Estamos a pocos días de recibir a BTS en Chile, cuya música -que combina coreano e inglés- ha trascendido idiomas, generaciones y culturas. Ante este fenómeno resulta inevitable preguntarnos: ¿Por qué siete artistas surcoreanos han logrado conectar con millones de personas? ¿Qué ocurre en nuestro cerebro para que esto suceda?

Desde las neurociencias, escuchar música que nos gusta puede activar el sistema de recompensa mesolímbico, particularmente el núcleo accumbens, relacionado con la señalización dopaminérgica. Este mecanismo participa en el placer, la motivación y la anticipación de experiencias gratificantes. Asimismo, la amígdala y el hipocampo contribuyen a vincular canciones con emociones y recuerdos autobiográficos, mientras la corteza prefrontal interviene en la valoración de su significado personal.

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Pero ¿Qué distingue a BTS dentro del K-pop? Además de sus coreografías y producciones audiovisuales, destaca la intervención de sus integrantes en la escritura, composición y mensajes sobre autoestima, salud mental, presiones sociales y resiliencia. Estas narrativas facilitan que sus fanáticos relacionen canciones con vivencias personales, fortaleciendo procesos de identificación y memoria emocional.

A ello se suma una estrategia característica del género y estilo del que son parte: integrar música, contenidos cotidianos y plataformas digitales, lo que favorece una interacción frecuente con sus seguidores.

Desde la neurociencia social, esta exposición puede contribuir a generar familiaridad y aprendizaje asociativo, además de vínculos parasociales, es decir, una sensación de proximidad con personas que conocemos principalmente a través de pantallas.

BTS ha desarrollado un ecosistema de experiencias que permite a su fandom -comunidad de aficionados que comparte una misma pasión- acompañar su trayectoria y construir una sensación de cercanía.

Investigaciones sobre fanáticos han encontrado asociaciones entre identidad colectiva, el apoyo social y el sentido de pertenencia, fenómenos que involucran procesos de cognición social, empatía y regulación emocional, que ayudan a comprender por qué compartir una admiración a un grupo musical puede adquirir un significado profundo.

Sin embargo, también es importante reconocer cuándo esta admiración puede volverse extrema. Hay que aprender a reconocer los límites, especialmente cuando aparecen gastos económicos desmedidos, acoso hacia los artistas o conductas que desplazan responsabilidades y relaciones personales.

Quizás ahí está una de las claves para entender lo fascinante de BTS: no se trata solo de canciones, sino de lo que representan en diferentes personas. Su música conecta con emociones y recuerdos, como una banda sonora que acompaña momentos inolvidables, reafirmándonos que disfrutar de una pasión, cuando se vive con equilibrio, nos enriquece.

Verónica Pantoja Silva
Neurocientífica Cognitiva.
Directora del Magister en Neurociencias de la Educación, Universidad Mayor

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