Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
Un nuevo análisis de 46 cráneos excavados en Abydos, Egipto, halló fracturas por golpe contundente en 18, lo que apoyaría la hipótesis de sacrificio de sirvientes en la Primera Dinastía. El estudio, de la bioarqueóloga Roselyn Campbell, se publicó en 2026 en Frontiers in Environmental Archaeology.
Cuando el arqueólogo británico Flinders Petrie sacó de Egipto un conjunto de cráneos en la década de 1920, tuvo el cuidado -por entonces extremo- de cubrirlos con parafina para que no se deterioraran. Lo que no hizo fue notar que de ellos, cuatro de cada diez tenían una fractura huella de un golpe mortal. Un siglo después, alguien volvió a mirarlos con ojos más entrenados.
Así, según un nuevo estudio en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, publicado en 2026 y reportado por Ars Technica, 18 de 46 cráneos (cerca del 39%) muestran fracturas lineales compatibles con traumatismo por golpe contundente. El trabajo fue liderado por Roselyn Campbell, bioarqueóloga de la Universidad de Purdue, y revive un debate antiguo: si los primeros faraones se llevaban a la tumba a sus sirvientes y funcionarios.
Un debate con pocas pruebas
Los egiptólogos discuten hace décadas si en la Primera Dinastía, los primeros gobernantes del Egipto unificado, hace unos 5.000 años, existió el llamado "sacrificio de sirvientes", es decir, matar a personas del entorno del rey para que lo atendieran en el más allá. El problema es que hay muy poca evidencia, porque muchas de las tumbas más antiguas fueron saqueadas o excavadas a toda prisa.
Campbell, fascinada por la historia del sacrificio humano, dice que le interesa "cómo los seres humanos decidimos qué tipos de violencia están bien y cuáles no", y advierte que hay que ser cuidadosos de no imponer nuestras ideas a otras culturas, sobre todo en Egipto, donde la arqueología europea y colonial llegó con nociones muy marcadas.
Según ella, el debate suele zanjarse en dos bandos: "O definitivamente ocurrió, fin de la discusión, o definitivamente no ocurrió, fin de la discusión. Pero nadie ha mirado los huesos en mucho tiempo".
Ars Technica
Qué se hizo y qué se encontró
Campbell eligió como caso de estudio los restos excavados por Petrie en Abydos, en el sur de Egipto, sede de un cementerio real donde fueron enterrados varios de los primeros faraones (y, aunque no tenga nada que ver con el tema, hogar de la que podría ser la cervecería más antigua del mundo). Analizó 46 cráneos guardados en la Universidad de Cambridge, provenientes del cementerio de Umm el-Qaab, que contiene tumbas secundarias alrededor de las reales, presumiblemente de sirvientes. Las lápidas conservan nombres y títulos de funcionarios de rango bajo y medio y de artesanos.
Abydos ofrece quizá la mejor evidencia posible: muchas de esas tumbas parecen haber sido llenadas y selladas todas a la vez, y no en momentos distintos como era habitual en cementerios compartidos. Petrie ya sospechaba un sacrificio.
Campbell reexaminó los cráneos para estimar edad, sexo, estado de salud y posibles causas de muerte. Sus resultados sobre el sexo fueron en general parecidos a los de Petrie, aunque aclara que con solo el cráneo es difícil estar segura: haría falta la pelvis. Los demás huesos fueron medidos por Petrie y luego reenterrados todos mezclados en una fosa, así que emparejarlos con cada cráneo sería casi imposible.
Lo más llamativo fueron las fracturas lineales en 18 cráneos. Según Campbell, esos golpes habrían dejado inconsciente a la persona, con hemorragia interna y probable muerte. Algunos cráneos además mostraban cortes con arma afilada, incluido uno con signos de tajo en una órbita. Para el resto, los especialistas han propuesto asfixia, estrangulamiento o envenenamiento.
Por qué Petrie no lo vio
Petrie no anotó daños fatales. Campbell no cree que fuera descuido: "Creo que no se le pasó por alto porque era un observador bastante cuidadoso. Simplemente no sabía qué ni cómo debía buscar".
Solo en las últimas décadas se aprendió a distinguir cuándo ocurrió una lesión según cómo reacciona el hueso seco, fresco o antiguo. Sin ese conocimiento, explica, "ves una grieta y dices: ‘Ah, probablemente pasó durante la excavación’". Es como distinguir una taza rota hoy de una que se quebró hace siglos.
El tipo de fractura también dice algo sobre el arma. Una maza, que los gobernantes egipcios muestran en el arte aplastando enemigos, produciría fracturas hundidas, no lineales. Por eso Campbell cree que se usó algo más ancho, plano y liviano, quizá una tabla o un garrote de madera. Petrie pensaba en una bolsa de arena, pero ella duda: "la fuerza necesaria para balancear una bolsa de arena grande podría haber causado más daño".
La investigadora también reflexiona sobre el propio Petrie, quien se concentraba en los cráneos por la frenología -la idea desacreditada de que la forma del cráneo revela raza e inteligencia- y defendía la teoría de la "raza dinástica", según la cual una cultura foránea habría construido los monumentos egipcios. "Petrie fue en muchos sentidos adelantado a su tiempo, pero también un producto de su época", dice, y agrega que dentro de 100 años seguramente otros se sorprenderán de lo que hoy hacemos.
¿Por qué sacrificar gente?
Para Campbell, el sacrificio pudo servir como herramienta política: "Cuando estableces una nueva forma de gobierno, sobre todo una que depende de un gobernante divino o semidivino, tienes que convencer a una población enorme de que eres tú quien tiene el poder, y el control sobre la vida o la muerte es una de las mejores maneras".
También supone una creencia previa en la vida después de la muerte. "Si sólo quisieras matar gente para exhibir poder, podrías elegir a un montón de campesinos pobres y a nadie le importaría", plantea. Elegir funcionarios y artesanos sugiere que realmente se esperaba que cumplieran una función en el más allá.
Un dato aparte: la práctica duró poco. "Es económicamente muy costoso matar a cientos de personas cada 20 a 40 años. Eso no es sostenible", dice Campbell. Quizá la contabilidad terminó acabando con la tradición antes que cualquier objeción moral.
La investigadora recuerda además que la Primera Dinastía "no surgió de la nada", ya que a lo largo del Nilo ya había sociedades ricas y desiguales con posible evidencia de violencia o sacrificios. Lo singular de Abydos es la escala y que dejó de hacerse rápidamente. Si esos cráneos guardaban un secreto desde hace un siglo, cabe preguntarse qué más esconderan las colecciones antiguas de los museos.
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