Usualmente podemos notar que nuestra visión comienza a deteriorarse cuando se vuelve dificultoso ver bien de lejos o cerca, sin embargo, algunas enfermedades oculares pueden aparecer y mantenerse silenciosas, poniendo en riesgo nuestra salud visual.
En ese sentido, es fundamental realizar controles al menos una vez al año, incluso cuando no existen problemas evidentes de visión, ya que hay patologías que pueden avanzar sin presentar síntomas y dejar daños severos.
Enfermedades oculares silenciosas
Una de ellas es el glaucoma, enfermedad que generalmente no presenta síntomas en sus etapas iniciales y que produce un daño progresivo del nervio óptico debido a la pérdida de células ganglionares.
La académica del Departamento de Ciencias Clínicas y Preclínicas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) y tecnóloga médica con mención en Oftalmología y Optometría, Daniela Avaria, señaló que “con el tiempo, este daño puede generar una disminución progresiva de la visión periférica y, en etapas avanzadas, llegar a producir una visión tubular”.
Además está la diabetes, que cuando no está adecuadamente controlada puede provocar alteraciones importantes a nivel ocular, especialmente en la retina, dando origen a la retinopatía diabética. Esta enfermedad también puede avanzar sin presentar síntomas en sus primeras etapas y, si no se detecta y trata oportunamente, puede causar un daño visual irreversible e incluso una pérdida severa de la visión.
Señales para estar atento y recomendaciones para cuidar la visión
Entre los principales signos de alerta oftalmológica se encuentran:
• Pérdida brusca o repentina de la visión.
• Dolor ocular intenso.
• Enrojecimiento ocular marcado.
• Visión doble persistente.
• Aparición de secreción ocular.
• Golpes o traumatismos en los ojos.
Ante cualquiera de estas situaciones, es importante no dejar pasar el tiempo y consultar oportunamente, ya que algunas alteraciones oculares pueden evolucionar rápidamente y comprometer la visión si no son evaluadas a tiempo.
Como recomendación general, se sugiere evaluar la visión de cada ojo por separado, ocluyendo primero uno y luego el otro. Esto permite identificar diferencias que muchas veces pasan inadvertidas en la vida cotidiana, ya que normalmente se utilizan ambos ojos de manera simultánea y uno puede compensar parcialmente una disminución visual del otro.
“No es poco frecuente que algunas personas descubran recién durante una consulta que presentan una pérdida importante de visión en un ojo, porque nunca habían evaluado su visión de manera monocular. Por eso, realizar este chequeo de forma periódica puede ayudar a detectar cambios oportunamente”, indicó la especialista.
En relación con el uso de pantallas, se recomienda aplicar la regla “20-20-20”: por cada 20 minutos de trabajo frente a una pantalla, mirar durante 20 segundos un objeto ubicado aproximadamente a 20 pies de distancia, es decir, unos seis metros. Luego, se puede continuar con la actividad habitual. Esta práctica ayuda a disminuir la fatiga visual.