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La desgarradora vida de Paquita la del Barrio, la intérprete de “Ratas de dos patas”

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Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho (…)” Esas duras palabras convirtieron a la cantante Paquita la del Barrio en una de las artistas de música popular más recordada de México y América Latina, y en una trovadora del desamor.

Sin embargo, más allá del éxito que le trajo su canto a los desengaños amorosos, la vida de la intérprete fue mucho más dura de lo que alguien se podría llegar a imaginar.

Francisca Viveros Barradas, como se llama en realidad la artista, nació en abril de 1947 en el seno de una familia que vivía en la máxima pobreza. Esto obligó a sus padres a dejar a la niña con una tía, quien finalmente la cuidó y crió para enfrentar al mundo.

Según ella misma narra en su página web, durante su infancia anduvo descalza pues no tenían dinero para zapatos, además tuvo que comenzar a trabajar desde muy temprana edad y en los más diversos oficios, como por ejemplo, vender pan, cortar mangos y cosechar café.

A pesar de todo, siempre intentó seguir en la escuela donde además descubrió que tenía una buena voz para cantar. Poco a poco fue explotando su veta artística y cada vez tenía menos vergüenza para presentarse frente a la gente.

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“De niña montaba mucho a caballo y en el camino me ponía a cantar. Después, en la escuela, entré a la primaria a los 10 años; cuando estaba en tercer año, el maestro hizo un día de campo y preguntó: ‘¿Quién sabe cantar?’. Y no faltó uno de los chamacos que gritara que Chica, como me llamaban, sabía cantar. Dije: “No es cierto, no canto”, pero, total, me hicieron cantar, y de ahí para adelante fui la artista de la escuela en cada evento”, comentó en una entrevista con el portal ElTiempo.com.

La situación económica de su familia empeoró, por lo que tuvo que abandonar la escuela y dedicarse a trabajar. A los 15 años comenzó a trabajar en el Registro Civil de su pueblo, donde conoció Miguel Gerardo, un hombre casado 30 años mayor y de quien se enamoró perdidamente.

El hombre la llevó a vivir con él a otro pueblo, donde ella quedó embarazada. En ese tiempo también descubrió que él tenía otra familia y una esposa, pero pese a la decepción decidió quedarse al lado del hombre.

“Me junté con él siendo una chamaca y resultó que no se me ocurrió informarme de si era casado o no. Total, que me enredé y viví siete años con él”, comentó.  “Cuando lo cambiaron de lugar, me fui con él a Chicontepec, allá nació mi segundo hijo. -Pero-Cuando la señora iba a verlo, para mí fue un sufrimiento muy terrible”, agregó.

“Un día quise visitar a mi mamá y llevé los niños. Le dejé a ella los niños. Como al mes o un poquito más, él me dijo: ‘¿Vas a ir por los niños?’. Le dije: ‘Sí, voy por ellos’, y me fui pero no regresé con él, me quedé en mi pueblo”, reconoció.

Vida nueva, nueva decepción

En 1970 tomó la decisión de seguir adelante con su vida y se fue a vivir a Ciudad de México con la esperanza de encontrar un trabajo que le permitiese mantenerse  a ella, sus hijos y su hermana Viola, quien la acompañó en esta aventura.

Sus primeros años en la capital no fueron fáciles, de hecho, tuvieron que vivir como “allegados” en una casa muy pobre de un amigo de su pueblo, quien al mes de haber albergado a la mujer y su hermana,  les pidió que se fueran.

Sin embargo, Paquita y Viola estaban decididas a triunfar y formaron un dúo musical al que llamaron “Las Golondrinas”, el cual se presentaba en un bar llamado La fogata norteña. En dicho lugar conoció a un hombre que la inspiró musicalmente, pero que le hizo la vida imposible.

Alfonso Martínez sedujo a la joven de entonces 27 años, a quien le pidió matrimonio rápidamente. Aunque no lo aparentaba, el hombre golpeaba a la mujer sin piedad y sin importar que los hijos de ella estuviesen presentes.

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Las cosas empeoraron en 1975, cuando el dúo comenzó a tener tal éxito que unos productores fijaron sus ojos en una de ellas, Viola. A la muchacha le ofrecieron un contrato para ir de gira por Perú y Chile, el que aceptó dejando fuera del trato a su hermana mayor. A partir de ese día, la relación entre ambas se quebró y no volvieron a dirigirse la palabra durante años. En entrevistas solían culparse y criticarse la una a la otra. Por ejemplo, “Paquita acusó a Viola de
haber matado de tristeza a su madre, por haberse ido del país; mientras que Viola acusó a Paquita de la muerte de los gemelos -hijos de Paquita-, por ser alcohólica y beber durante el embarazo”.

“Paquita siempre me ha tenido envidia, cuando cantábamos juntas la gente siempre decía que yo lo hacía mejor; aparte yo estoy más delgada. Nunca le hablaré a mi hermana porque ella es muy envidiosa”, señaló Viola al programa La Oreja (Televisa).

Tras la muerte de sus gemelos -por causas desconocidas-, la artista adopta a la hija de su medio hermano, quien se encontraba muy mal de salud en ese tiempo y con quien tuvo una conexión especial.

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Poco antes de eso, logra reunir dinero para comprar un terreno donde funda un restaurante llamado Casa Paquita, el que en un principio estaba construido con lonas y en donde ella misma se presentaba para cantar.

En 1984 y con sus ahorros pagó la grabación de su primer disco. Aunque le costó mucho que las disqueras lo aceptaran, sí consiguió que fuera entrevistada en un importante programa de México, el que finalmente la lanzó a la fama definitiva.

Los telespectadores quedaron encantados con su voz y con sus letras sinceras, y hacían fila para verla presentarse en vivo en su restaurante.

#PaquitaLaDelBarrio

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La casa de Paquita

El restaurante de la cantante no podía ir mejor, y se convirtió en un centro de encuentro para clientes de todos los estilos, desde trabajadores comunes hasta políticos y celebridades como Salma Hayek, Cristián Castro e incluso Luis Miguel.

El mismo lugar sirvió como set televisivo para las grabaciones de María la del Barrio, protagonizada por Thalia y donde Paquita hizo una aparición especial.

En este lugar también nació su famosa frase “me estás oyendo inútil”, la que le gritó a su marido cuando éste no había llegado al hogar en dos días. “Era un domingo, yo estaba cantando, iba él entrando y se me ocurrió cantar la canción Cheque en blanco –recuerda Paquita–. Y lo que me salió del corazón fue gritar: ‘¿Me estás oyendo, inútil?’, recordó.

“La gente se rió. Y por eso comencé a repetirlo. Más adelante, comencé a volverme famosa. Y esa frase se quedó en las canciones desde entonces”, continuó.

Su música antihombres

Durante el principio de su carrera, Paquita no cantaba contra los hombres, al contrario. Pero luego que su esposo volviese a desaparecer por varios días para irse de fiesta, la mujer sufrió un cambio en su vida.

Contrató a un detective para que investigara a su marido y descubrió que el hombre no sólo la había estado engañando, sino que también tenía otra familia y una hija de 15 años.

El dolor del engaño hizo que optara por canciones de desamor desgarradoras. “Yo canto las canciones porque me nace cantarlas. Las siento, las hago mías. ¡Cuánta mujer hay dolida! Pero también el hombre está dolido. De esto hay para todos”, reconoció.

En ese periodo conoció a Manuel Eduardo Toscano, el autor de ‘Rata de dos patas. “Él escuchó las canciones que tenía yo grabadas y veía los programas de televisión. Él había compuesto Me saludas a la tuya, me la trajo y se la grabé. Y fueron surgiendo más canciones y creo que ahorita es el compositor que más me entiende, el que más me hace canciones. Él las hace a su modo, y da la casualidad de que casi todas las canciones me llegan”.

En 2004, cuando la carrera de Paquita había alcanzado su punto álgido, el marido de la cantante falleció y desde entonces ella se ha mantenido soltera, aunque asegura que no se arrepiente de sus decisiones.

“Dicen que la hoja del árbol no se mueve sin la voluntad de Dios. Entonces, todo lo que ha pasado conmigo, él me lo ha mandado, tengo que cumplirlo y hacer lo que él dice”, finalizó.

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