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Guitarronero y cantor a lo divino de Santa Rita, discípulo de Chosto Ulloa y Santos Rubio, lanza disco autobiográfico financiado por el Fondo para el Fomento de la Música Nacional 2026. El álbum, una oda a la oralidad y décimas, se presenta el 16 de octubre en Pirque con entrada liberada. En entrevista, relata la estructura del velorio de angelitos, el arte de encuartetar y su visión sobre el guitarrón. Destaca la importancia de los maestros en la transmisión del arte y revela su teoría sobre el origen del guitarrón.
Juan Domingo Pérez, Tesoro Humano Vivo, presenta a los 71 años “Al trino del guitarrón", su primer disco, en Pirque.
Por Natalia Cid
El guitarronero y cantor a lo divino de Santa Rita, discípulo del Chosto Ulloa y de Santos Rubio -ministro de la comunión y el cantor que le cantó al Papa Juan Pablo II en La Serena-, publica un disco que es una autobiografía en canto, décimas y oralidad.
Financiado por el Fondo para el Fomento de la Música Nacional 2026 y grabado en su tierra natal, el álbum se presentará en vivo el viernes 16 de octubre en el Salón Municipal de Pirque, con entrada liberada.
En estas cuñas que dio a la periodista Marisol García en el proceso de producción de su disco, repasa la estructura del velorio del angelito, el arte de encuartetar y su teoría sobre el origen del guitarrón.
Usted tenía apenas cinco o seis años cuando vivió el velorio de su hermanito angelito. ¿Qué recuerdos guarda de esa experiencia?
Tengo la tristeza de contarles que yo como a los 5 años, más o menos, se me murió uno de mis hermanos, y eso para mí fue muy triste porque imagínense ver el dolor de mi mamá, de mi papá, y más encima dentro de su mismo dolor estar atendiendo a la gente que venía a dar las condolencias. Mi mamá ahí con el dolor preparando la comida pa la noche, mi papá trayendo la leña pa hacer el fuego, para calentarlo, y así. Y después llegaron los cantores, cantaron toda la noche y al otro día seguía la rutina diaria.
O sea para mí fue muy impactante porque nunca había visto yo la muerte de un niño. Y a mi hermanito recuerdo que mi mamá le hizo un altarcito, lo sentaba en una sillita y le pusieron floreritos por los lados, ahí con velitas. Eso sí que no me recuerdo si le pusieron alitas, porque a los angelitos antes se les ponían alitas. Y eso también a uno lo marcó. Tenía un año, tenía un año solamente. Yo tenía como entre cinco y seis años.

¿Cómo era la estructura del canto en un velorio de angelito? ¿Qué se cantaba y en qué momentos?
Lo que es un canto de velorio angelito tiene una estructura. Primero que nada, cuando se llega a la casa del angelito, obviamente con los saludos, las condolencias, todo, y parte el cantor ¿cierto? Lo primero que se hace es un saludo al angelito. Y ese saludo, por decirle si llega, no sé po, siete, ocho de la noche, la salutación entra de esa hora hasta las doce de la noche. Se canta puro por salutación, todo, todo, salutación, salutación.
De las doce de la noche a la una de la mañana, obviamente los cantores salen a comer, qué sé yo, a tomarse su vituperio, como se dice en el campo. Se come y ya, por decirle, de las dos de la mañana más o menos, o si parte un poquito antes, se canta por patriarcas. Qué significa eso, o sea José, Moisés, diluvio, creación. Y de las cuatro de la mañana hasta que el angelito lo llevan al cementerio, se canta por despedimiento. El despedimiento ya se empieza como que el angelito a despedir.
Usted ha dicho que el canto a lo divino no es una cosa pasajera, que se lleva en el alma. ¿Qué significa ser cantor a lo divino?
En el canto a lo divino va todo el sentimiento expresado en lo más profundo que Dios nos ha dado, que es la fe. Nosotros tenemos que tener mucho respeto por lo que hacemos porque esto se lleva en el alma, esta cuestión no es una cosa pasajera. Por eso yo siempre he dicho, el cantor es aquel que canta en todas las ocasiones del canto. Lo que más pueda. Y hay otros que cantan nomás. Esos no son cantores. El verdadero cantor es aquel que le canta a Dios, que está comprometido con el canto.
A mí me da mucha, no rabia, me da pena, cuando la gente empieza a tocar el guitarrón como guitarra, no poh. El guitarrón es algo ceremonioso, es algo que va más allá del instrumento. A qué me refiero, que el instrumento es parte del tocador o del cantor. A qué me refiero yo, que cuando uno toca el guitarrón, ¿qué es lo que pasa?, si yo estoy alabando a Dios tiene que ser una sola cosa, un solo pensamiento, una sola mirada. Y de hecho a mí me pasa algo muy curioso, que cuando yo empiezo a tocar el guitarrón, me empiezo a mecer inmediatamente, ¿por qué?, porque eso a mí me transporta.

Usted tuvo maestros fundamentales como el Chosto Ulloa y Santos Rubio. ¿Qué le enseñaron ellos?
En Pirque hubo muchos, muchos cantores y muy buenos. Y una de las cosas que yo he rescatado, y se lo he comunicado a mis alumnos, que la cosa era muy seria. ¿A qué me refiero? el canto bien encuartetado, bien diccionado, bien hechito y bien como corresponde en una rueda de canto, se nota. Bueno y de hecho yo tenía acá al lado uno de los buenos cantores que se llamaba Salvador Cornejo, que la mayoría de sus versos los canto yo. Ellos eran muy celosos del canto, eran muy, muy respetuosos, pero había muchos cantores.
O sea supongamos, el Chosto Ulloa era una persona que no sabía leer ni escribir, pero tenía los principios bien marcados en su corazón. Y, de hecho, una vez un cantor me quiso atropellar a mí, y me dijo: yo te voy a apoyar a ti y te voy a dar una… me dio creo que cuatro versos, pero muy, muy, muy, muy potente, como se dice, para que nadie te ande atropellando. Obviamente después conocí a Santos Rubio. Él me pulió en el guitarrón, todo lo que le aprendí a mi compadre por decirle en un año, Santos en cinco minutos, en cinco minutos me lo enseñó y me lo dio como bien didáctico.
¿Qué importancia tienen los maestros en la transmisión de este arte? ¿Qué les dice usted a sus propios alumnos?
Bueno, mi mensaje es el siguiente, que se hagan asesorar siempre por un maestro, y que ojalá cuando se asesoren y sigan al maestro lo hagan ojalá al cien por ciento. Pero cuando se salgan de la norma que le enseñó el maestro digan esto es mío, esto no me lo enseñó mi maestro. Resulta que, no digo desgraciadamente, sino que a mí me causa mucha curiosidad que hoy día hay muchos niños que están aprendiendo solos a cantar. Y recuerdo un maestro mío, que es Don Arnoldo Madariaga, que a mí me ayudó mucho en esto de la poesía. Decía él “mira, el cantor para que sea un muy buen cantor, tiene que tener una guía, tiene que tener un maestro”. Porque ¿qué es lo que pasa? Cuando uno empieza a enseñar, al alumno le va recomendando lo que tiene que hacer, le va como allanando los caminos. Y eso fue lo que hicieron mis maestros.
Mire, voy a contarle algo yo. Yo he tenido alumnos que a los dos años, a los dos años recién, recién han hecho una nota, una nota en el guitarrón. Y yo nunca, nunca le he cobrado nada a un alumno. Nunca, nunca. Que ellos algún día me quieran dar algo, bien recibido, o un regalito, yo se lo voy a aceptar. Pero yo nunca, nunca le he cobrado a un alumno. Y si tengo que tener paciencia toda la vida de uno, la voy a tener. Es que yo esto como lo amo, para mí que un cabro quiera aprender algo, pucha, es como, no sé, como que si yo estuviera dándole maíz a los pollos, no sé.
Hablemos del guitarrón chileno. Usted tiene una teoría sobre su origen y ha innovado en su construcción. ¿Qué nos puede contar?
Para mí el guitarrón es como el alma o el sentimiento que se refleja en el poeta, o sea, es la unión que uno tiene para poder entregarle el sentimiento en la décima y en la profundidad del canto a Dios. Es la parte, es esa parte donde la música camina con sus voces del guitarrón, camina con la voz del cantor. Y eso, obviamente, a las alturas del cielo. Es lo más profundo de nuestra raíz chilena, porque nació aquí, no le voy a decir que nació aquí en Pirque, pero en alguna parte de Chile nació. Y ¿cuál es mi teoría? la teoría que tengo yo, es de que la vihuela es la madre del guitarrón porque tiene 5 ordenanzas dobles, y yo pienso que el nativo de acá de a poco fue como cultivándolo, fue como creándolo, fue como hallándole el por qué del asunto, porque necesitaba con qué expresar su canto.
Pero para mí es chileno, chileno y más que los porotos. Que se ha conservado aquí en Pirque, que es la cuna del guitarrón, eso es innegable. Y, de hecho, la mayoría de todos los que tocan el guitarrón, han salido de acá. El guitarrón chileno, el auténtico, es el que tiene dos puñales, lleva un espejo, también algunos llevan una cruz. Y eso simboliza también un poco la tradición, la cruz obviamente del canto a lo divino, el espejo de la claridad. De hecho, a mí me han criticado por algunas cosas que yo he hecho en la poesía popular, por mis principios, en el mismo caso del guitarrón poh, por ejemplo, el guitarrón es que tiene puñales y eso significa duelo poh, en la paya, ¿y qué le hago yo?, mis guitarrones tienen olivos porque yo soy católico, apostólico, romano y quiero alabar a Dios.

Usted le cantó al Papa Juan Pablo II en representación de todos los cantores populares de Chile. ¿Cómo recuerda ese momento?
Y, de hecho, por el asunto de ser un cantor a lo Divino, yo he llegado muy lejos, gracias a Dios, en cosas que para mí eran impensadas. Punto uno, la fe es una de las cosas más grandes que yo he recibido. He sido ministro de la comunión y la liturgia. Yo le llevaba la comunión a los enfermos, hacía liturgia. Y eso es una de las cosas que me marcó en la vida. Creo que la más trascendental, como se dice. Y la otra que me marcó, esto mismo, fue cuando vino el Papa Juan Pablo II a Chile. Que yo fui el cantor que le canté en representación de todos los cantores populares de Chile.
Porque ahí se juntó toda la piedad popular, en La Serena. Estaban los bailes chinos, estaban los cuasimodistas, estábamos nosotros y no me acuerdo quién más era. No, eso fue ya… yo creo que me voy a morir y no voy a dimensionar, y hasta pienso que esto no me puede haber pasado a mí. Pues fue algo, pero ya fuera de serie, y de hecho yo creo que me va a marcar hasta los días de vida que me quedan. Y la otra cuando vino el Papa…el Papa Francisco. También tuvimos la previa ahí en la Católica con otro amigo. Quiero también reconocer que la iglesia se abrió a los cantores, porque antes nosotros no teníamos esa, ¿cuánto se llama?, esa posibilidad. Y desde que vino Juan Pablo II, la iglesia se abrió.
Para terminar, ¿qué les diría a las autoridades sobre la importancia de Pirque y del guitarrón?
Por un lado, sería muy bueno que las autoridades le tomaran un poco el peso a esto. Yo he conversado con varia gente de aquí de la Municipalidad y le digo yo ¿ustedes creen que Pirque es conocido porque está en el mapa? Mundialmente Pirque es conocido por el guitarrón. Mire, una vez, o sea varias veces me contrató a mí la Universidad Católica para dar unas charlas del canto a lo humano y a lo divino. Ya poh, y resulta que esa vez estaban todos los decanos de las universidades, los profesores, ya poh, y había mucha gente como adulta. Me acuerdo que llevé el guitarrón, canté un ratito y empecé a explicar lo que es el canto, qué sé yo, y yo decía qué les pasa que estaban como enojados, y de repente se paró un, parece que era como el jefe de la Católica, y me dice así poh “Y ¿cómo es que es que esto no está en las Universidades?” Por la culpa de ustedes, le dije yo. Y el caballero quedó así… (pone cara de impactado) “Pero ¿cómo?” Sí poh, ¿ustedes se han preocupado de esto alguna vez?, le dije yo.
Yo pienso que las cosas en la vida para que lleguen a buen término tienen que ser simples. Uno cuando busca cosas para salir como más virtuoso o más apotestado, como decimos en el campo, no, eso no sirve. La belleza de la vida está en la simpleza. Yo lo único que quiero es cantar y morir en paz y en gracia a Dios. Nada más.
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