Si bien en 2021 Brasil sufrió el duro golpe del coronavirus, la vacunación avanzó (a pesar de Bolsonaro). El presidente sigue corroyendo la democracia y mostrando desinterés por los problemas del país, según J.P. Struck.

Un camión se estaciona en el barrio de Gloria, zona sur de Río de Janeiro, en el Brasil gobernado por Jair Bolsonaro.

Alrededor del vehículo se agolpa un grupo de gente que espera agarrar algo para comer: el vehículo transporta una pila de huesos y restos de animales descartados por los supermercados.

La escena se repite varias veces a la semana, según un reportaje del diario Extra, que presenció el episodio.

Pocas imágenes de 2021 simbolizan tan bien la interminable crisis brasileña.

A lo largo del año, Brasil vio cómo la inflación llegaba a los dos dígitos, el desempleo no paraba de subir y los precios de los combustibles y la energía alcanzaban máximos históricos.

En la víspera de Navidad, Datafolha mostró que el 26% de la población afirma que no tiene comida suficiente para alimentar a sus familias.

Un estudio de la Confederación Nacional de la Industria (CNI) mostró en diciembre de 2021 que siete de cada diez brasileños eran pesimistas respecto al futuro económico del país.

“Por todas partes hay señales de que la economía brasileña está despegando de nuevo”, dijo Paulo Guedes, ministro de Economía, en marzo.

Guedes usó la palabra “despegar” varias veces a lo largo del año, como un mantra, incluso cuando la realidad insistía en no encajar con su optimismo.

Pero el ministro no fue el único miembro del gobierno que estuvo el año atrapado en un universo paralelo.

Como el repetitivo “día de la marmota” de la película homónima de 1993, Bolsonaro siguió en 2021 despreciando los protocolos de su cargo y poniendo al gobierno federal al servicio de su agenda extremista.

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Esto, al mismo tiempo que insistió en alimentar visiones conspiracionistas, desdeñando la pandemia y atacando al sistema democrático.

Siempre despreocupado de abordar los problemas reales del país, Bolsonaro también pasó buena parte del año produciendo escenas engañosas.

Trató pasar como un supuesto “hombre sencillo” o como alguien que cuenta con el respaldo masivo de la ciudadanía.

Bolsonaro, siempre un “paria” internacional

En 2021, el aislamiento de Brasil se profundizó.

Bolsonaro perdió aliados como el estadounidense Donald Trump o el israelí Benjamin Netanyahu. Más recientemente vio a un candidato de izquierda, Gabriel Boric, triunfar en las presidenciales de Chile.

El aislamiento y la ineptitud del gobierno en el escenario internacional se volvieron a desnudar cuando la agenda de Bolsonaro en Italia quedó vacía.

En la reunión del G20 no tuvo ninguna reunión con los otros líderes del grupo de las 20 mayores economías, excepto un encuentro con el anfitrión.

Archivo | DW

Esta misma incapacidad también se reveló cuando el presidente ignoró la presencia del alemán Olaf Scholz en una rueda de conversaciones.

Scholz había ganado las elecciones alemanas y en pocas semanas asumiría como canciller federal, pero Bolsonaro aparentemente no sabía quién era.

Sin amigos entre los grandes líderes mundiales, Bolsonaro prefirió entablar relaciones en 2021 con políticos de la escena ultraderechista mundial.

Algunos de estos son el exministro italiano Matteo Salvini o la diputada alemana Beatrix von Storch.

Este último encuentro incluso generó críticas por parte de agrupaciones judías brasileñas.

En noviembre, mientras Lula era recibido por líderes europeos como el mismo Scholz o el francés Emmanuel Macron, Bolsonaro hizo una gira visitando a dictadores árabes.

También siguió adelante el rechazo de Europa a un acuerdo con Mercosur, en gran medida por las políticas antiambientalistas de Bolsonaro.

En febrero, Francia insistió que rechazaba un pacto “en los términos actuales”, y en marzo Austria derechamente se opuso a la ratificación.

Escenas repetidas

Bolsonaro también siguió produciendo escenas escandalosas, muchas veces pensadas para consumo de su base extremista o como cortinas de humo.

En la última quincena de 2021, Bolsonaro se dejó filmar bailando sobre una lancha al lado de una mujer en bikini al son de una canción que compara a las mujeres de izquierda con “perras”.

Al final del año, Bolsonaro parecía más preocupado de sus vacaciones y de andar en motos de agua que de reaccionar ante las inundaciones de Bahía.

Tres años de Bolsonaro en Brasil desempleo, inflación y un Gobierno a la deriva
Archivo | Presidencia de Brasil

Pero estas escenas, por repetidas, ya no parecen producir el efecto deseado por Bolsonaro y sus seguidores.

Episodios ocurridos a lo largo del año como las protestas de izquierda contra el gobierno, el retorno de Lula al juego político y el despegue del Partido de los Trabajadores (PT) demostraron el declive del poder de Bolsonaro a la hora de manejar la agenda política.

Incluso la visión negacionista del presidente chocó con la realidad del avance robusto de la vacunación en el país.

Hasta la ofensiva del mandatario a final de año contra la vacunación de niños ha mostrado ser poco efectiva. Un sondeo de Fiocruz asegura que el 80% de los padres pretende vacunar a sus hijos.

Hoy, con apenas un 22% de intención de voto, muy por detrás de Lula, Bolsonaro parece estar entrando en el que sería su último año de mandato.