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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Tras 20 años en televisión, Jean Philippe Cretton se alejó de los reflectores y lanzó proyectos propios, entre ellos el podcast Caja Gris y su música. En entrevista con BioBioChile, habló de la farándula, del proceso judicial por el acoso que denunció y de su momento vital, y aclaró que podría volver a la televisión si surge un proyecto con sentido para él.

Tras 20 años en televisión, el periodista y músico Jean Philippe Cretton inició una nueva etapa con proyectos propios lejos de la pantalla chica. Uno de ellos es Caja Gris, un podcast de conversación que ya tuvo a Evelyn Matthei como primera invitada.

En entrevista con BioBioChile, el comunicador explicó por qué dejó atrás los reflectores y explicó cómo ve el formato televisivo, lanzando una sutil crítica a la farándula chilena.

También habló sobre el proceso judicial por el acoso que recibe hace un largo tiempo, y que denunció en redes sociales hace algunas semanas, y del momento vital que atraviesa con sus propios proyectos comunicacionales y musicales.

El proyecto propio de Jean Philippe Cretton tras 20 años en televisión

—¿En qué momento sentiste que necesitabas abrir una nueva etapa con proyectos propios?

Era una idea que venía rondando en mi cabeza hace años, pero estaba esperando el momento preciso para salir con un buen colchón que no fuera tan riesgoso. Encontré ese espacio y me aventuré.

Tenía muchas ganas de desarrollar la música y, gracias al tiempo que he logrado ganar, he podido hacer cosas importantes, como la canción Misil con Claudio Valenzuela, de Lucibel, que salió hace poco. En tres semanas más sale otra, Talismán con Álvaro López y Los Bunkers, cosas que no había podido hacer antes con el ritmo que tenía.

En términos comunicacionales, participé en cinco podcast antes de decir que quería aventurarme con uno mío, en el formato que más alegría me ha dado profesionalmente, que es la conversación.

Armé Caja Gris y me gusta que sea independiente: soy yo mismo tomando el teléfono, consiguiendo los invitados, llamando a las cafeterías para ver si me dan un rinconcito para conversar. Es muy parecido a lo que he hecho siempre en la música: todo autogestionado, independiente y eso me gusta.

—¿Sentías que te faltaba algo después de tanto tiempo en televisión?

Inevitablemente, cuando uno realiza un trabajo por demasiado tiempo, en mi caso 20 años, empieza a entrar en una zona de confort.

A mí me resulta inquietante, porque me va apostillando la creatividad, el desafío, la meta. Cuando siento que estoy entrando en una zona de confort, trato de moverme de ahí. Por eso quería comenzar esta línea de proyectos, y este es el primero porque tengo otros en mente.

Una conversación sin apuro

—¿Qué te interesa descubrir de tus entrevistados que normalmente queda fuera de las entrevistas tradicionales?

Mi forma de entrevistar no es periodística. Lo he dicho siempre. No soy un gran buscador de cuñas y de titulares, no me resulta fácil. Lo que hago es lo que yo denomino entrevista psicológica: me interesa entender cómo piensan las personas con las que converso. No es una entrevista biográfica de saber dónde nacieron y qué estudiaron.

De ahí viene el concepto de Caja Gris, una mezcla entre la caja negra, que tiene la información, y la materia gris, donde está alojada la inteligencia.

—Es distinto a la televisión, entonces.

Sí, totalmente. Es una conversación que no tiene tiempo, ni apuro, ni presión. También tengo una especie de batalla personal: siento que el tipo de conversación en los medios está demasiado agresiva, demasiado violenta. Quiero reivindicar la vieja conversación, la que se plantea desde intentar llegar a acuerdos o aprender de la visión del otro, y no desde la idea de que lo que uno piensa es la única verdad.

En televisión yo intentaba adecuarme al programa que se me ofrecía y plasmar mi personalidad ahí. Cuando uno comienza un proyecto propio, en cambio, adapta el programa a su personalidad. Caja Gris tiene mucho de cómo soy yo.

—¿Quiénes vienen como invitados?

El próximo martes viene Felipe Izquierdo, luego el profesor José Maza y luego Mónica Rincón. Son personas que por alguna razón me resultan interesantes. En televisión te asignan los invitados; en este caso los escojo yo, y eso tiene otra impronta.

—¿Qué buscabas en la conversación con Evelyn Matthei?

No quería plantear los pormenores políticos del último tiempo, porque hay colegas míos que lo hacen infinitamente mejor que yo. Me interesaba preguntarme cómo piensa y qué siente Evelyn Matthei. Tratemos de entenderla más que enjuiciarla o justificarla, que es como se plantean hoy las cosas en la tele o en las redes sociales. Pareciera que no existe el interés genuino de entender qué piensa el otro, sino que se lo bloquea de inmediato porque es distinto.

La televisión y la crítica a la farándula de Jean Philippe Cretton

—¿Te costó imaginarte fuera de la televisión?

Fue algo ambivalente. No quiero plasmar la idea de que me retiré para siempre, porque ni siquiera lo siento así.

Eventualmente podría volver si existiera un proyecto que me hiciera mucho sentido y en el que yo pueda aportar algo y que ese algo me aporte a mí. No quiero volver por volver, ni porque haya que juntar una luca.

La televisión llegó a mí de manera sorpresiva, porque nunca la busqué de partida, no era una meta de mi vida.

Establecimos una relación de 20 años, y fue como una pareja sana: no tengo una toxicidad con la televisión, no siento que mi vida dependa de la televisión y no siento que la televisión tampoco dependa de lo que yo hago ahí adentro, nada.

Entonces, sí me imaginé muchas veces fuera y incluso muchas veces lo busqué. Así que este escenario actual en ningún caso me pilla por sorpresa.

—¿Qué extrañas de ese mundo?

Curiosamente, no extraño mucho. Soy un tipo muy solitario y mi trabajo musical, de composición, mezcla y producción, lo hago solo. En Caja Gris somos tres personas, así que a veces extraño esa cuestión grandota de mucha gente tirando ideas.

Pero decir que extraño mucho sería romantizar algo que no siento. No es que tenga una bronca con lo pasado, todo lo contrario, lo agradezco mucho. Lo que fue, fue; me interesa más lo que viene.

—¿Te disgusta el auge de la farándula en la televisión?

Soy una persona muy poco copuchenta. No me interesa saber si alguien se acostó con alguien, si le debe plata o si viajó, son cosas que me resultan total y absolutamente indiferentes.

Por eso me cuesta entender el formato, aunque me parece bien que exista y que se haga. Lo que no me gusta es que se monopoliza: pareciera que la farándula se apropia de todos los espacios de la televisión, como la música urbana se apropia de todos los espacios musicales.

Y eso es lo que yo digo, bien que exista, que ojalá se haga bien, porque también hay varios que mienten o tiran información falsa o al menos exagerada. Entonces, que se haga bien, pero que también haya otros espacios como antes, con programas de viaje o concursos.

Siento que todo se ampara con la farándula de alguna manera. Hasta los programas de talento también tienen farándula metida dentro. Entonces, eso es lo que no me gusta, el monopolio.

—Si estuvieras a cargo de decidir qué se muestra, ¿qué harías?

Como ejecutivo sería horrible, porque mis ideas son muy poco masivas. Pero creo que la televisión tiene que entenderse como un agente de movilidad de ideas en la sociedad. Si la ves solo desde un plano Excel, con ingenieros que quieren hacer un programa porque da más plata, se pierde la brújula. No se piensa en que ese programa lo pueden estar viendo niños que no deberían escuchar garabatos en la mañana. Con un buen reportaje podrías generar un cambio incluso a nivel político.

Hay un interés excesivo por la plata y la utilidad, no solo en la televisión, sino en la sociedad, y se olvidaron las emociones. Hay que rescatarlas, porque en un mundo donde empiezan a ingresar mucho las máquinas, la única manera que tenemos los seres humanos de encontrarnos es a través de las emociones.

Acoso en redes sociales y el impacto en su hija

—Expusiste en redes sociales que has sido acosado. ¿Cambió tu forma de entender la privacidad con tu hija?

Más que desde que me convertí en papá, desde que mi hija es preadolescente. Con la mamá fuimos muy cuidadosos con su primera infancia.

Recién mostré una foto de ella a los 5 o 6 años. Mi hija tiene 12 y ya está grande para decidir cuándo quiere salir en algo y cuándo no, y me parece absolutamente válido. A una persona de 12 años le puede llegar un comentario de los desubicados. Voy a cuidar a mi hija, por supuesto.

—¿Quieres llegar hasta las últimas consecuencias para saber quién te acosa?

Lamentablemente, el proceso judicial es lento, pero cuando comencé esta lucha sabía que iba a serlo. Claro que quiero saber quién es.

No quiero que alguien que le hizo mal a mi familia siga caminando como si nada; quiero que pague lo que hizo, porque lo hizo con mala intención.

Salvo, y aquí es cuando yo pongo el punto, que se descubra que esta persona tenga, por ejemplo, una esquizofrenia. Si es así, bueno, borrón y cuenta nueva, se entiende que su mente se fue de esa dimensión y está en otro lado.

Pero si es una persona que sencillamente lo hace con mala intención, creo que va a pagar.

—¿Cómo está tu salud mental?

Muy bien, gracias a Dios. Hace ya bastante tiempo, muy bien. Me siento tranquilo, me siento relajado, me siento muy agradecido también. Así que bien, super bien.

—¿En qué momento de tu vida sientes que estás hoy?

Carl Gustav Jung, un psiquiatra que adoro, habla de que el ser humano comienza a vivir realmente en la medianía de edad, hacia los 40 años. Siento eso.

Durante la primera etapa, uno hace lo que le dicen o cumple con las expectativas de los demás: el jardín, el colegio, la universidad, la carrera, ojalá la casa. Llega un momento en que el cuerpo te pide acercarte a quien eres, más allá de las máscaras y las estructuras. Me siento rompiendo el cascarón, en un nuevo nacimiento.

—¿Te sientes cómodo en esa etapa?

No, me siento muy incómodo. Claro, porque es incómodo tener que cambiar todas las reglas.

Imagínate, yo estaba acostumbrado a algo. Y de repente yo mismo decido cambiar todas esas reglas. Y cambiar esas reglas, por supuesto, genera incomodidad. Pero tiene el chiste de que, cuando llegue la nueva comodidad después de este proceso, va a ser increíble.

Y entonces esta incomodidad, solo el tránsito va a llegar a otro lugar.

—¿Seguirás enfocado en tus proyectos, sin cerrar la puerta a la televisión?

Me interesa dejarlo en claro, porque ayer, cuando comentaron mi entrevista en programas aledaños a Vértigo, pareciera que estaba instalado lo contrario.

Nunca he dicho eso. Estoy fuera de la tele, pero no para siempre. A lo mejor sí, no tengo idea, pero mi planteamiento no es retirarme y no aceptar ningún trabajo más.