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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un estudio de la Universidad de Texas en Austin sugiere que hacer ejercicio de forma frecuente, en lugar de concentrarlo en un solo día, mejora el sueño en la primera parte de la noche. Realizado en 2025, el trabajo liderado por Benjamin Baird y Chris Corral reveló que solo 10 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa brindan beneficios. La investigación, que analizó datos de 69 adultos jóvenes con pulseras Fitbit, mostró que la distribución de la actividad física a lo largo de la semana está relacionada con un mejor descanso.

Hacer ejercicio con frecuencia durante la semana, y no concentrarlo en un solo día, se asocia a un mejor sueño en la primera parte de la noche.

Así lo sugiere un estudio de 2025 de la Universidad de Texas en Austin (EE. UU.), publicado en la revista Journal of Physical Activity and Health, que además encontró beneficios con apenas 10 minutos diarios de actividad.

El trabajo fue liderado por el investigador Benjamin Baird, profesor asistente de investigación en psicología, junto con el estudiante de posgrado Chris Corral. Según detalla ScienceDaily, el equipo buscaba saber si importa repartir el ejercicio o hacerlo todo junto, como el llamado “guerrero de fin de semana”.

“Para la salud del sueño, la frecuencia parece importar”, resume Benjamin Baird, profesor asistente de la investigación.

¿Cómo se hizo el estudio?

Los investigadores analizaron datos de 69 adultos jóvenes, con una edad promedio de 21,5 años y un 63% de mujeres, todos estudiantes universitarios. Cada uno usó una pulsera Fitbit, un reloj que mide el pulso y el movimiento, durante dos períodos que sumaron ocho meses.

Con el ritmo cardíaco, el equipo clasificó la actividad en “ligera” y “moderada a vigorosa”, la que hace respirar más fuerte de lo normal, pero permite conversar. El reloj también estimó las etapas del sueño, aunque los autores advierten que distingue mejor entre sueño REM (el de los sueños vívidos) y no REM (que incluye el sueño profundo) que entre sueño ligero y profundo.

Además, los participantes respondían encuestas matutinas sobre energía, estrés, contento y calidad del sueño. Los datos se analizaron en bloques de cinco días seguidos y también hora a hora dentro de cada jornada.

¿Qué encontraron?

Los días con al menos 10 minutos de actividad moderada a vigorosa dentro de un período de cinco días se asociaron con una menor proporción de sueño REM respecto del no REM en las primeras tres horas de sueño. Es un patrón considerado normal, pues el sueño profundo debería predominar al inicio de la noche y el REM hacia el final.

La actividad ligera también tuvo efectos. Mayor cantidad total en cinco días se asoció con ese mismo cambio y con más energía en la mañana. En un mismo día, estar activo al menos 3 minutos por hora se vinculó con más tiempo total de sueño, y estar activo con intensidad moderada o alta por hora, con mayor contento al despertar.

“Mejor sueño significa mejor salud cerebral y potencialmente menores riesgos de enfermedades crónicas y depresión”, afirmó Baird, quien agregó que “no necesitas correr maratones” y que “la actividad ligera también cuenta”.

Límites y qué viene

Los autores aclaran que se trata de un análisis observacional: muestra asociaciones, no prueba que más frecuencia cause mejor sueño. Algunos resultados rozan el umbral estadístico y, en dos casos, sus intervalos de confianza incluyen el cero, por lo que piden cautela.

Tampoco pudieron distinguir el tipo de ejercicio.

Las guías actuales piden unos 150 minutos semanales de actividad moderada, sin exigir repartirlos. El equipo prepara ahora un estudio de cinco años con una población más amplia y diversa.

Al respecto, el profesor Brendon Stubbs, del King’s College de Londres, recomendó al Daily Mail partir con una caminata rápida de diez minutos y evitar sesiones intensas en la hora previa a acostarse, que pueden dejarlo a uno “demasiado activado” para dormir.

Si el insomnio persiste, advierte que la terapia cognitivo-conductual es el tratamiento de primera línea.

¿Cómo hicimos esta nota?

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