Chile es el tercer país con la peor tasa de fecundidad del mundo, solo por debajo de Corea del Sur y Singapur. Según cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas, la Tasa Global de Fecundidad (TGF) es de 0,99 niños por mujer, muy por debajo de los 2,1 esperados para mantener el número de habitantes estables en nuestro país.
Al respecto, en conversación con Radio Bío Bío, el doctor Aníbal Escarella, especialista en fertilidad y director médico de la Clínica de Reproducción Humana de la Universidad de Valparaíso, abordó las proyecciones para Chile si se mantiene la actual tasa de fecundidad.
Según planteó el experto, este panorama puede afectar, entre otras cosas, la fuerza laboral, el financiamiento de las pensiones y la capacidad del sistema de salud para sostener los cuidados de una población que envejece.
Baja natalidad en Chile
—Si se mantiene esta tasa de fecundidad baja, ¿qué va a pasar en los próximos 20 o 30 años?
Estamos viendo una transformación demográfica muy acelerada, probablemente la más rápida de todo el mundo. Chile está en el tercer lugar con la menor tasa de natalidad.
En los últimos 10 años, la cifra de nacidos cayó de 250 mil niños a 150 mil. Eso ya está generando cambios en todos los ámbitos: las matrículas de jardines infantiles, colegios y así va a ser después en las universidades, en quienes pueden enrolarse en las Fuerzas Armadas y Carabineros, en la masa laboral y en los pensionados. Va a ser una cadena de eventos sumamente estrepitosa y rápida.
En los próximos 30 o 40 años, este país va a cambiar mucho. El 30% de nuestra población va a estar sobre los 60 años y eso va a generar desafíos.
Este es el desafío más importante de nuestra generación, junto con la inteligencia artificial.
Cada uno de nosotros, en su propio rol, en su propio lugar, va a haber afectado su cotidianidad y eso yo creo que debiese ser un llamado a la acción, un llamado a la movilización y tomarse muy en serio esta situación.
—¿Por qué la política pública no aborda este problema?
Viendo el vaso medio lleno, creo que la opinión pública está cada vez más interiorizada, gracias al trabajo de los medios de difusión. Yo señalo con habitualidad que este debería ser el titular de todos los diarios, de todas las semanas y de todos los noticieros, porque es una situación crítica.
Nuestro sistema político, con períodos de cuatro años y gobiernos cortos, nos saca de la mirada a largo plazo. Basta ver cuánto costó la reforma de pensiones.
Por eso, hago un llamado a los tomadores de decisiones. Este es un tema urgente. Según información de Hacienda, desde el año 2042 ya no va a haber mujeres suficientes para revertir la tasa de natalidad.
Políticas que podrían revertir la tendencia
—¿Es posible recuperar las tasas de natalidad?
La natalidad va muy vinculada con los derechos de las mujeres a desarrollarse. No creo que lleguemos a tasas de seis o siete hijos, como tenían nuestras abuelitas, ni que nadie lo quiera. Pero sí debiésemos alcanzar el umbral óptimo que las personas quieren tener.
En una encuesta a 2.000 mujeres, tenían en promedio 1,6 hijos y querían tener en torno a 2,5.
Y nuestro trabajo como sociedad debiera ser entonces aproximar esos dos números. O sea, que las mujeres realmente y las familias y los hombres tengamos el número de hijos que alguna vez nos pensamos tener y nos planificamos tener y que por diversas razones no pudimos. Algunas razones son económicas, otras son sociales y otras cosas son médicas.
Entonces yo creo que hay que trabajar en forma colectiva en todos estos puntos para que efectivamente podamos acortar esa brecha y no entregarle a las mujeres la responsabilidad injusta de tener que embarazar cuando no lo quieran.
Nadie quiere llegar a eso, pero sí tratar de acercar esa brecha entre los que tenemos y los que queremos al mínimo posible, de tal manera de poder revertir esta tasa decreciente de natalidad y acercarnos a la tasa de recambio poblacional, que es 2,1.
Francia, Hungría y los países escandinavos invierten cerca del 3,4% del PIB (Producto Interno Bruto) en políticas pronatalidad. Según los datos que tengo, en Chile invertimos entre 0,1 y 0,2%.
No es un gasto, es una inversión. Si no hay personas suficientes, no habrá contribuyentes, impuestos ni seguridad nacional.
—¿Qué políticas han demostrado ser útiles?
A temas complejos no hay soluciones sencillas. Hay que avanzar en varios flancos, desde las medidas más costo efectivas a las menos efectivas.
Primero, educar sobre el impacto de posponer la fertilidad. Hoy sabemos que las mujeres están sumamente desinformadas; los hombres también.
Y creemos que se tiene que hacer una política pública seria sobre la educación sexual de las personas y cómo el retrasar la fertilidad va a afectar a las posibilidades de embarazar de hombres y de mujeres.
Una mujer de 35 años tiene el 50% de la fertilidad de una de 25, y eso lo conoce solo un tercio de las mujeres, incluso menos.
Luego, está el desarrollo de las técnicas de medicina reproductiva, por ejemplo, criopreservar ovocitos. Francia, Alemania, Escandinavia e Italia invierten fuertemente para que las mujeres puedan conciliar la maternidad con su desarrollo profesional.
La más efectiva es ayudar a las mujeres que quieren embarazarse y no pueden por razones geográficas o económicas. Podríamos tener 10.000, 20.000 o 30.000 niños que hoy no existen y que con técnicas de reproducción asistida podríamos tener.