Mi más sincero pésame a la familia del sargento segundo Jaime Urrea Burgos, a sus compañeros y a toda la institución de Carabineros de Chile ante esta dolorosa pérdida.
Dos carabineros asesinados en una semana.
Dos.
Hay que decirlo sin eufemismos, porque mientras el Gobierno fabrica titulares sobre seguridad, hay familias que entierran a sus muertos.
Kast llegó a La Moneda prometiendo mano firme, orden y seguridad. Dijo que con él los delincuentes tendrían miedo. Pero hoy siguen teniendo miedo los vecinos, los comerciantes y las familias. También quienes se ponen el uniforme cada mañana para protegernos.
Porque una cosa es hablar duro. Otra, gobernar bien y, una tercera, es cumplir la palabra empeñada.
La delincuencia no retrocede ante una conferencia de prensa. El crimen organizado no se intimida con una frase presidencial. Los narcotraficantes no cuentan los eslóganes que redacta el Gobierno: Cuentan armas, territorios, rutas y dinero.
Se les combate con Carabineros y PDI fortalecidos; con inteligencia, investigación, tecnología, vehículos, personal y presencia territorial. Y, aunque al ministro de Hacienda le incomode escucharlo, con recursos. Ahí está la contradicción que el Gobierno ya no puede ocultar.
No se puede prometer un Estado con puño de hierro contra los delincuentes y administrarlo con las tijeras del ministro de Hacienda. No se puede exigir a un carabinero que arriesgue la vida mientras alguien, protegido tras un escritorio, decide dónde recortar. No se puede invocar la seguridad como bandera electoral y tratarla después como una partida contable.
Cuando el sistema falla, aparece la vieja maniobra: anunciar otra ley. Acá me detengo un segundo.
En Chile está penado matar a una persona y si esa persona es carabinero en el ejercicio de sus funciones o con ocasión de ser carabinero, esa pena aumenta a 15 años y un día a cadena perpetua. A más abundamiento, si ese asesinato se realiza por premio o promesa (sicariato), o en compañía de otros hechores o a cara cubierta; entonces la pena mínima va de cadena perpetua a cadena perpetua calificada.
En Chile la legítima defensa privilegiada de Carabineros no es una propuesta ni una discusión pendiente: existe y está consagrada en nuestra legislación. Cuando un funcionario, en el ejercicio de sus funciones, repele una agresión que puede afectar gravemente su vida, su integridad física o la de un tercero, la ley establece una presunción de legítima defensa en los términos previstos por el artículo 10 N.º 6 del Código Penal. Por eso, antes de anunciar nuevas leyes cada vez que ocurre una tragedia, conviene recordar las que ya tenemos.
Entonces no necesitamos una nueva ley, necesitamos los pantalones para que se apliquen. Necesitamos encontrar a los responsables. Llevar las investigaciones hasta el final. Seguir la ruta del dinero -levantar el secreto bancario-, desarticular las organizaciones criminales. Y lograr que quienes cometen estos delitos terminen ante la justicia.
Presidente, usted aseguró que, cuando asumiera, los delincuentes se entregarían solos. Ya asumió. No se entregaron. Siguen armados, organizados y asesinando, y no solo a carabineros ¿acaso usted no ve las noticias? Le notifico que en mi región van 63 asesinatos y eso es impresentable.
La seguridad no se recupera con bravatas de campaña ni frases diseñadas para provocar aplausos. Usted empeñó su palabra ante Chile; ahora deje de administrar excusas y cumpla.
Cada policía asesinado desmiente la caricatura de autoridad que usted vendió, hoy parece que sus pantalones los pide en Shein. No basta posar con gesto severo ni anunciar leyes después de cada tragedia. Prometió que los delincuentes tendrían miedo. Demuéstrelo con resultados, porque hasta ahora el miedo sigue estando del lado de los ciudadanos y al parecer del segundo piso de La Moneda.
El Gobierno hizo de la seguridad, su gran promesa. Entonces debe asumir también sus resultados. No puede atribuirse cada avance y culpar al pasado por cada fracaso. Kast y sus ministros son responsables de lo que ocurre bajo su mandato.
Mientras La Moneda habla de mano dura, nuestros carabineros siguen poniendo el cuerpo. Y el cuerpo, Presidente, no se repone con un eslogan.
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