La semana pasada, la Alameda volvió a teñirse de violencia. Luego de cuatro años en que prácticamente no pasó nada, volvimos a vivir protestas en las que la Confech y la CUT llamaron a manifestarse en contra de una serie de demandas. Pero, al igual que hace algunos años, fue la violencia la principal protagonista de la movilización.

Nuevamente, ante la sorpresa de nadie, un grupo de encapuchados que participaba en estas manifestaciones agredió a personas que pensaban distinto y que se encontraban pacíficamente resguardando las puertas de la Casa Central de la Universidad Católica.

Y cuando se reviven esas imágenes, es inevitable recordar lo que vivimos hace siete años, cuando cada manifestación venía acompañada de violencia, ataques a Carabineros y destrucción de la propiedad privada, haciendo necesaria la intervención de los carros lanzaaguas y de las fuerzas policiales.

La pregunta que hoy debemos hacernos es directa: ¿la izquierda volverá a guardar silencio? ¿Volverán a ser cómplices de actos violentos, amparándose en esa frase hecha de que “son legítimas protestas sociales”? Porque lo que hay detrás de esa supuesta legítima protesta es un grupo de violentos que no duda en convertir a cualquier persona en su víctima.

No podemos repetir lo que se vivió durante el “estallido”, cuando este tipo de manifestaciones eran utilizadas para causar destrozos, vandalismo y actos de violencia pura. La izquierda debe dejar atrás la “inocencia” de sus declaraciones y entender que quien no se manifiesta en contra de la violencia termina siendo cómplice de ella.

No basta con guardar silencio. Hay que ser capaces de condenar todo tipo de violencia y hacerlo siempre, no solo cuando les conviene. Y lo que hemos visto estos días es que el silencio, particularmente del Frente Amplio y del Partido Comunista, es total.

Aquí es donde surgen las suspicacias legítimas que todo Chile ve: ¿por qué salen a las calles con tanta fuerza cuando gobierna la derecha, pero hibernan cuando gobierna la izquierda? ¿Dónde estuvieron durante los cuatro años del gobierno de Boric? Es la doble moral y el doble estándar en su máxima expresión.

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La actual administración solo lleva seis meses en el cargo y ya ha mostrado avances en la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT). Se aprobó la ley de flagrancia, se está avanzando en barreras fronterizas, en la expulsión de migrantes y en cárceles de máxima seguridad, entre otras medidas. Y justo cuando hay avances, salen a las calles. Curioso.

Desde la UDI tenemos la firme convicción de que, en democracia, siempre debemos velar por el legítimo derecho a la manifestación. Pero, como país, debemos cortar de raíz los hechos de violencia que terminan, muchas veces, amparados en un silencio cómplice que no debería existir. La violencia debe ser condenada siempre, venga de donde venga.