Tiene una corona, una espada, uniforme militar, moneda propia y hasta una especie de ejército privado. Sin embargo, lo más llamativo de Jonas Lauwiner, un suizo de 32 años que se autoproclamó rey de su país, es que consiguió construir su particular “imperio” aprovechando una antigua disposición legal que le permitió apropiarse de terrenos sin dueño.
Su historia parece sacada de una película, pero lleva más de una década acumulando propiedades. Actualmente, el hombre que se hace llamar Jonas I asegura controlar 149 parcelas repartidas por Suiza, que suman cerca de 117.000 metros cuadrados.
Lo sorprendente es que consiguió buena parte de esos terrenos sin comprarlos. En lugar de desembolsar grandes cantidades de dinero, utilizó un mecanismo legal que tiene sus antecedentes en el derecho romano.
Según contó a BBC Mundo, su aventura comenzó con un regalo familiar y terminó convirtiéndolo en un personaje tan extravagante como polémico.
De recibir un terreno de regalo a convertirse en rey
Todo comenzó en 2014, cuando su padre le regaló una pequeña parcela agrícola por su cumpleaños número 20.
La propiedad no tenía grandes construcciones ni un valor estratégico especial. Sin embargo, despertó en Lauwiner una inesperada fascinación por la propiedad de la tierra.
Cuando intentó ampliar sus dominios, descubrió que el terreno contiguo aparentemente no tenía propietario. Fue entonces cuando comenzó a investigar cómo podía adquirirlo.
“Es una ley de hace más de 2.000 años. Si encuentras un terreno que no pertenece a nadie, puedes reclamarlo. Ya estaba recogido en el derecho romano. Lo ves, lo reclamas y pasa a ser tuyo. Es muy interesante”, explicó.
Desde entonces, comenzó a revisar registros de propiedad para identificar parcelas sin dueño.
El procedimiento consiste en localizar estos terrenos, presentar una solicitud ante el municipio correspondiente y pagar los gastos administrativos necesarios para inscribirlos.
Así fue sumando propiedades que incluían terrenos agrícolas, espacios estratégicos e incluso calles.
Su entusiasmo llegó a tal punto que comenzó a compararse con un famoso conquistador.
“Me sentía como Napoleón, porque obtuve todos esos territorios y terrenos, y no eran pequeñas parcelas”, recordó.
La comparación terminó inspirando su siguiente paso: si estaba conquistando territorios, ¿por qué no convertirse en rey?
En 2019 organizó una coronación simbólica en la iglesia de Nydegg, en Berna, y adoptó el nombre de Jonas I.
Aunque Suiza no reconoce ninguna monarquía, Lauwiner comenzó a presentarse públicamente con su título real.
La polémica por una calle que terminó en una subasta
Lo que inicialmente parecía una excentricidad comenzó a preocupar a las autoridades cuando el autoproclamado monarca adquirió terrenos utilizados por otras personas.
Uno de los episodios más controvertidos ocurrió en Geuensee, donde se convirtió en propietario de la calle Rosenweg.
Según informó el periódico suizo Luzerner Zeitung, Lauwiner planteó tres alternativas para que los vecinos recuperaran la vía: cambiarle el nombre en su honor, intercambiarla por otro terreno o conseguir que el municipio la comprara.
La situación escaló cuando Janine Wapf, jefa del departamento de Construcción e Infraestructuras, aseguró que el autoproclamado rey llegó a exigir entre 80.000 y 150.000 francos suizos por la calle, es decir, entre 90 y 176 millones de pesos chilenos, aproximadamente.
“Nos ha tomado el pelo”, declaró la funcionaria al periódico.
Finalmente, en marzo de 2026, Lauwiner anunció que subastaría la propiedad y destinaría los beneficios netos a una organización dedicada al cáncer infantil.
Un residente terminó adquiriéndola por 8.500 francos suizos, equivalentes a poco más de 10 millones de pesos chilenos.
Pese a las críticas, Jonas I asegura que nunca ha pretendido perjudicar a sus vecinos.
“No intento quitarle nada a nadie. No robo tierras ni tampoco cobro peajes por utilizar las calles. La gente utiliza mis calles gratis”, afirmó.
¿Es legal lo que hace el autoproclamado rey en Suiza?
Aunque parezca insólito, el mecanismo utilizado por Lauwiner puede ajustarse a la legislación suiza.
Peter Hänni, profesor emérito de Derecho de la Universidad de Friburgo, explicó a BBC Mundo que el Código Civil establece que los bienes sin dueño quedan bajo la soberanía del cantón donde se encuentran.
Sin embargo, cada cantón puede regular cómo se adquieren estas propiedades, y algunos no han establecido disposiciones específicas.
Esa falta de regulación habría facilitado las adquisiciones de Lauwiner.
El especialista advirtió que las autoridades podrían modificar las normas para impedir nuevos casos, aunque resultaría complicado revertir operaciones que cumplieron con la legislación vigente.
Un rey con moneda propia y aspiraciones políticas
Nacido en 1994, de padre suizo y madre marroquí, Lauwiner ha construido toda una identidad alrededor de su particular monarquía.
Además de utilizar uniformes militares y exhibir una corona, creó una moneda simbólica llamada Empire Vellar y estableció órdenes honoríficas, según se ve aprecia en su web oficial.
También asegura contar con seguidores organizados en una especie de legión de seguridad privada.
Pero sus ambiciones no terminan en las ceremonias.
Actualmente participa en la política local y espera llegar algún día al Parlamento nacional o incluso al Consejo Federal de Suiza.
Mientras tanto, pretende desarrollar sus propiedades para obtener ingresos y formar una familia.
Y aunque reconoce que su corona no le entrega ninguna autoridad oficial, parece satisfecho con el título que él mismo inventó.
“Es un título simbólico que ahora existe porque yo lo creé, pero, por supuesto, sin poder político”, reconoció.
Por ahora, Suiza sigue siendo una república sin monarca. Pero Jonas I ya tiene su corona, sus territorios y una historia que pocos reyes modernos podrían contar.