A las 2:54 de la madrugada del viernes 12 de octubre de 1984, la luz de una suite del Grand Hotel de Brighton seguía encendida. Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido, estaba despierta, afinando las últimas frases del discurso que daría horas después ante su partido.
Entonces la bomba estalló, y la “Dama de hierro” estuvo a poco de convertirse en herrumbre (desecho del hierro al oxidarse).
Fue un intento de asesinato perpetrado por el Ejército Republicano Irlandés Provisional (IRA) contra la primera ministra británica y los miembros de su gabinete.
Una habitación, una pared y un reloj
La explosión convirtió en ruinas una sección de los pisos superiores del hotel, en la costa sur de Inglaterra. Los escombros cayeron sobre las habitaciones, el polvo invadió los pasillos y hubo heridos atrapados.
En el edificio dormían ministros, legisladores y dirigentes que habían viajado a la conferencia anual del Partido Conservador.
El golpe venía preparado desde septiembre, según indica Infobae. Un hombre que usaba el nombre falso de Roy Walsh se alojó varios días en el hotel; detrás de esa identidad estaba Patrick Magee, integrante del Ejército Republicano Irlandés (IRA), grupo armado que buscaba terminar con el vínculo de Irlanda del Norte con el Reino Unido.
La bomba quedó oculta tras la pared del baño de la habitación 629, con un temporizador. Magee se fue semanas antes de la detonación. No hubo asalto ni cordón de seguridad que burlar: el artefacto ya esperaba cuando llegaron los huéspedes.
La agencia EFE precisa que la carga era de diez kilos de gelignita, un explosivo gelatinoso usado en minas y canteras.
Ilesa, pero no impune
Llamativamente, Margaret Thatcher no sufrió un rasguño. Tampoco su marido, Denis. Pero cinco personas murieron y 31 resultaron heridas, entre ellas el ministro Norman Tebbit y su esposa, Margaret.
Tras el estallido, el grupo armado emitió un comunicado desafiante hacia la autoridad del Reino Unido: “Hoy no tuvimos suerte, pero recuerde que nosotros solo tenemos que tener suerte una vez. Usted deberá tener suerte siempre”.
Pero la primera ministra no suspendió nada.
Esa misma madrugada se presentó ante una comisaría de Brighton para avisar de que daría su discurso. “Este ataque ha fracasado. Todos los intentos del terrorismo por destruir la democracia fracasarán”, dijo.
El texto original, que según documentos desclasificados atacaba con dureza a laboristas y sindicatos, el “enemigo en casa”, tuvo que ser modificado.
El ministro del Interior, Leon Brittan, afirmó ante el Parlamento que se intentó matar a la mayoría del gabinete, en un golpe “al corazón de la democracia británica”.
El odio, la condena y el perdón imposible
La policía llegó a Magee por el registro del huésped falso. Fue detenido en 1985 y condenado en 1986 a ocho cadenas perpetuas, pero salió libre en junio de 1999 gracias a las disposiciones de liberación anticipada del Acuerdo de Viernes Santo de 1998.
Desde entonces, Magee da charlas por el mundo junto a Jo Berry, hija de uno de los fallecidos, para mostrar que se puede pasar página.
Lord Tebbit, en cambio, declaró en 2014 que no contempla el perdón y confía en que los responsables “irán al infierno”.
Thatcher gobernó hasta noviembre de 1990.
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