Hasta hace unos meses, parecía que ocho de cada diez desastres naturales preferían Chile para aparecer; hoy ya están los diez. Hemos sumado tornados y huracanes extra tropicales a nuestra geografía, y una vez más, la respuesta del Estado ha llegado tarde o se ha aplicado de manera profundamente desigual.

Hace unos días, la ciudad de Lota se hundió literalmente en sus propias aguas servidas debido a una tormenta repentina. Nadie puede evitar un fenómeno climático extremo, pero sí es posible anticiparse, preparar las ciudades y, sobre todo, reaccionar con presteza.

Lamentablemente, Lota —lejos de los muros de La Moneda— aún espera una declaración de zona de catástrofe, tras una enconada lucha de su alcalde para conseguir al menos la declaratoria de emergencia sanitaria.

En el norte, un terrible aluvión que costó vidas esperó seis días para la declaratoria de zona de catástrofe. En cambio, en el lamentable aluvión sufrido en los sectores altos del oriente de Santiago, en pocas horas -menos de 6- ya estaba declarada como tal, con personal de Carabineros cruzando a la gente en andas para que no se embarraran, mientras un grupo reclamaba por no poder pasar a esquiar.

Antes de ayer, Estación Central sufrió un tornado y Santiago Centro soportó nevadas e inundaciones; sin embargo, no vimos la misma reacción.

No nos confundamos, somos chilenos, somos resilientes por naturaleza, un joven de 16 años ya sabe lo que es que el mar se trague parte de su país, uno de 7 años sabe qué hacer ante un incendio forestal que se come poblaciones completas, uno de 5 años sabe que el cambio climático existe, nuestros abuelos tienen claro que los veranos están, cada año, más calurosos y los inviernos mas cambiantes.

El problema es la desigualdad con que el Gobierno reacciona a cada emergencia. No podemos validar un modelo que cree que existen ciudadanos de segunda clase, donde unos pocos amigos del presidente y sus ministros pueden acceder a toda la ayuda del Estado en pocas horas, y otros son condenados a hundirse en sus propias heces.

No podemos seguir los dichos esclavizantes de la ultraderecha internacional negacionista que quiere instaurar que el calentamiento global es un invento. El Gobierno debe creer en hechos científicos como el cambio climático y debe preparar las acciones necesarias para prevenir los riesgos y desastres; pero de forma igualitaria para todo el país, no solo para algunos.

Hablemos en serio, la excusa no puede ser que se actúa mas lento en otras partes del país por problemas de conexión, estamos en pleno siglo XXI. Si bien no vivimos en un capítulo de Los Supersónicos, hace rato que Chile tiene acceso a la tecnología satelital para las comunicaciones. E incluso los ministros y el presidente, basta con que prendan la televisión tipo 11 de la mañana, para ver cómo se encuentran las regiones más allá de los patios de sus amigos.

Hace muchos años, un señor de raza negra dijo que existen dos clases de esclavos, aquellos que viven en la casa que sirven y aman a su esclavista, y los de campo, que lo odian y solo piensan en ser libres. Nuestro presidente es de los primeros, parece que olvidó que Chile, hace ya un par de siglos, que dejó de ser colonia.

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En suma, debemos tener respuesta igualitaria para los distintos desastres que ocurren en nuestro país. Chile es uno solo, tanto en territorio como en la dignidad y derechos de su gente, así lo dice la Constitución de la República que usted juró proteger, y no seguir ideas impuestas desde más allá del río Bravo.

Presidente, ¡por la cresta!, deje de caminar de rodillas y de tener moral de esclavos, reaccione y sea el representante de un país resiliente que sabe ponerse de pie una y mil veces entre todos, con ayuda igualitaria del Estado. Disculpe el lector el exabrupto, pero a mis años ya no tengo tiempo ni ganas de tolerar estulticias.