Felipe Reyes | BBCL

El "ambiente tóxico" de la política chilena que impide cerrar la herida del Golpe

03 septiembre 2023 | 06:54

"Nunca más", señaló en 2004 el entonces comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, respecto a los crímenes de la dictadura. Aunque estas ocho letras pavimentaron el camino de la reconciliación, la losa parece resquebrajarse casi dos décadas más tarde. Gritos, acusaciones y frases salidas de libreto han marcado la previa de los 50 años del golpe de Estado, crispando los ánimos en la esfera política. La aparición de nuevos partidos y un vaivén electoral desde 2019 podrían explicar el "retroceso" de nuestras autoridades.

La película tenía dos escenas. En Valparaíso, diputados se insultaban tras aprobarse la lectura del acuerdo de 1973 en contra del gobierno de Salvador Allende. En paralelo, familias de O’Higgins y Maule lo perdían todo producto del sistema frontal que azotaba al centro sur del país.

¿Mal timing o desconectados de la realidad? Independiente de la respuesta, la mañana del 22 de agosto marcó un episodio más de la polarización que se ha evidenciado durante los últimos años.

“El ambiente está eléctrico, está cargado”, describió este jueves el presidente Gabriel Boric, quien también ha protagonizado controversias de alta tensión con la oposición.

La politóloga Pamela Figueroa, académica de la Universidad de Santiago, advierte que “tenemos preocupaciones de gran relevancia, como el cambio constitucional, la seguridad y la economía. Sin embargo, esta posición es muy compleja para encontrar acuerdos que solucionen los problemas”.

Nuestros representantes se ven envueltos a diario en rencillas que parecían extintas, pero que al parecer sólo se encontraban congeladas a la espera del calor de los 50 años del golpe de Estado.

Si el fuego se encendió la semana pasada por la figura de Sergio Onofre Jarpa, esta vez fue consecuencia de la muerte de Guillermo Teillier, el suicidio de uno de los homicidas del cantautor Víctor Jara y el Plan Nacional de Búsqueda.

Analistas coinciden en que la irrupción del Partido Republicano, el germen anticomunista que se niega a perecer y la falta de prudencia de algunas autoridades son factores claves para entender el momento que atraviesa la política chilena.

“El ambiente está muy tóxico”

El “no” de la oposición se escuchó hasta en Madrid. Durante su primera visita a Europa como jefe de Estado, Gabriel Boric llamó a todos los sectores políticos a firmar una declaración por el 11/S. “Hay una herida abierta sobre la que es necesario conversar”, señaló el 15 de julio pasado.

Chile Vamos y el Partido Republicano se negaron a cargar de tinta sus plumas, a la vez que el Presidente cometía una segunda “provocación” a ojos de la derecha: otorgar un reconocimiento al exjuez Baltasar Garzón, quien solicitó la extradición de Augusto Pinochet a España en 1998.

A estos desencuentros se suman la polémica frase de Boric sobre el fundador de Renovación Nacional, Sergio Onofre Jarpa, y el proyecto de resolución de la UDI, RN y Evópoli para leer el acuerdo de 1973 que condenaba la administración de Salvador Allende.

Tomás Duval, analista político de la Universidad Autónoma, afirma que esto último “contribuye más a mantener un conflicto vivo que a los avances que uno había percibido de la derecha en estos años”.

A raíz de este suceso, fuentes de Radio Bío Bío incluso manifestaron su temor a posibles agresiones físicas en el Congreso Nacional.

No obstante, esto fue descartado por el diputado Frank Sauerbaum, jefe de bancada de RN, quien aseguró que “aquí no nos entendemos a golpes, porque justamente este clima de violencia fue lo que llevó al 11 de septiembre”.

En la misma línea, Raúl Soto (PPD) sostuvo que “el ambiente está muy tóxico de cara a la conmemoración de los 50 años. Hay que romper con ese estado de inercia, reconstruir los puentes de diálogo y generar un ambiente mucho más respetuoso”.

ambiente tóxico

El calendario todavía anuncia fechas controversiales. Por ejemplo, este lunes se cumplen 53 años desde que el expresidente Allende ganó la elección de 1970 con el 36,63% de los votos, lo que podría desatar nuevos discursos incendiarios por parte de los parlamentarios.

En ese sentido, la especialista Pamela Figueroa remarca que la polarización se ha observado sobre todo en las élites y no necesariamente en la ciudadanía, como sí ocurría durante el gobierno de la Unidad Popular.

“Cualquier motivo da para hacer estos cuestionamientos del pasado y hacer un punto más al extremo, lo que es muy contraintuitivo con lo que la ciudadanía está esperando de la política”, asevera.

Golpe de Estado: el paso atrás de la derecha

Ya sea por la efervescencia legítima, la destrucción de unos grupos o las violaciones a los derechos humanos, el estallido marcó una escisión política que nuestras autoridades no han sabido recomponer.

La migración a los extremos queda de manifiesto en las últimas cinco elecciones, incluidos dos procesos constitucionales y un enfrentamiento presidencial, producto del vaivén que han sostenido izquierda y derecha.

Pero el 2019 no sólo estuvo marcado por las protestas sociales, sino también por el surgimiento de un actor cada vez más protagónico en esta historia: el Partido Republicano. De acuerdo a diferentes estudiosos, este hito es clave para comprender las desavenencias de cara al 11 de septiembre.

Mauricio Morales, doctor en Ciencia Política y académico de la Universidad de Talca, considera que “la derecha prefiere discutir sobre las causas que llevaron al quiebre democrático, puntualizando en el desempeño que tuvo el gobierno del presidente Allende”.

“Tenemos una derecha mucho más negacionista si la comparamos con la conmemoración de los 40 años”, añade, recordando cuando Sebastián Piñera admitió la existencia de “cómplices pasivos” de la dictadura en 2013.

En este contexto, tanto Tomás Duval como Pamela Figueroa opinan que el auge de la colectividad de José Antonio Kast ha influido negativamente al momento de condenar el quiebre de la democracia.

“Creo que eso afectó la visión que la derecha había ido construyendo respecto del golpe de Estado y sus consecuencias”, comenta el primero, mientras que la segunda incluso plantea que “se ha tratado de poner en disputa la interpretación histórica” de este acontecimiento.

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Muestra de ello es que Luis Silva, principal rostro del Partido Republicano en el Consejo Constitucional, tilde de “estadista” al dictador Augusto Pinochet. “Hay un dejo de admiración”, indicó en una entrevista el pasado 28 de mayo.

Y este tipo de interpretaciones se han colado en Chile Vamos. “Yo justifico el golpe militar. Me habría gustado que fuera un gobierno autoritario muy corto”, declaró el diputado Jorge Alessandri (UDI) el 6 de julio, provocando irritación en el Gobierno y las fuerzas del oficialismo.

Ante este tipo de alocuciones, Frank Sauerbaum reconoce una “revalorización del gobierno militar” durante los últimos años, pero estima que es producto de la polarización. “Hace que la gente recuerde el clima que se vivía durante esos años”, argumenta.

Polémica tras muerte de Guillermo Teillier

Un nuevo altercado comenzó a gestarse a las 03:27 horas del martes 29 de agosto, cuando el Hospital Clínico de la Universidad de Chile confirmó la muerte de Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista.

Ya sea por alabanzas o reproches, el nombre del exdiputado no pasará al olvido. Tampoco el de Sebastián Larraín, apodo que utilizó para disfrazar sus actividades clandestinas como jefe de la Comisión Militar del PC entre 1983 y 1987.

El vínculo que estableció con el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) permitió el desembarco de armas en Carrizal Bajo en 1986. Asimismo, según sus propias palabras, jugó un rol en el fallido atentado a Pinochet, donde murieron cinco escoltas del excomandante en jefe del Ejército.

Este último hecho fue utilizado por la derecha para cuestionar el duelo nacional decretado por el presidente Boric. “La democracia se combate con democracia y no con las armas. No puedo estar avalando su historia política”, señaló el diputado Francisco Undurraga, jefe de bancada de Evópoli.

En tanto, el representante del Partido Republicano, Benjamín Moreno, aseguró que “Guillermo Teillier no fue una persona de unidad nacional. Carga sobre su espalda el asesinato de cinco carabineros y varios actos ilícitos”.

El analista Tomás Duval califica como “exageradas” estas críticas, afirmando que “revelan una suerte de anticomunismo muy fuerte que todavía permanece en ciertos sectores de la derecha”.

boric

Ante ello, Gabriel Boric tenía tres alternativas: dejar que el fuego siguiera su curso, tomar el extintor o aplicar acelerante a la discusión. Finalmente, ya fuera meditado o improvisado, optó por la última.

“Guillermo Teillier murió como un hombre digno, orgulloso de la vida que había vivido. Y hoy día, cuando estamos próximos a conmemorar 50 años (del golpe de Estado), hay otros que mueren de manera cobarde para no enfrentar a la justicia”, sentenció tras asistir al velorio del líder comunista.

Si bien evitó nombrar al blanco de sus declaraciones, el tono concuerda con la muerte del general (r) Hernán Chacón, quien se quitó la vida tras ser condenado por el homicidio del cantautor Víctor Jara.

Jorge Alessandri pidió al jefe de Estado que se disculpara públicamente, mientras que Frank Sauerbaum deslizó que “quizá se refería al presidente Allende, que se suicidó cobardemente”.

Según Duval, la expresión del Presidente “fue poco afortunada, muy poco atinada. Las frases de un lado y otro no han contribuido en nada a bajar la tensión de cara al 11 de septiembre”. Por otra parte, descartó que este tipo de salidas de libreto se deban a su corta edad (37).

“Todos los actores políticos y sociales tienen que colaborar en la prudencia. Eso nos va a permitir salir de esta crispación. Hay otros factores, como el diseño institucional del sistema político, pero el rol de las personas es relevante”, agregó la académica Pamela Figueroa.

¿Llegaron las invitaciones?

Una de las mayores revelaciones del Gobierno ha sido el ministro de Justicia, Luis Cordero, quien arribó a La Moneda en medio del tornado provocado por los 13 indultos presidenciales. Además, asumió una suerte de vocería para explicar pedagógicamente las implicancias del Caso Convenios.

A pesar de ello, el lanzamiento del Plan Nacional de Búsqueda de detenidos desaparecidos podría marcar el legado del experto en derecho administrativo.

Cordero, quien fue profesor de Gabriel Boric en la Universidad de Chile, posee un íntimo vínculo con la dictadura, ya que dos tíos de su padre fueron víctimas de la masacre de 38 campesinos en Paine.

Fue durante la presentación de este proyecto que el jefe de Estado disparó nuevamente. “Me permito lamentar esas ausencia que nos duelen tanto, pero también las ausencias a esta ceremonia, porque acá fueron invitados todos los presidentes de los partidos políticos y no vinieron todos”, dijo.

En la oposición no cayeron bien estos dichos. El senador Javier Macaya, presidente de la UDI, negó haber recibido una invitación para asistir al evento y aseveró que Boric “quiso hacer un punto político, manteniendo esta odiosidad y división”.

Por su parte, Francisco Chahuán, timonel de RN, explicó que sí fue convidado a la ceremonia, pero en calidad de integrante de la Comisión de Derechos Humanos del Senado y no como presidente de su partido.

En conversación con Radio Pauta, el ministro de Justicia, como en otras oportunidades, debió esclarecer las palabras del Presidente. En primer lugar, confirmó que la invitación fue extendida a los líderes de todas las colectividades.


Igualmente, reconoció que tanto Macaya como Chahuán “tuvieron una posición proactiva” cuando les comentó acerca de la iniciativa. “Consideran que el Plan Nacional de Búsqueda es una condición esencial para avanzar en el país”, señaló Cordero.

Independiente del conflicto, Tomás Duval lamentó que “la derecha no haya estado en una política de Estado con la relevancia que tiene. No tengo el detalle de si llegó o no el mail, pero me parecen disculpas pobres en todo caso”.

La misma opinión tuvo Pamela Figueroa, quien recalcó que “estos son los momentos en que hay que generar muestras de que uno puede tener diferencias con políticas públicas, pero no respecto del valor fundamental de los derechos humanos”.