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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un estudio revela que la menopausia no es un proceso gradual, sino un "precipicio" fisiológico, con cambios bruscos en decenas de indicadores del cuerpo femenino. Liderado por Ari Alon del Instituto Weizmann de Ciencias de Israel, el análisis de más de 300 millones de exámenes de laboratorio de mujeres en EE. UU. e Israel mostró alteraciones hormonales, óseas, hepáticas, renales y de colesterol, atenuadas en quienes usan terapia hormonal. Se utilizó una técnica matemática, YoGlen, para corregir el registro de la última regla y se encontraron saltos significativos en parámetros de salud alrededor de este periodo, con un mayor riesgo de enfermedades. La terapia hormonal mostró reducir los cambios en hueso, hígado y riñón, pero aumentó la inflamación. Recomiendan adelantar la prevención a los 40 años y realizar densitometrías óseas.

La menopausia no sería una cuesta suave como describían los libros de ciencias, sino un “precipicio” fisiológico con cambios bruscos en decenas de indicadores del cuerpo femenino en torno a la última regla.

Esa es la conclusión de un estudio de 2026 publicado en la revista Nature Medicine, liderado por el biólogo de sistemas Uri Alon, del Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, y que reporta el diario El País.

Los investigadores analizaron más de 300 millones de pruebas de laboratorio de más de un millón de mujeres para llegar a aquella conclusión.

Además, en medio de las indagatorias, encontraron que el desajuste de las hormonas sexuales empieza unos 12 a 15 años antes de la última regla, bastante antes de lo que se creía.

Un truco de astronomía para enfocar la menopausia

El problema de fondo es que casi ningún historial médico registra la fecha de la última regla, por lo que los análisis se ordenan por edad. A algunas mujeres les llega la menopausia a los 45 y a otras a los 53.

Para resolverlo, el equipo recurrió a una técnica de la astronomía llamada “deconvolución”, que se usó para corregir las imágenes borrosas del telescopio espacial Hubble tras descubrirse un defecto en su espejo en 1990.

“Parecía gradual, pero era casi un efecto óptico”, resume Silvia P. González, presidenta de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, quien no participó en el trabajo.

El método, bautizado YoGlen, no necesita saber cuándo tuvo la menopausia cada mujer. Le basta con conocer cómo se reparte esa edad en la población y trabaja hacia atrás para calcular qué escalón produciría la rampa borrosa observada. No adivina casos individuales: reconstruye la trayectoria media de la población.

Qué se midió y qué se encontró

Se usaron dos bases de datos. La primera es la encuesta de salud estadounidense NHANES, con unas 36.000 mujeres evaluadas entre 1999 y 2022. La segunda son los registros de la aseguradora israelí Clalit, que cubre a la mitad del país, con 1,3 millones de mujeres de 30 a 70 años seguidas entre 2004 y 2024.

En la cohorte estadounidense, 52 de 90 parámetros dieron un salto brusco en torno a la última regla.

No solo caen las hormonas sexuales: también cambian la densidad ósea, las enzimas del hígado, la función renal, el colesterol y la osmolalidad de la sangre, es decir, su concentración de sales. Hasta el plomo en sangre sube, probablemente porque el hueso, al perder masa, libera el que tenía almacenado.

Los saltos medidos en Israel y Estados Unidos coinciden casi punto por punto, con una correlación de 0,89 (donde 1 sería coincidencia perfecta).

Para descartar un espejismo del algoritmo, se aplicó el mismo cálculo a hombres, como si tuvieran una “menopausia” a los 50: no apareció ningún escalón, solo un envejecimiento gradual.

Casi todos los cambios van hacia un mayor riesgo de enfermedad. La excepción son el hierro y los glóbulos rojos, que mejoran al cesar el sangrado menstrual, con lo que baja la anemia.

Tras la última regla, se acelera la osteoporosis, más que en hombres de la misma edad, y también los infartos y los ictus. La depresión muestra un repunte transitorio: en el año siguiente a la menopausia, el 19% de las mujeres de la muestra estadounidense presentaba depresión moderada o grave, frente al 11% en los años posteriores.

Alertas más tempranas y el rol de la terapia hormonal

Tres hormonas clave empiezan a desajustarse mucho antes. La hormona antimülleriana, indicador de la reserva de óvulos, acelera su caída unos 15 años antes; la hormona foliculoestimulante sube unos 14 años antes y el estradiol, un tipo de estrógeno, cae unos 12 años antes. Es unos siete años antes de lo descrito por estudios previos como SWAN.

“Adelanta la ventana de prevención a los 40 años”, afirma González.

El trabajo también comparó a mujeres con terapia hormonal de la menopausia con las que no la usaban.

En las usuarias, los saltos son mucho menores, sobre todo en hueso, hígado y riñón: 39 de 80 parámetros difieren entre ambos grupos. La tendencia se repite en más de 9.000 mujeres israelíes a las que se recetó el tratamiento.

Con todo, hay cautelas. El estudio es observacional, y las mujeres que acceden a la terapia pueden estar más sanas o tener mejor atención médica. “No hay nada que sustituya a un ensayo clínico aleatorizado”, admite Alon, cuyo laboratorio prepara uno con terapia hormonal antes de la última regla.

Alon advierte además que estos análisis no sirven aún como reloj individual, por las grandes fluctuaciones de la perimenopausia. Como opinión personal, no como resultado del estudio, sugiere hacerse una densitometría (examen de densidad ósea) hacia el final de los 30 o inicios de los 40 para tener una referencia.

González subraya el matiz clave: “Ese precipicio es una medida de la población, no lo que le pasa a cada mujer el último día de su regla”. Y agrega: “La menopausia de cada mujer es como una huella dactilar, personal e intransferible”.

Un dato aparte: El siguiente objetivo del equipo de Alon es estudiar la pubertad con el mismo método.

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