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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

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Melania Trump convirtió su vestuario en uno de los grandes protagonistas de la cena de Estado que Donald Trump ofreció este jueves en la Casa Blanca en honor al presidente de China, Xi Jinping.

Mientras el mandatario estadounidense siguió el protocolo con un clásico esmoquin, la primera dama sorprendió al dejar de lado una de las prendas prácticamente inseparables de este tipo de ceremonias: el vestido de gala.

Para recibir a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, Melania apareció con pantalones negros de brocado de Dolce & Gabbana, acompañados por una faja de seda de la misma firma.

Completó el conjunto con una blusa blanca de popelina de algodón de Saint Laurent, cuyo enorme rosetón en el cuello se convirtió en uno de los elementos más llamativos del atuendo, además de unos altos zapatos negros de Christian Louboutin, consignó Infobae.

La elección rápidamente puso el foco sobre la primera dama y marcó una diferencia evidente con el vestuario de los otros protagonistas de la cita diplomática.

Melania Trump
EFE

Melania Trump rompió con el clásico vestido de gala

La esposa de Donald Trump optó por una propuesta de inspiración sartorial, construida principalmente sobre el contraste entre el blanco y el negro.

Sin embargo, fueron los pantalones los que rompieron con la imagen tradicional de una primera dama en una cena de Estado.

No se trata de una decisión completamente inédita en su guardarropa. Melania ya había desafiado anteriormente la tradición del vestido largo en celebraciones de etiqueta.

En 2025 acudió a una cena de la Asociación Nacional de Gobernadores con un esmoquin femenino, mientras que al año siguiente escogió unos pantalones plateados brillantes para la misma celebración.

La cena en honor a Xi Jinping marcó, por lo tanto, al menos la tercera ocasión en que la primera dama estadounidense recurrió a los pantalones para un evento de estas características.

Su elección también mantuvo una constante que ha marcado su paso por la Casa Blanca. A diferencia de otras primeras damas estadounidenses, que han privilegiado diseñadores nacionales en ceremonias oficiales, Melania suele incorporar grandes casas europeas e internacionales en sus apariciones públicas.

El contraste con la primera dama china

Frente a la apuesta moderna de Melania Trump, Peng Liyuan se inclinó por una imagen mucho más ligada a la tradición. La primera dama china, de 63 años, llegó con un vestido largo rojo oscuro, de manga larga y cuello mandarín.

Peng completó su vestuario con un collar doble de perlas blancas, zapatos en un tono similar al vestido y un bolso negro.

Su marido también recurrió a elementos tradicionales. Xi Jinping vistió un traje negro estilo Mao, también conocido como traje Zhongshan, mientras Donald Trump eligió el clásico esmoquin occidental.

La diferencia entre ambas primeras damas resultó especialmente llamativa porque, apenas unas horas antes, habían mostrado una imagen mucho más coordinada.

Durante una visita al Museo Nacional de Arte Asiático Smithsonian, Peng llevó un vestido azul marino inspirado en el qipao, mientras Melania utilizó un traje de falda de tweed color carbón con una chaqueta cruzada de cuello alto.

Por la noche, sin embargo, cada una siguió un camino completamente distinto.

Peng, quien antes de convertirse en primera dama alcanzó fama como cantante en China, mantuvo una estética vinculada a elementos tradicionales de su país. Su estilo incluso le valió un lugar entre las mujeres mejor vestidas internacionalmente de Vanity Fair en 2013. Melania, en cambio, apostó nuevamente por romper los códigos habituales de la vestimenta institucional.