El jueves 8 de octubre, una micro bajó por General Blanche arrastrada por un río de barro con pasajeros en el techo. Alrededor flotaban autos. Fue en San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, comuna que terminó catalogada como zona de catástrofe con seis heridos, entre ellos un niño de un año.
Cuando el agua se apozó dentro de las casas, aparecieron las explicaciones técnicas. Una quebrada activada, un canal subterráneo obstruido, laderas peladas por el incendio del verano y lluvia donde debía caer nieve. Pese a lo intempestivo del evento, para los entendidos no era una sorpresa. Era el segundo desborde de la Quebrada Honda en ocho meses y en junio académicos de la Universidad Católica habían advertido que, con la cuenca quemada y El Niño, un aluvión era inminente.
Pablo Allard, decano de Arquitectura de la UDD, fue un paso más allá y dijo que el incendio, la lluvia de febrero y la de octubre “claramente no son normales” y tienen que ver con el cambio climático. Hasta el propio Gobierno lo reconoce. Al día siguiente del suceso, el subsecretario de Desarrollo Regional, Sebastián Figueroa, dijo que “la condición climática de nuestro país ha cambiado”.
Tenemos incendios más extremos, lluvias más concentradas e infraestructura diseñada para un clima que ya no existe. Y frente a eso, la conversación en Chile siempre termina en el mismo lugar; más colectores, más mallas, barreras y ahora también radares. Todas medidas de adaptación necesarias, pero que no meten las manos en el barro.
La otra mitad de la respuesta, la que ataca la causa, se llama mitigación. Reducir emisiones. Y justo esa mitad es la que el Gobierno propone desarmar en el proyecto de ley de Presupuestos 2027 que hoy se discute en el Congreso.
No hay plata
Los números son de la Dirección de Presupuestos. Para 2027 el Ministerio de Energía cae 11,8%; el apoyo al desarrollo de energías renovables no convencionales se recorta a la mitad; la Agencia de Eficiencia Energética pierde 30%; y en Medio Ambiente, el programa que financia el recambio de estufas a leña en el sur baja 47%.
Por otro lado, la transferencia a ENAP para compensar el precio del gas en Magallanes, incluso con un recorte de 15%, sigue siendo la partida más grande del Ministerio de Energía con $61.650 millones, cerca de la mitad de todo el presupuesto de la cartera.
Con esto, el Estado chileno gastaría el próximo año varias veces más en subsidiar un combustible fósil que en toda su política para dejar de depender de ellos. Y por supuesto, nadie espera que se deje a Magallanes sin calefacción, considerando la razón social de esta política, pero con el potencial renovable del extremo sur de nuestro país es razonable pensar que existen soluciones más ambiciosas. A fin de cuentas, un presupuesto es la declaración de principios más honesta de un gobierno.
En su primera Cuenta Pública, el presidente José Antonio Kast no mencionó el cambio climático. Por esos días, su ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, consultada sobre si el ser humano causa el calentamiento global, evitó afirmarlo directamente y habló de que “hay divergencia”.
Al día siguiente del aluvión, la misma ministra anunció que oficiará a gobiernos regionales y municipios para que informen cuánto han avanzado en sus planes de acción climática. Lo que no dijo es que el proyecto que su gobierno envió al Congreso recorta 57% la línea con que su ministerio financia el trabajo de cambio climático y de la NDC, los compromisos climáticos internacionales de Chile.
No es solo clima, es crecimiento
Se escuchará el argumento de siempre, que Chile emite una fracción mínima de los gases del planeta y que, por lo tanto, da lo mismo lo que hagamos. Es un argumento cómodo y equivocado. La mitigación no es simple caridad climática. Es política industrial y, sobre todo, seguridad energética.
La OCDE proyectó en junio que Chile crecerá apenas 1,7% y puso como primera razón el alza de los costos energéticos. El petróleo se disparó por el conflicto en Medio Oriente y ese golpe llegó rápido al bolsillo. En simple, cada guerra nos subirá la cuenta porque seguimos dependiendo de combustibles que no producimos. Por el contrario, cada panel solar y cada punto de eficiencia es menos dependencia. Más posibilidades de desarrollo y crecimiento.
En menos de un mes, Chile llega a la COP31, en Antalya, a presentar una NDC que tiene fama de ambiciosa y una Ley Marco de Cambio Climático que nos compromete con la carbono neutralidad al 2050. En esa instancia, tendremos que dar cuenta de nuestros avances que, si bien incluyen importantes logros, aún dan cuenta de brechas estructurales que se evidencian en el propio diseño del Ejecutivo.
El Congreso tiene hasta fines de noviembre para despachar el presupuesto, pero la Constitución solo les permite a los parlamentarios reducir gastos, nunca aumentarlos. Así, la única manera de reponer estos recursos destinados a mitigar el cambio climático, es que La Moneda cambie de opinión.
Las Condes se va a limpiar, pero el contexto que generó el desastre sigue ahí. Espero estar equivocado, pero es de esperarse que esta misma crisis climática sea la que aumente las posibilidades incendios durante el verano y nuevas inundaciones durante el próximo invierno en diversas zonas del país.
Por ahora, seguimos paleando barro.
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