VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un estudio de la Universidad de Cornell reveló que sentirse solo puede ser más perjudicial para la salud que el nivel de aislamiento social. La investigación identificó la "asimetría social", donde la cantidad de relaciones no coincide con la conexión emocional, afectando la salud a largo plazo. Aquellos que se sentían más solos de lo esperado enfrentaban un 13% más de riesgo de muerte y mayores probabilidades de enfermedades. El estudio destaca la diferencia entre estar solo y sentirse solo, mostrando que la calidad de las relaciones es crucial para el bienestar.

Tener una agenda llena de compromisos, conversar diariamente con amigos o compartir con otras personas no siempre significa sentirse acompañado. De hecho, una investigación de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, reveló que sentirse solo puede representar un riesgo para la salud incluso mayor de lo que sugiere el nivel de aislamiento social de una persona.

El estudio encontró que quienes experimentaban más soledad de la que cabría esperar por su cantidad de contactos sociales presentaban un 13% más de riesgo de morir por distintas causas, además de una mayor probabilidad de desarrollar determinadas enfermedades.

Los resultados plantean una diferencia importante: no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Mientras algunas personas mantienen numerosas relaciones, pero experimentan una profunda desconexión emocional, otras disfrutan de una vida social reducida sin que eso afecte necesariamente su sensación de bienestar.

La investigación, titulada Social Asymmetry and Risk of Morbidity and Mortality, examinó precisamente cómo esta diferencia se relaciona con la salud a largo plazo.

Sentirse solo, incluso cuando estamos acompañados

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron información de 7.845 adultos de 50 años o más residentes en Inglaterra, a quienes siguieron durante un promedio de 13,6 años.

Durante ese periodo, compararon dos aspectos de sus vidas: el aislamiento social, relacionado con la frecuencia de sus contactos y la participación en actividades, y la soledad, entendida como la percepción personal de no contar con vínculos suficientemente significativos.

Los científicos identificaron un fenómeno que denominaron asimetría social, que aparece cuando la cantidad de relaciones de una persona no coincide con la conexión emocional que experimenta.

Por ejemplo, alguien puede compartir diariamente con compañeros de trabajo, reunirse con familiares y mantener contacto frecuente con amigos, pero aun así sentir que nadie lo comprende o que carece de relaciones verdaderamente cercanas.

En el extremo contrario, una persona puede vivir sola, tener pocos amigos y participar escasamente en actividades sociales, sin experimentar sentimientos de soledad.

Esta diferencia permitió identificar dos grupos con características particulares: personas socialmente vulnerables y personas socialmente resilientes.

Los riesgos para la salud que identificó el estudio sobre la soledad

Los resultados mostraron que las personas que se sentían más solas de lo que sugería su nivel de aislamiento social enfrentaban mayores riesgos de salud.

En comparación con quienes registraban bajos niveles de soledad y aislamiento, los investigadores encontraron las siguientes asociaciones:

– 13% más de riesgo de mortalidad por distintas causas.
– 16% más de riesgo de enfermedad cardiovascular, relacionada con problemas del corazón y los vasos sanguíneos.
– 21% más de riesgo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), una afección que dificulta la respiración.

Los autores clasificaron a estos participantes como socialmente vulnerables, debido a la diferencia entre sus relaciones sociales y la soledad que experimentaban.

Sin embargo, los resultados fueron distintos entre quienes tenían pocos contactos sociales, pero no se sentían solos.

Este segundo grupo, denominado socialmente resiliente, presentó pocas asociaciones con los problemas de salud que examinó la investigación.

El hallazgo sugiere que tener menos relaciones sociales no necesariamente implica experimentar una mayor desconexión emocional, así como mantener numerosos contactos tampoco garantiza sentirse acompañado.

Eso sí, los investigadores advirtieron que el estudio es observacional. Por lo tanto, sus resultados permiten identificar asociaciones, pero no demostrar que sentirse solo provoque directamente estas enfermedades.

¿Por qué importa cómo vivimos nuestras relaciones?

Anthony Ong, profesor de Psicología y director de Human Health Labs de la Universidad de Cornell, explicó que personas con circunstancias sociales similares pueden experimentar trayectorias de salud diferentes dependiendo de cómo perciban sus relaciones, recogió Infobae.

La investigación plantea así una interrogante relevante para comprender el bienestar: ¿basta con conocer cuántos amigos o familiares tiene alguien para determinar si cuenta con una vida social satisfactoria? Los resultados sugieren que no.

De hecho, el problema trasciende las experiencias individuales. Según un informe de 2025 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad, un fenómeno que puede afectar tanto la salud física como la mental.

La evidencia tampoco se limita a Cornell. Una revisión publicada en Nature Human Behaviour, que reunió 90 estudios y datos de más de 2,2 millones de personas, encontró asociaciones entre la soledad, el aislamiento social y una mayor mortalidad.

Ambas investigaciones refuerzan la importancia de evaluar estos fenómenos por separado, sin asumir que todas las personas necesitan la misma cantidad de interacciones sociales para sentirse conectadas.

En definitiva, el trabajo de Cornell apunta a una conclusión relevante: la calidad percibida de nuestras relaciones puede aportar información sobre la salud que el número de contactos, por sí solo, no consigue reflejar. Porque estar rodeado de personas y sentirse acompañado no siempre son la misma cosa.