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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Argentina avanza en su disputa por la soberanía de las Islas Malvinas al pedir medidas provisionales al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, tras vencer el plazo dado al Reino Unido para detener la explotación petrolera en la zona. El principal foco es el proyecto Sea Lion, operado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, con planes de producción de 55.000 a 125.000 barriles diarios para 2028. Mientras Argentina cuestiona el proyecto, las empresas defienden sus licencias.

La cuenta regresiva llegó a su fin. Hoy venció el plazo de dos semanas que Javier Milei había dado al Reino Unido para que impidiera las actividades vinculadas con la explotación de petróleo en las aguas que rodean a las Islas Malvinas, un reclamo de soberanía que Argentina sostiene desde 1833 y que atravesó a distintos gobiernos.

Al no modificar Londres su posición, el país avanza con el siguiente paso que había anunciado, que es pedir medidas provisionales al Tribunal Internacional del Derecho del Mar (TIDM), como parte del procedimiento arbitral iniciado bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR).

La disputa por los hidrocarburos tiene su principal foco en Sea Lion, ubicado en la Cuenca Malvinas Norte, a unos 220 kilómetros al norte de las islas. La iniciativa es operada por la israelí Navitas Petroleum, que tiene el 65% del proyecto, y la británica Rockhopper Exploration, con el 35% restante.

Ambas mantienen sus planes para comenzar la producción de petróleo en 2028, después de iniciar las perforaciones de desarrollo previstas para principios de 2027. La primera etapa apunta a producir hasta 55.000 barriles por día, mientras que las fases posteriores podrían llevar la capacidad hasta 125.000 barriles diarios.

Samuel Moody, director ejecutivo de Rockhopper, ratificó que el objetivo es alcanzar la primera producción durante 2028 y remarcó que atraviesan “un período decisivo” para el proyecto.

Desde el Gobierno argentino cuestionó el avance del proyecto y planteó que las empresas deberán elegir entre “operar ilegalmente en un territorio disputado o hacerlo de manera rentable y segura en Argentina”.

Por su parte, Rockhopper sostiene que Navitas opera con licencias petroleras que considera válidas, otorgadas por el Gobierno de las Islas Malvinas, y calificó las medidas argentinas como “ilegítimas y carentes de justificación jurídica”.

La Consejería Legal de la Cancillería está a cargo del procedimiento, con participación del embajador Mario Oyarzábal, especialista argentino en Derecho Internacional.

Apenas hace unas semanas, el canciller Pablo Quirno explicó que se trata del inicio de un proceso arbitral previsto por la CONVEMAR y remarcó en A24 que “Argentina es la primera vez que somete a un tribunal internacional la disputa sobre los hechos unilaterales que está realizando el Reino Unido sobre la explotación de hidrocarburos”.

El Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, no va a decidir quién tiene la soberanía sobre las Islas Malvinas. Sino que el tribunal se ocupa específicamente de cuestiones vinculadas con el Derecho del Mar, a partir de las reglas establecidas por la CONVEMAR.

Se podrá analizar si un Estado puede avanzar unilateralmente con la explotación de recursos naturales no renovables, como el petróleo, en una zona marítima cuya soberanía se encuentra en disputa entre dos países.

Argentina busca que el tribunal adopte medidas provisionales mientras se desarrolla el procedimiento arbitral. Si el tribunal las concede, las decisiones tienen carácter obligatorio para los Estados involucrados.

El TIDM está integrado por 21 jueces y actualmente tiene entre sus miembros a la argentina Frida María Armas Pfirter, quien desde octubre ocupa además la vicepresidencia del organismo. El Reino Unido no cuenta con un magistrado propio en el tribunal, aunque podría designar un juez ad hoc para intervenir en el caso.