permanece desaparecido; y Anthony Morán Eche.

Este último, oriundo de Piura y padre de dos hijos, es recordado por su familia como un excelente hijo, hermano y padre.

Sus cercanos mantenían la esperanza de que, gracias a su experiencia en alta mar, hubiese logrado sobrevivir. Sin embargo, la mañana del jueves 26 de marzo su cuerpo fue encontrado en el balneario de Guanaqueros.

Un pescador de experiencia

Diario El Día tomó contacto con su hermana, Janett, en su natal Perú, quien recuerda los últimos días antes de la tragedia. La última conversación que mantuvieron fue por teléfono. Él solía llamarla desde distintos puertos chilenos, como San Antonio, contándole que, pese a la escasez de trabajo, se encontraba bien y confiaba en que pronto surgirían nuevas oportunidades.

“Me decía que había salido con unos amigos, que el trabajo estaba un poco bajo, pero que ya se iba a mover”, relata.

Días después, la noticia golpeó a la familia: la embarcación en la que viajaba había naufragado.

“Se fue a Chile porque lo llamaron unos amigos. Aquí el trabajo estaba escaso y decidió ir. Él ya conocía ese trabajo, no era primera vez que viajaba y esta vez llevaba como un mes”, agregó su hermana, dando cuenta de una decisión motivada por la necesidad económica y su experiencia en faenas marítimas.

Anthony llevaba al menos tres temporadas viajando entre Perú y Chile, dedicado principalmente a la pesca de pota y jibia. Su vida transcurría entre largos periodos en altamar y breves retornos a casa. Esta vez, sin embargo, emprendió un viaje sin retorno.

“En esta se fue él solito y no con sus hermanos, como lo hacían siempre”, comentí Janett. Según reconstruyó la familia, había viajado inicialmente para trabajar con un tío, pero como su embarcación estaría detenida unos días, decidió aceptar la invitación de otro pescador. “Le dejó un mensaje que decía: ‘Tío, no te preocupes por mí, no me vas a encontrar en el cuarto. He salido con un pata’”, cuenta.

Pese a su experiencia, el desenlace fue fatal. “Mi hermano sabía nadar, trabajaba desde muy joven en el mar. Ha recorrido muchos lugares: Cancas, Sechura, Paita, siempre trabajando”, agregó su hermana, destacando que conocía los riesgos del oficio, pero que también dependía de él para sostener a su familia.

Espera de repatriación

Anthony deja dos hijos: una niña de siete años, que actualmente vive bajo el cuidado de familiares, y un niño de cuatro años que reside con su expareja. “Ella sigue preguntando por su papá”, comenta Janett.

La familia busca ahora la repatriación del cuerpo. Sin embargo, los trámites avanzan lentamente y los costos superan sus posibilidades. Según explica, una funeraria les ha solicitado cerca de 15 mil soles (aproximadamente $3.800.000 chilenos) para trasladar los restos hasta Piura, monto que resulta inalcanzable.

“Ahora mis tíos están viendo todo eso, pero es difícil. Nos dijeron que podría demorar hasta el lunes, pero también depende del dinero”, señala.

Mientras continúan las labores de búsqueda del otro pescador desaparecido, la familia de Anthony Morán espera ayuda para poder cerrar un duelo que, por ahora, sigue abierto.