Conseguir un mejor trabajo, ganar más dinero, comprar una casa o alcanzar ese ascenso que parecía imposible. Para muchas personas, estos logros representan el camino hacia la felicidad. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando finalmente alcanzamos nuestras metas y descubrimos que seguimos sintiendo que nos falta algo?
La respuesta podría estar en la manera en que entendemos el éxito. Así lo plantea Constantine “Kosti” Psimopoulos, investigador del Programa de Florecimiento Humano de la Universidad de Harvard, quien advierte que acumular logros económicos y profesionales no necesariamente garantiza una vida satisfactoria.
En una entrevista con Visión Universitaria, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el especialista explicó que uno de nuestros principales errores consiste en medir el bienestar exclusivamente a través de indicadores materiales, dejando de lado aspectos fundamentales como las relaciones personales, la salud mental y el propósito de vida.
Su planteamiento coincide con investigaciones científicas que llevan décadas intentando responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué necesitamos realmente para ser felices?
La trampa de pensar que seremos felices cuando ganemos más dinero
Una persona que gana 30 mil dólares anuales cree que sería feliz si recibiera 60 mil. Quien ya alcanza esa cifra piensa que necesita duplicarla. Incluso alguien que percibe 300 mil dólares puede considerar que su felicidad llegará cuando gane 600 mil.
Este ejemplo, que Psimopoulos utiliza para ilustrar la relación entre dinero y satisfacción, refleja una tendencia habitual: desplazar constantemente nuestras expectativas a medida que conseguimos nuevos objetivos.
“A menudo olvidamos lo importante que es no organizar toda nuestra vida en torno a indicadores financieros o económicos. Lamentablemente, solemos equiparar el éxito con esos indicadores”, explicó el investigador.
Pero ¿significa esto que el dinero no contribuye a la felicidad? La evidencia científica ofrece una respuesta más compleja.
Un estudio publicado en 2023 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), elaborado por Matthew Killingsworth, Daniel Kahneman y Barbara Mellers, encontró que el bienestar emocional generalmente aumenta junto con los ingresos.
Sin embargo, los investigadores identificaron diferencias importantes: entre las personas que reportaban menores niveles de felicidad, el bienestar tendía a estabilizarse a partir de determinados ingresos, mientras que entre quienes ya experimentaban mayor bienestar continuaba aumentando.
Por lo tanto, el dinero puede mejorar nuestra calidad de vida, pero tener mayores ingresos no significa que automáticamente desaparezcan la tristeza, la insatisfacción o los problemas personales.
El secreto de una vida feliz podría estar lejos del éxito profesional
Uno de los mayores estudios sobre felicidad respalda la importancia de mirar más allá del dinero. Se trata del Harvard Study of Adult Development, una investigación que comenzó en 1938 y que durante más de ocho décadas ha seguido la vida de cientos de personas para comprender qué factores influyen en su salud y bienestar.
Sus resultados destacan un elemento fundamental: la calidad de nuestras relaciones personales constituye uno de los mejores indicadores de felicidad y salud a largo plazo.
Robert Waldinger, psiquiatra de Harvard y director del estudio, ha explicado que mantener vínculos significativos resulta más importante para construir una buena vida que acumular riquezas o reconocimientos.
La investigación también destaca que las relaciones necesitan atención constante, de manera similar al cuidado de la salud física. Esto significa que dedicar tiempo a los amigos, mantener contacto con la familia o fortalecer relaciones de confianza puede tener consecuencias importantes para nuestro bienestar.
La diferencia entre ser feliz y tener una vida plena
Psimopoulos introduce otro concepto que permite comprender por qué alguien aparentemente exitoso puede sentirse insatisfecho: el florecimiento humano.
Según explica, no basta con experimentar emociones positivas o sentirse feliz en determinados momentos. Una vida plena requiere desarrollar distintas dimensiones del bienestar.
El programa de Harvard identifica cinco aspectos fundamentales: felicidad y satisfacción con la vida; salud física y mental; sentido y propósito; carácter y virtud; y relaciones humanas cercanas.
“En Harvard definimos el florecimiento humano como un estado relativo en el que todos los aspectos de la vida de una persona son buenos, incluido el entorno en el que vive”, explicó.
El investigador también destacó que el bienestar no depende exclusivamente de nuestras decisiones individuales, sino de las condiciones sociales y las comunidades que nos rodean.
“Nadie puede florecer plenamente por sí solo. Necesitamos comunidades que también florezcan”, sostuvo.
La soledad también puede afectar nuestra felicidad y nuestra salud
La importancia de las relaciones humanas adquiere todavía más relevancia frente a una preocupación mundial: el aumento de la soledad.
En junio de 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe que reveló que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad.
El organismo advirtió que este problema no solo afecta el bienestar emocional, sino que también se relaciona con mayores riesgos de depresión, ansiedad y enfermedades físicas.
Según sus estimaciones, la soledad está asociada con aproximadamente 871 mil muertes anuales en el mundo. El informe también destacó que fortalecer los vínculos sociales puede mejorar la salud y contribuir a una vida más larga.
Estos antecedentes respaldan una de las principales reflexiones de Psimopoulos: alcanzar metas individuales pierde parte de su sentido cuando descuidamos nuestras relaciones y el entorno en el que vivimos.
¿Estamos sacrificando nuestra salud mental para alcanzar el éxito?
Otra preocupación del investigador apunta a la presión constante por producir más, cumplir objetivos y demostrar resultados.
En ese escenario, muchas personas terminan postergando su descanso, sus relaciones personales e incluso su salud para responder a las exigencias laborales o académicas.
“Vivimos en un entorno acelerado, en el que buscamos hacer cada vez más cosas y más rápido, tanto en el trabajo como en los estudios. Muchos intentan alcanzar el éxito sacrificando su propia salud mental”, advirtió.
Psimopoulos explicó que intenta aplicar una jerarquía diferente en su propia vida, colocando a su familia y su bienestar por delante de las responsabilidades profesionales.
Además, subrayó que proteger la salud mental no debería depender únicamente de cada persona, sino que también requiere cambios en las instituciones y las políticas públicas.
Entonces, ¿qué podemos hacer para sentirnos más satisfechos?
Aunque las investigaciones muestran que la felicidad depende de múltiples factores, Psimopoulos plantea que algunos cambios cotidianos pueden contribuir a mejorar nuestra calidad de vida.
Entre ellos menciona aprender a perdonar, cuidar las relaciones cercanas, organizar mejor nuestro tiempo y evitar que las obligaciones laborales o académicas ocupen permanentemente el primer lugar.
El investigador también destaca la importancia de encontrar sentido en nuestras actividades, incluso cuando estas no producen beneficios económicos.
Su reflexión apunta a modificar una creencia profundamente arraigada: que primero debemos alcanzar el éxito para después permitirnos disfrutar de la vida. En cambio, propone comprender que el bienestar también se construye mientras avanzamos hacia nuestras metas.
Porque, finalmente, tener una buena vida no necesariamente significa conseguir todo lo que queremos, sino aprender a cuidar aquello que realmente le da sentido a nuestra existencia.