Hay instantes en la vida de un país en que la política tiene la oportunidad, y también la responsabilidad, de demostrar para qué sirve. La discusión de la Ley de Presupuestos 2027 es uno de esos momentos.
No estamos hablando solamente de cifras, partidas o reasignaciones, sino de las prioridades que como país queremos establecer para el próximo año. De los recursos que llegarán a las regiones, del trabajo, la seguridad de nuestras familias, de la salud, la educación, la vivienda y de tantas necesidades concretas que existen a lo largo de Chile.
Por eso, esta discusión no puede transformarse simplemente en una disputa entre posiciones políticas. Tampoco puede reducirse a quién gana o quién pierde una votación. El desafío es mucho más grande: que gane Chile.
Hace algunos meses, al asumir la Presidencia del Senado, señalé que había llegado el momento de dejar atrás una forma de entender la política como una trinchera ideológica y volver a debatir ideas con convicción, con respeto y con altura de miras, recuperando la capacidad de diálogo y la construcción de acuerdos.
También dije que necesitamos reencontrarnos en lo esencial y demostrar que la política, cuando se ejerce con responsabilidad, sigue siendo una herramienta noble al servicio del bien común.
Hoy tenemos una oportunidad concreta de hacerlo. La Ley de Presupuestos obliga a conversar, a mirar más allá de nuestras propias posiciones y a preguntarnos qué es aquello que podemos construir juntos.
Eso significa que el Gobierno debe estar disponible para escuchar y mejorar sus propuestas. Significa que la oposición debe ejercer con responsabilidad su rol fiscalizador y plantear alternativas viables. Y significa que quienes tenemos la responsabilidad de conducir el Senado debemos generar las condiciones para que ese diálogo ocurra.
No se trata de llegar a acuerdos a cualquier precio. Hay principios que cada sector debe defender y diferencias que forman parte natural de una democracia. Pero una cosa es defender nuestras convicciones y otra muy distinta es convertirlas en paredes que impidan cualquier entendimiento.
La política de los acuerdos no consiste en pensar todos lo mismo. Consiste en ser capaces de encontrar aquello que podemos hacer juntos, incluso cuando no pensamos lo mismo. Eso es, en definitiva, pasar del yo al nosotros.
Ya lo hemos visto en otras materias. Cuando existe voluntad de escuchar, cuando las partes transparentan sus límites y cuando se entiende que nadie tiene toda la verdad, es posible acercar posiciones y alcanzar acuerdos más amplios. Así ocurrió recientemente en distintas conversaciones impulsadas desde esta Corporación, donde diferentes sectores políticos se sentaron a la misma mesa para buscar soluciones.
Ese es el camino que debemos seguir.
El Presupuesto 2027 debe ser responsable con las cuentas públicas, pero también comprometido con las necesidades de las personas, con foco en trabajo y seguridad. Debe ser capaz de evaluar, priorizar y corregir donde sea necesario. Debe mirar las urgencias nacionales, pero también escuchar lo que están planteando las regiones y los territorios.
Y para conseguirlo necesitamos menos trincheras y más conversación. Menos consignas y más argumentos. Menos personalismos y más instituciones. Porque detrás de cada partida presupuestaria hay una persona. Detrás de cada decisión hay una familia, un trabajador, un estudiante o un adulto mayor esperando que los recursos públicos se utilicen de la mejor manera posible.
Como Presidenta del Senado, mi compromiso es que esta Corporación sea un espacio donde las diferencias puedan expresarse con fuerza, pero también donde exista la capacidad de encontrarnos cuando ello sea posible. Ese es el verdadero sentido de pasar del yo al nosotros.
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