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Senador Velásquez: "Hablar de valores en política suena obsoleto. Como decir: ¿Todavía crees en Dios?"

Sábado 18 mayo de 2024 | 06:01

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FRVS

El senador de Antofagasta, Esteban Velásquez (FRVS), reconoce que una reforma al sistema político podría perjudicar a su partido, pero de todas formas se abre al cambio. De paso, reivindica la ética en la política, aunque hoy por hoy parezca obsoleto: "Suena como decir: 'Oye, ¿Cómo tú todavía crees en Dios?'. Para muchos es una caricatura", afirma. Y lanza: "Creo que la crisis de la falta de principios, valores, ética, es la peor de las crisis. Esa nos lleva a un enfrentamiento. Es la crisis más intangible".

El senador de Antofagasta, Esteban Velásquez, admite que proviene de un partido pequeño: la Federación Regionalista Verde Social (FRVS). Desde esa tribuna, aborda las opciones de una reforma al sistema político, una idea que se ha comenzado a fraguar poco a poco en el Congreso.

Alfonso De Urresti, senador del Partido Socialista, impulsa un proyecto que busca establecer un umbral electoral del 5% y la pérdida del escaño para los legisladores que renuncien a su partido. La propuesta, eso sí, ha generado debate y críticas de independientes, Demócratas, el PC y la FRVS. Por lo mismo, el parlamentario socialista decidió pausar la iniciativa ante la falta de consenso. Aunque rápidamente un grupo de independientes de la bancada PPD pusieron su propuesta sobre la mesa.

A priori, Velásquez reconoce que los cambios podrían perjudicar a su colectividad, pero aún así dice estar abierto al cambio. “No debiera ser un elemento de bloqueo para esta reforma. Yo en lo personal soy partidario y habrá que ver cómo uno sigue participando y representando a un sentimiento regionalista”, afirma.

Eso sí, exige que el Gobierno muestre un compromiso real y sin volteretas. No como en diciembre pasado, cuando el Ejecutivo olvidó sus reproches a SQM y dio paso a un acuerdo de dicha empresa con Codelco para explotar el litio.

“Eso me golpeó fuerte”, reconoce.

—En el análisis, desde todos los sectores apuntan a que el Congreso está demasiado atomizado ¿Qué es más valioso? ¿Un debate político fluido o contar con miradas diversas?

Yo creo que puede haber una amalgama de aquello. Ese es el justo equilibrio que debemos buscar. Lo que buscamos del sistema, de la herramienta, no tiene que ser nada que se parezca al binominalismo, pero tampoco el desmembramiento de la representación política. Espero pronto alcancemos alguna herramienta. No debiera ser tan complicado, sobre todo cuando uno parte de la premisa que, a pesar de que nos pueda “perjudicar” este nuevo sistema, estoy dispuesto a que se haga.

—¿Cambiar el sistema político es la solución para mejorar el clima dentro del Congreso? Porque también se atribuye la necesidad de cambio un poco a eso, a que el ambiente está muy enrarecido dentro del parlamento.

Yo creo que para cambiar la convivencia política y provocar esa relación más fluida y normal es necesario tener cierto elemento ético muy claro de por qué estamos en la política. Hoy día hablar de valores, de una relación de principios desde la política, valores, ética, suena casi como medio obsoleto, suena como decir: “Oye, ¿Cómo tú todavía crees en Dios? ¿Tú todavía eres capaz de arrodillarte ante una imagen? ¿Tú todavía eres capaz de salir a una plaza e intentar llamar a una fe?”. Eso para muchos es casi una caricatura.

“Los partidos más pequeños podríamos vernos fuera de toda discusión”

—El desorden legislativo imperante muchos lo atribuyen a la existencia de partidos chicos y muchos otros independientes que, en buen chileno, se “arrancan con los tarros” ¿Son los partidos pequeños los responsables del caos legislativo?

Acá la responsabilidad parece que es de todos. Pareciera que se complica más cuando el gobierno, cualquiera sea, tiene que conversar con 20 partidos en lugar de conversar con dos coaliciones fuertes. Indudablemente que se complica más con 20. Si ya una pareja tiene dificultades, con 20 la cosa es un caos, una tormenta. Pero el problema me parece que más bien es entender cómo tenemos que desarrollar la actividad política. Que no somos ángeles. No estoy pidiendo que todo el mundo llegue con la mejor disposición, la mejor voluntad, nos tomemos las manos, lleguemos a un acuerdo y digamos amén. Hoy día se llega mucho a la negociación, pero a la negociación más bien para réditos personales. Y esa cuestión yo creo que es lo que nos tiene como nos tiene.

—A propósito de impulsar una reforma, se habla de una propuesta transversal. Pero en la práctica está impulsada por senadores de partidos tradicionales. ¿Esto podría transformarse en una batalla de partidos chicos contra los grandes?

Sí, efectivamente. Hoy día en el clima que existe, tanto en la Cámara de Diputados como acá en el Senado, podría darse que aquellos partidos que somos mucho más pequeños nos veamos fuera de toda discusión. Acuerdos de las coaliciones que nos tuvieron por 25 años en un binominalismo, que nos tuvo escondidos a los que representábamos regionalismo, pueblos originarios, miradas territoriales, medioambientales, grupos étnicos.

“El acuerdo Codelco-SQM me golpeó fuerte”

A Velásquez la reforma al sistema político no le parece mala idea mientras el compromiso del Gobierno sea real. Y pone sobre la mesa una “voltereta” que le dolió: cuando en diciembre pasado la estatal Codelco anunció un pacto con SQM para el desarrollo del litio. La misma compañía que estuvo en el ojo del huracán en 2015 con el escándalo por financiamiento ilegal de la política.

—¿Es contradictorio que el Gobierno apoye una reforma de este tipo considerando que la coalición gobernante, el Frente Amplio en particular, logró despegar gracias al actual sistema? ¿Podría estar actuando contra su propio bien?

Puede ser, pero como alguien dijo por ahí, lo más permanente hoy día es el cambio en el gobierno del Presidente Boric. Lo que sí, espero que lo que haya manifestado el Presidente Boric haya sido con convicción. Y no que se diga que se está respaldando este cambio al sistema político pensando que nunca se va a hacer.

—¿Le parece genuino el impulso que ha mostrado el Presidente?

Me parece genuino. No tengo todavía otro elemento por qué no creerlo. Ahora, si no hay ninguna ley que mande el Gobierno, si no lo coloca en debate, va a ser una frase para el bronce nada más. No lo digo por el Presidente, pero me entran dudas por cierto equipo de asesores. Dijimos que no íbamos a llegar a acuerdos con nadie que hubiese atentado contra la democracia, hubiese sido promotor de la desconfianza, que hubiese financiado irregularmente la política, y el Gobierno estuvo de acuerdo con lo que Codelco finalmente consiguió con SQM. Eso lo respaldó el Gobierno, lo respaldó el Presidente Boric. Eso me golpeó fuerte.

¿El peor Congreso de la historia?

—¿Impulsar una reforma al sistema político podría ser autodestructivo para la coalición de Gobierno?

Ellos han buscado una fórmula bastante interesante, porque de varios partidos —Convergencia, Revolución Democrática, Comunes y otros más— conformaron el Frente Amplio, están intentando formalizarse.

—Usted conoce la realidad política desde hace bastante tiempo ¿Es este el peor Congreso desde el retorno a la democracia?

(Sonríe). Yo diría que hoy el Congreso es más genuino por la diversidad de colores políticos. Como nunca, hay más representación territorial de las regiones en el parlamento, hoy día es difícil encontrar parlamentarios de Santiago y de ciertas comunas de Santiago desde Arica a Punta Arenas. Para decir qué Congreso es peor o mejor podríamos hacer un ranking de en qué periodos hubo mayor corrupción o más involucrados —tanto en la Cámara como en el Senado— en hechos de corrupción en Chile. Podría ser una forma, pero habría que hacer una estadística más fina, de si se sacó un mayor número de leyes, menos leyes, si hay más debate, menos debate.

—Y a nivel más personal, respecto al trato y relaciones ¿Hay más egos?

Hoy todo se nota: los egos, la sinvergüenzura, la corrupción, la irresponsabilidad. Porque tenemos una herramienta que antes no estaba: las redes sociales. Tú al segundo sabes cómo votas. Hasta hace 10 años atrás, cuando no estaban las redes, en ninguna ciudad de nuestro país sabíamos cómo había votado tu parlamentario. Hoy día creo que hay mayor comunicación y transparencia de lo que hacemos, pero también provoca que los desaguisados también los sepamos al segundo.

“La crisis de la desconfianza es la peor de las crisis”

—¿Es dañino para la democracia el funcionamiento actual del Congreso? Sobre todo cuando el diálogo es violento, es descalificador…

Claro, yo creo que a todo nivel, no solo en el sistema político o en el Congreso, cuando hay un diálogo que descalifica, normalmente ese diálogo no va a llegar a ningún puerto. Necesitamos diálogo y reflexión, como dice Maturana en un libro, la revolución reflexiva. Caer en una crítica y una descalificación es sucumbir.

—Los problemas que se dan ahora son precisamente a propósito de que ese diálogo no está funcionando.

Así es. Yo creo que estamos sucumbiendo al descrédito, desconfianza. Reitero, y con mayúsculas: hay una ausencia de la ética en la política que estamos desarrollando. La ausencia de política tiene al país a punto de algún desastre de convivencia. Ya hubo una advertencia en 2019. Las consecuencias después podrían ser peores.

—¿Se podría originar una nueva crisis social?

Lo más probable. Una crisis social de todo orden. Los Estados se mantienen porque hay confianza entre los ciudadanos, porque hay confianza en instituciones estables. Iglesia, Ejército, sistema político, medios de comunicación, organizaciones sociales.

—Recientemente, por ejemplo, la alcaldesa Evelyn Matthei hablaba de que ella creía que si hay algo que podría generar una nueva crisis social hoy, es la crisis de la vivienda. ¿Cuál cree usted que es el tema más relevante que podría llegar a generar una nueva crisis social?

En términos materiales, está la crisis de la vivienda, que es una olla a presión. Está la crisis climática en las regiones. Una zona como Calama, Antofagasta, Tocopilla, con altos índices de cáncer, donde todos los días está muriendo gente producto de la industria minera y de arsénico. Y así, pregúntale a cada región. En términos materiales hay muchas cuestiones que pueden provocar una crisis social, pero yo creo que la crisis de la desconfianza, de la falta de principios, valores, ética, es la peor de las crisis. Esa nos lleva a un enfrentamiento, a alejarnos de cualquier convivencia civilizatoria. Es la crisis más intangible.

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