En los últimos años se ha puesto de moda el llamado método Miyawaki, una forma de plantar árboles y arbustos, especialmente en parques y jardines, a la que se atribuyen resultados casi milagrosos: árboles que crecen hasta diez veces más rápido, mayor biodiversidad y bosques que se desarrollan en tiempos sorprendentemente cortos.
Pero ¿qué tiene realmente de extraordinario este método? ¿Y cuánto cuesta conseguir esos resultados?
Desarrollado por el botánico japonés Akira Miyawaki, el sistema consiste en plantar especies nativas muy juntas, utilizando entre 30.000 y 50.000 plantas por hectárea. Además, contempla una preparación intensiva del suelo, incorporación de materia orgánica, riego y cuidados durante los primeros años.
Para quienes conocemos la actividad forestal, estos principios no tienen nada de revolucionarios.
Desde hace muchas décadas sabemos que, cuando los árboles crecen muy juntos, compiten por la luz y tienden a crecer más rápidamente en altura para alcanzarla. Pero eso no significa necesariamente que crezcan más en volumen, que capturen más carbono o que sean más vigorosos. Por el contrario, la competencia excesiva puede reducir su desarrollo y provocar la muerte de muchos de ellos.
También sabemos que, si preparamos bien el suelo, incorporamos nutrientes y entregamos suficiente agua, las plantas crecerán más rápido. Esto ocurre con el método Miyawaki y también con cualquier otra plantación que reciba los mismos cuidados.
Sin embargo, hay un aspecto que merece especial atención: el costo.
Mientras una plantación forestal convencional puede establecerse con unas 1.500 plantas por hectárea, el método Miyawaki utiliza entre 20 y 33 veces esa cantidad. Esto significa comprar, transportar y plantar muchísimos más árboles, además de preparar intensivamente el terreno y mantener los cuidados necesarios.
Naturalmente, utilizar más plantas no significa que el costo total aumente en esa misma proporción, pero resulta evidente que se trata de un sistema que requiere una inversión inicial considerable.
Y aquí aparece una pregunta fundamental: ¿vale la pena gastar tanto en plantar miles de árboles muy juntos, sabiendo que muchos podrían morir posteriormente por la competencia entre ellos?
Más aún, ¿qué superficie adicional podríamos cubrir con árboles y arbustos si utilizáramos esos mismos recursos mediante sistemas de plantación menos densos?
Este punto es particularmente importante en la zona central de Chile, donde el agua es escasa. Plantar muchos árboles en poco espacio significa también una fuerte competencia por el agua disponible, lo que puede obligar a mantener sistemas de riego costosos.
No se trata solamente de conseguir que las plantas crezcan rápido durante los primeros años. Lo importante es que sobrevivan, se desarrollen adecuadamente y permanezcan en el tiempo, con costos razonables.
Una investigación científica publicada en diciembre de 2025 en la prestigiosa revista Journal of Applied Ecology revisó 51 publicaciones sobre el método Miyawaki. Encontró que solamente siete incluían comparaciones con otras formas de establecer vegetación. Sus autores concluyeron que todavía no existen pruebas científicas suficientes para respaldar muchas de las ventajas extraordinarias que se le atribuyen, incluida su supuesta eficiencia económica.
Esto no significa que el método sea malo. Promover la plantación de especies nativas, recuperar espacios urbanos y acercar a las personas a la naturaleza son objetivos muy positivos. Pero tampoco significa que sea la mejor alternativa para todos los lugares, especialmente cuando existen otras técnicas forestales que podrían conseguir resultados similares con una inversión menor.
El objetivo no debiera ser plantar la mayor cantidad posible de árboles en un espacio pequeño, sino conseguir la mayor superficie de vegetación sana y permanente con los recursos disponibles.
Bienvenido sea el método Miyawaki como una alternativa más para mejorar nuestras ciudades. Pero no confundamos conocimientos forestales de larga data con descubrimientos revolucionarios.
Y, sobre todo, cuando se utilizan recursos públicos, preguntémonos siempre cuánto cuesta cada proyecto, cuánto habrá que gastar en mantenerlo y qué resultados podríamos conseguir si invirtiéramos ese mismo dinero de otra manera.
Enviando corrección, espere un momento...
