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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Condenado a presidio perpetuo calificado por femicidio íntimo: Tribunal de Antofagasta resuelve caso de Javiera Jiménez Galleguillos. Su pareja, responsable del crimen, intentó desaparecerla y se hizo pasar por ella ante su madre. Restos ocultos en desierto, cuerpo encontrado un año y cinco meses después. Agravantes como afrenta a la memoria de la víctima y actuar en despoblado. Defensa sin atenuantes por intento de colaboración tardía.

El femicidio de Javiera Jiménez Galleguillos no terminó con el ataque que acabó con su vida durante la madrugada del 26 de agosto de 2022.

Después vino el intento por hacerla desaparecer. El ocultamiento de sus restos en medio del desierto. La huida del país. Las versiones falsas entregadas durante la investigación. Y, dos días después del crimen, una maniobra particularmente cruel: hacerse pasar por Javiera para escribirle a su propia madre y atribuirle un delito que nunca cometió.

Ese conjunto de antecedentes fue parte de lo que el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Antofagasta tuvo a la vista al condenar al hombre de 30 años, pareja y conviviente de la joven influencer, a presidio perpetuo calificado por el femicidio íntimo.

Pero el fallo no solo estableció su responsabilidad por la muerte de Javiera. También reconoció circunstancias que agravaron su actuar, entre ellas una conducta posterior que los jueces consideraron una afrenta a la honra y memoria de la víctima.

Se hizo pasar por Javiera ante su madre

Dos días después del femicidio, durante la madrugada del 28 de agosto de 2022, el condenado utilizó una tarjeta telefónica activada ese mismo día en Calama para contactar a la madre de Javiera.

No le escribió para contarle qué había ocurrido, se hizo pasar por su hija.

En el mensaje, según acreditó la Fiscalía, le aseguró que había atropellado a una persona y que había decidido escapar para evitar ser detenida. También le pidió que no la buscara y que borrara el mensaje.

Cuando posteriormente la madre manifestó su intención de denunciar la desaparición, el hombre volvió a intervenir y le solicitó que no mostrara aquella comunicación a la policía.

Para el tribunal, aquello fue mucho más que una mentira destinada a dificultar la investigación.

Los jueces estimaron que se trató de una acción innecesaria para cometer el femicidio, pero que añadió una humillación a sus consecuencias: utilizó la identidad de una mujer que ya estaba muerta para hacer creer a su madre que había cometido un delito y que se encontraba huyendo.

El fallo lo describió como una “afrenta a la honra y a la memoria” de Javiera, precisamente frente a la persona que más podía resultar afectada por esa falsa historia: su madre.

Un cuerpo escondido durante más de un año

Mientras su familia intentaba saber qué había ocurrido, los restos de Javiera permanecieron ocultos.

La joven había sido asesinada en un sector de la ruta B-400, en una zona desértica, aislada, sin población cercana, sin tránsito habitual e incluso sin cobertura telefónica.

El cuerpo recién fue encontrado el 12 de enero de 2024, un año y cinco meses después del crimen. Para entonces, el acusado ya había escapado de Chile.

La investigación estableció que huyó al extranjero pocos días después de iniciadas las diligencias. Finalmente, fue ubicado en Bolivia y detenido en Santa Cruz de la Sierra, para luego ser entregado en el paso fronterizo de Chungará y trasladado a Antofagasta el 5 de enero de 2024.

Siete días después aparecerían los restos de Javiera. Su identidad debió ser confirmada mediante análisis genético.

Una investigación que comenzó sin cuerpo y con versiones falsas

La denuncia por presunta desgracia fue presentada por la madre de la joven el 31 de agosto de 2022.

Durante los primeros meses, la Fiscalía debió reconstruir lo ocurrido prácticamente a partir de indicios. No había testigos presenciales del crimen y tampoco estaba el cuerpo de la víctima.

Además, el acusado había entregado versiones que resultaron ser falsas.

Pese a ello, los investigadores lograron ubicar la camioneta en que se movilizaba y encontraron en su interior rastros de sangre pertenecientes a Javiera. Con esos antecedentes, la Fiscalía consiguió una orden de detención antes incluso de encontrar los restos.

En el juicio, la Fiscalía presentó una extensa evidencia para reconstruir una historia que el condenado había intentado mantener oculta.

Declararon diez testigos, entre ellos la madre de Javiera, amigas de la víctima y funcionarios de la PDI. También participaron peritos en bioquímica forense, medicina legal y genética.

La noche y el lugar tampoco fueron casualidad para el tribunal

El crimen ocurrió durante la madrugada y en un lugar donde las posibilidades de recibir ayuda eran prácticamente inexistentes.

El tribunal estableció que el acusado aprovechó esas condiciones para ejecutar la agresión: oscuridad, aislamiento, ausencia de personas que pudieran observar lo ocurrido y falta de cobertura telefónica.

Los jueces, eso sí, descartaron que estuviera acreditada una planificación previa para cometer el crimen específicamente en ese lugar. Por esa razón, no aplicaron la agravante de premeditación.

Sí consideraron acreditada la agravante de actuar de noche o en despoblado, precisamente por el aprovechamiento de esas condiciones al momento de atacar a Javiera.

También intentó beneficiarse con su propia versión

La defensa buscó que se reconocieran circunstancias atenuantes, entre ellas una eventual colaboración con la investigación.

El condenado había entregado información sobre un sector de la ruta B-400 después de su detención, antecedente que, según su defensa, debía ser considerado como colaboración sustancial para esclarecer los hechos, pero el tribunal no lo aceptó.

A juicio de los jueces, aquella información solo permitió remover “parcial y tardíamente” un obstáculo que el propio acusado había generado al ocultar el cuerpo.

Tampoco se le reconoció una irreprochable conducta anterior, debido a que registraba una condena por lesiones graves cometidas cuando era adolescente.

Y se descartó la cooperación eficaz, ya que esa figura no resultaba aplicable al delito de femicidio y tampoco existió un acuerdo con la Fiscalía.

“Javiera no se fue ni huyó”

El fiscal regional de Antofagasta, Juan Castro Bekios, destacó que una de las dificultades centrales de la investigación fue precisamente reconstruir lo ocurrido sin testigos y sin el cuerpo de la víctima durante más de un año.

A su juicio, el caso permitió demostrar que la desaparición de Javiera no correspondía a la historia que el condenado intentó instalar.

“El femicidio es la expresión más extrema de la violencia contra las mujeres, y en este caso el daño no terminó con la muerte. Continuó en la mentira, en la suplantación de Javiera ante su propia madre y en un año y cinco meses de búsqueda”, sostuvo.

El persecutor también puso el foco en la madre de la joven, quien participó activamente en la búsqueda. “Javiera no se fue ni huyó, fue víctima de un femicidio, y hoy un tribunal lo declara”, afirmó.

La sentencia estableció finalmente el presidio perpetuo calificado para el condenado, quien no podrá acceder a la libertad condicional antes de cumplir 40 años de privación efectiva de libertad.

Actualmente cumple una pena de 16 años de presidio por dos robos con violencia e intimidación. Una vez que la nueva sentencia quede firme, la pena por el femicidio deberá cumplirse a continuación de aquellas condenas.

La defensa tiene un plazo de diez días desde la notificación del fallo para presentar un eventual recurso de nulidad.

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